BLOGS
06/06/2021 21:08 CEST | Actualizado 06/06/2021 21:08 CEST

Abascal es un Colón

Cómo el presidente de Vox ha colonizado uno de los símbolos del PP: la plaza de Colón.

Jesus Hellin/SOPA Images/LightRocket via Getty Images)
El presidente de Vox, Santiago Abascal, en la manifestación en la Plaza de Colón en Madrid, para pedir elecciones en 2019.

La plaza de Colón ha sido durante muchos años un símbolo para el PP y una prolongación de su sede de la calle Génova, situada a escasos metros del partido. “La plaza de Colón era como de derecho natural, era lo que estaba al lado y cuesta abajo. No la considerábamos un símbolo hasta que llega otro y te la quita”, comenta un veterano dirigente popular.

Los datos periodísticos dicen que el 28 de abril pasado, hace poco más de un mes, Santiago Abascal, el líder del ultraderechista Vox, robó la Plaza de Colón —plato fuerte de las manifestaciones de la derecha contra la izquierda desde la Transición— a Pablo Casado. Porque fue ese día cuando la Junta Electoral de Zona decidió que la noche de fin de campaña previa a las elecciones del día 4 de mayo, Vox lo haría en Colón, la plaza del Descubrimiento. Y el PP de Casado se tuvo que conformar con la plaza de Picasso, el autor del Guernica. Ambos partidos forcejeaban por Colón, pero... los hados son así.

“El fin de campaña en Colón era una tradición y eso que siempre ha sido una plaza difícil de llenar. Porque históricamente los que se manifestaban eran las izquierdas, las derechas éramos gente de orden, no teníamos tradición de manifestaciones. Por eso dejábamos que las convocaran otros y nosotros nos sumábamos. No se puede decir que para el PP fuera un icono la plaza, pero es cierto que o comenzaban o concluían ahí esos actos tan afines ideológicamente”, recuerda una exdiputada que ha pasado muchos años en Génova y a quien preocupa la rapidez con que Abascal la ha hecho suya.

El fin de campaña en Colón era una tradición y eso que siempre ha sido una plaza difícil de llenar"Exdiputada del PP

En realidad, hace tiempo que Abascal había ganado esa batalla al presidente del PP. El momento definitivo para este final fue la tarde noche del 10 de febrero de 2019, cuando Santiago Abascal arrastró al PP “renovado”, sin Rajoy ya, y a Albert Rivera —borrado ahora por sí mismo— a la plaza de Colón. Todos contra el Gobierno de Pedro Sánchez, “ilegítimo” decían los tres partidos de derechas; la foto del llamado trifachito ha dado para mucho y así seguirá sucediendo. 

Se vuelva a repetir o no el domingo 13 la escenificación, aquel febrero fue el inicio de una escalada que aún no ha terminado, un avance de Santiago Abascal segando el jardín que pisa su antiguo amigo y compañero de partido, Pablo Casado. Solo el éxito rotundo de Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid ha frenado ese recorte en seco en Madrid, aunque los de Vox aumentaron un escaño gracias al desaparecido Ciudadanos. 

Para los más jóvenes y quienes no conocen Madrid, hay que recordar lo iconográfica que resulta la plaza de Colón para la derecha. Aparcada la plaza de Oriente —aquella en la que el dictador asomaba su mano temblorosa desde el balcón del Palacio Real— desde los años 90, porque quedaba muy antidemocrático reunirse allí, la conocida oficialmente como plaza del Descubrimiento se convirtió en un lugar alternativo y sin connotaciones negativas.

Frontera entre el barrio de Salamanca y Chamberí, entre lo más pijo y castizo de la capital, ha sido escenario de la instrumentalización del PP de las víctimas del terrorismo, del aborto o de Cataluña. Y aunque todo resultaba fluido, detrás había que currárselo. “Juan Carlos Vera, que era el que realmente ha mandado en Génova durante décadas, tenía entre sus múltiples ocupaciones impedir que en las manifestaciones, en las que muchos asistentes iban con su bandera con el águila, se les hicieran fotos o les grabara la tele. Así que daba dinero a medio Génova para que bajara a Colón y les compraban la bandera con el pollo, como él la llamaba”. Cómo se iba a imaginar que en un futuro próximo, uno de los cachorros del PP, en lugar de pedir a los manifestantes que las ocultaran, alabaría su valentía por presumir del águila-pollo y sus principios, por muy anticonstitucionales que fueran.

El primer gran éxito de Abascal fue gracias a Cataluña. Cuando la fundación que había creado, DANAES para la Defensa de la Nación Española, convocó el 7 de octubre de 2017, después del “golpe” en Cataluña y la declaración unilateral de independencia, un gran acto en Colón. Vox rentabilizó el asunto dado que Abascal fue su fundador y presidente y sabía bien cómo hacerlo. Aquel “no nos engañan, Cataluña es España” fue el síntoma claro, inequívoco de que la retroalimentación del independentismo y la extrema derecha, iniciada tras la sentencia del Constitucional contra el Estatut, había echado raíces profundas. 

Claro que entonces, el PP no vio a “Santi”, antiguo líder de sus juventudes, como un peligro capaz de arrastrarlo hasta donde le ha llevado ahora. Casado, que asistió en calidad de responsable de comunicación popular, hasta sonrió cuando los asistentes gritaban “¡presidente, presidente!” a Abascal!, quien intervino el último como la estrella ascendente de la derecha que ya apuntaba ser.

Como ahora, el acto, convocado por Unión 78 —la plataforma de Rosa Díez, ex socialista y UPYD, María San Gil, exPP y Savater, exfilósofo progre— va a ser explotado a tope por los de Abascal, mientras Casado da un pasito adelante y otro atrás, pendiente de si se hace la foto con el líder de Vox o juega a los coquitos. El problema es que una foto de Abascal al lado de Savater —la mejor “caza” que ha hecho la derecha española a la izquierda en los últimos 30 años en lo que a mundo intelectual se refiere— y con Ayuso, y sin Casado ¿a quién favorecerá? 

Quizá ninguno de los presentes sea muy consciente de que están rodeados de personajes infiltrados, que emigraron o aterrizaron en Madrid desde otras provincias. A saber, el propio Colón, genovés mientras no se demuestre lo contrario. Su estatua de tres metros de altura es obra de un escultor catalán de finales del XIX, Jerónimo Suñol. También es de un escultor catalán “Julia”, la cabeza de la joven, obra del barcelonés Jaume Plensa. Hasta la bandera de España más grande del mundo, esa que pesa 38 kilos y tiene un mástil de 50 metros, fue una idea de un ministro de Defensa socialista, José Bono, que ni siquiera es madrileño. En fin, incluso el autor de los tres monumentos del descubrimiento, Joaquín Vaquero Palacios, fue un madrileño que se las piró a Asturias. Y el suelo de los manifestantes anti ideas progresistas es el techo del Centro Cultura de la Villa, de nombre Fernando Fernán Gómez, rojo entre los rojos. Quizá hasta que Vox gobierne en Madrid conserve el nombre. 

A todos estos “infiltrados” simbólicos —desde Colón a Fernán Gómez— nada de lo que se grite el domingo, 13 de junio del 2021 en esa plaza del Descubrimiento, les va a sonar novedoso. Si es nuevo y preocupante el aumento de gargantas y la ira con que gritaran. Y que los asistentes estén allí arrastrados por la política de un partido neofascista, que lleva a su territorio a la derecha moderada. 

Photo gallery Santiago Abascal (Vox) alzando el brazo See Gallery

EL HUFFPOST PARA AMBAR