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20/11/2012 13:37 CET | Actualizado 20/01/2013 06:12 CET

Gaza 2012: ¿Legítima defensa o miopía israelí?

El lanzamiento de cohetes desde Gaza a objetivos no militares en Israel viola el derecho internacional. Pero para cumplir a su vez con la legalidad internacional la respuesta israelí tiene que ser proporcionada al daño recibido. No hace falta ser muy cínico para intuir que el calendario electoral israelí pesó al tomar la decisión de lanzar la operación.

La Franja de Gaza es de nuevo escenario de enfrentamientos entre israelíes y palestinos. El pasado 14 de noviembre el ejército israelí ejecutó de forma sumaria a Ahmed Jabari, comandante militar del partido islamista Hamas. Empezaba así la Operación Pilar Defensivo.

El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu justifica esta intervención evocando el derecho de Israel a defenderse, una narrativa aceptada por Barak Obama y la mayoría de potencias occidentales. Según esta versión de los hechos, Israel habría realizado un terrible ejercicio de contención durante meses. El incesante lanzamiento de cohetes desde Gaza no habría dejado otra alternativa que responder, atacando a terroristas y líderes militares de Hamas. Una respuesta que sería totalmente legal y legítima.

Un análisis más preciso de los hechos presenta una realidad más compleja. El lanzamiento de cohetes desde Gaza a objetivos no militares en Israel viola ciertamente el derecho internacional. Pero para cumplir a su vez con la legalidad internacional la respuesta israelí tiene que ser proporcionada a la gravedad del daño recibido. Sin embargo, en los días inmediatamente anteriores al inicio de Pilar Defensivo Israel no sufrió ningún ataque dramático que justificase la magnitud de su respuesta: más de 1000 ataques aéreos en siete días de enfrentamientos causando la muerte a más de 120 palestinos, frente a 3 israelíes muertos por cohetes palestinos.

Fuentes acreditadas apuntan además a que Hamas e Israel estaban cerca de firmar un alto el fuego permanente. El acuerdo, patrocinado por Egipto, tenía a Jabari como principal interlocutor por parte de Hamas, quien habría recibido la mañana de su muerte un borrador con las condiciones del alto el fuego.

No hace falta ser muy cínico para intuir que el calendario electoral israelí pesó al tomar la decisión de lanzar la operación. El 22 de enero de 2013 los israelíes tienen una cita en las urnas para renovar la Knesset y elegir un nuevo Gobierno. Aunque partiendo con una clara ventaja, el Likud, partido de Netanyahu, empezaba a mostrar una cierta erosión en su intención de voto. El conflicto permite a Netanyahu elevarse como líder de la nación e imponer una agenda electoral basada en la seguridad pasando cuestiones socioeconómicas a un segundo plano.

Sin embargo, la intervención militar no puede ser entendida exclusivamente en clave electoral. Pretende también renovar la capacidad de disuasión de Israel mandando un mensaje de fuerza especialmente a Irán y Hezbollah en un contexto de cambio en la región después de la Primavera Árabe. Ehud Barak, ministro de Defensa Israelí, ilustraba claramente esta idea en sus declaraciones al inicio de la operación Pilar Defensivo: "Vivimos en una vecindad dura, en la que no hay compasión para los débiles ni segundas oportunidades para los que no pueden defenderse". Ese es el Paradigma sobre el que se basa la estrategia de seguridad en Israel.

La intervención en Gaza se produce también pocas semanas antes de la próxima Asamblea General de las Naciones Unidas en la que el presidente palestino Mahmud Abbas pretende presentar una solicitud para elevar el estatuto de Palestina a Estado Observador. La espiral de violencia podría obligar a posponer la solicitud o fomentar la división entre Gaza y Cisjordania deslegitimando a Abbas como representante de todos los palestinos.

¿Cómo terminará la crisis? En el escenario más positivo y a día de hoy más probable, un alto el fuego patrocinado por Egipto permitiría a Netanyahu declarar "misión cumplida", mientras Hamas cantaría también victoria (al haber resistido una ofensiva Israelí). Pero no se puede descartar que la propia lógica del conflicto arrastre a Israel a lanzar una ofensiva terrestre. En un escenario de guerra abierta se dispararían el número de muertes, especialmente palestinas, con consecuencias difíciles de prever a nivel local (¿Se sumaría Cisjordania al conflicto?), regional (¿Cómo reaccionarían países como Egipto, Turquía o la Liga Árabe?) e internacional (¿Perdería Israel el apoyo de países europeos como el Reino Unido?).

Más allá de consideraciones morales y de legalidad internacional, o de fríos cálculos electorales, la operación Pilar Defensivo puede haber resultado un grave error estratégico por parte de Israel. Ante la posibilidad de llegar a un alto el fuego permanente con Hamas, Netanyahu optó por lanzar una ofensiva militar. En el mejor de los casos, Israel ganará unos meses de tranquilidad. Pero como demostró la operación Plomo Fundido en 2008, no solucionará sus problemas de seguridad por mucho tiempo, además de reforzar la legitimidad de Hamas ante los ojos de los palestinos frente al más moderado Fatah.

Finalmente, mantener inalterado un paradigma de seguridad basado exclusivamente en el músculo militar, ignorando los movimientos tectónicos generados por la Primavera Árabe, le puede resultar cada vez más caro a Israel. Mientras Palestina siga ocupada e Israel no sea capaz de ofrecer otra respuesta que más violencia a la "cuestión palestina", no habrá seguridad en la región. Optando por arrasar a sus enemigos, Israel gana tiempo a corto plazo, pero es una estrategia miope y suicida a largo plazo.

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