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01/10/2018 07:14 CEST | Actualizado 01/10/2018 07:14 CEST

El camelo del nuevo optimismo

Getty Images
Daños causados por el terremoto en Indonesia.

La engañifa del mejor de los mundos posibles.

¿Opti qué?

Se hacen llamar nuevos optimistas, optimistas racionales u optirrealistas. Les trae al pairo las ochocientas muertes en el reciente terremoto de Indonesia, más que nada porque en el pasado moría mucha más gente. ¡Qué gran noticia! Creen que los periodistas solo disfrutan con las crónicas truculentas y nunca publican nada positivo (cuando lo hacen, se les critica por frívolos). En México la violencia está desatada, pero qué más da, las estadísticas globales indican lo contrario. Ya saben aquello de que si uno tiene un pollo y otro no tiene nada, las estadísticas reflejan que ambos tienen medio pollo. Pues bien, para los nuevos optimistas solo podemos discutir del medio pollo que no tenemos. Si hablamos del mundo real (en fechas determinadas y lugares concretos) en lugar de celebrar las cifras, estamos en contra de la ciencia y de los valores de la Ilustración.

Esta forma de desactivar la crítica política me aburre tanto como a ellos les aburre oír la palabra ideología. Aun así, diré un par de cosas más sobre el deprimente optirrealismo.

Volar es muy seguro, así que todo lo demás no importa.

El nuevo optimismo se dedica a salirse por la tangente. Como las vacunas han salvado miles de vidas, por qué íbamos a decir que la austeridad mata. Como volar en avión es muy seguro (algo que solo un imprudente se atrevería a cuestionar), qué necesidad hay de tutelar a las grandes empresas. Todo eso tiene un nombre, según sus "optimiopes" razonamientos: "progresofobia". Nos jode el progreso y hacemos todo lo que está en nuestras manos para decir que es una mera ilusión. A los nuevos optimistas la idea de progreso no les funciona cuando analizan buena parte del siglo XX; no importa, pues una vez más, hablamos de estadísticas y de tendencias generales. Como las mujeres ya no suelen morir en el parto, para qué reivindicar una baja maternal más larga. El mejor de los mundos posibles de Leibniz era risible entonces y sigue siendo risible ahora, aunque los nuevos optimistas bañen su cientificismo y su liberalismo ramplón con datos científicos y toneladas de edulcorada racionalidad.

El nacimiento de la tercera cultura tendrá que esperar.

Mi crítica a los nuevos optimistas está muy poco esmerada, lo sé, pero tengo una excusa: ellos se esmeran aún menos en comprender a sus supuestos adversarios. Habría que salvar el abismo de las dos culturas (ciencias y letras) y llegar a una tercera cultura, siempre y cuando esta no sea un batiburrillo de científicos monopolizando con arrogancia los debates humanísticos. Para tranquilizar a los profesionales al otro lado del océano académico, Steven Pinker escribió un artículo sobre las humanidades titulado La ciencia no es tu enemiga. Los humanistas que lean el artículo no le verán como un peligro ni como un enemigo, pero desde luego tampoco le considerarán un aliado. No sabemos a quién se dirige Pinker porque parece que no ha entendido prácticamente nada (y eso que existen enfoques en las humanidades que él vería con buenos ojos).

El nuevo optimismo es un camelo tal y como está planteado, así que deberíamos olvidar sus conclusiones hasta nuevo aviso. Total, como somos mucho más cultos que antes, ¿qué más da, según los optirrealistas, que no les leamos?

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