POLÍTICA
19/03/2021 07:20 CET | Actualizado 19/03/2021 09:53 CET

Cómo afecta que las elecciones en Madrid sean un martes

Aunque votar un día laborable, y en pandemia, no es lo habitual, los expertos creen que los madrileños acudirán en masa a las urnas. La polarización pesa más.

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Una mujer vota en Barcelona en las elecciones catalanas del 14 de febrero de 2021.

El miércoles, 10 de marzo, Isabel Díaz Ayuso dinamitó la política madrileña. La presidenta de la Comunidad de Madrid anunció por sorpresa la disolución de la Asamblea y la convocatoria de elecciones anticipadas para el 4 de mayo. Ciudadanos, con el vicepresidente Ignacio Aguado al frente, quedó noqueado y expulsado del Gobierno, mientras la oposición de Más Madrid y PSOE intentaba frenar los comicios con dos mociones de censura.

Finalmente, la justicia dio la razón a la lideresa del PP permitiendo la convocatoria electoral, pero aún no estaba todo dicho. Este lunes llegó el (pen)último bombazo electoral: el vicepresidente Pablo Iglesias se presenta a los comicios madrileños como candidato de Unidas Podemos.   

Con tanto movimiento en tan poco tiempo, a los madrileños casi no les ha dado tiempo a asimilar que dentro de un mes y medio tendrán que ir a las urnas. Y, además, un martes después de un puente: el día 3 es festivo en la región porque se traslada la celebración del 2 de mayo, día de la Comunidad de Madrid, que cae en domingo. Sumémosle a eso el factor pandemia —que ha hecho caer la participación en otros comicios— y podría darnos como resultado una abstención histórica… o no. Los expertos consultados por El HuffPost desmontan esta hipótesis, y vaticinan que “la movilización está asegurada”. 

La fecha pesará poco

“A priori, podría parecer que al votar un día de diario y no un festivo podría aumentar la abstención. Sin embargo, creo que en estas elecciones en Madrid, la fecha pesará menos que el factor polarización”, sostiene Ernesto Pascual, doctor en ciencias políticas y profesor de los Estudios de Derecho y Ciencia Política en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). “Esto y la incerteza sobre el resultado hará que la gente se anime más a votar”, augura. 

“No veo una correlación entre el día de la elección y el porcentaje de participación”, coincide Ana Salazar, politóloga y consejera delegada en la consultora Idus 3, que cita casos anteriores de comicios en días laborables. “En Galicia hubo unas elecciones en 1981 que se celebraron en martes y tuvieron el mayor porcentaje de abstención. Sin embargo, las generales de 1982, que ganó Felipe González, fueron las elecciones de mayor participación de la historia, con un 79,97%, y se votó un jueves”, señala. “Fue porque España vivía un momento de tensión, con el intento del golpe de Estado, y la sociedad estaba en un momento de cambio”, explica Salazar. 

Las generales de 1982, que ganó Felipe González, fueron las elecciones de mayor participación de la historia, y se votó un jueves

Existe también un precedente más reciente en Cataluña: las elecciones autonómicas del 21 de diciembre de 2017, jueves, que tuvieron “récord de participación” con un 79,09% de asistencia. Incluso en la Comunidad de Madrid, una votación entre semana no será inédita. “Las autonómicas del 10 de junio de 1987, en las que ganó Joaquín Leguina (PSOE) por segunda vez, fueron un miércoles, y la participación fue alta”, recuerda David Redoli, sociólogo y expresidente de la Asociación de Comunicación Política (ACOP), que prevé “lo mismo para Madrid”. 

Raro pero no único

La Comunidad de Madrid ha celebrado hasta ahora 11 elecciones autonómicas en las que los ciudadanos escogen a sus representantes en la Asamblea de Madrid, una votación más que la mayoría de comunidades debido a la repetición electoral de 2003 tras el ‘tamayazo’. La mayoría de ocasiones se ha votado en domingo. La participación media en estos comicios ha sido del 65,86%. 

La mínima asistencia a las urnas tuvo lugar en 1991, cuando solo el 58,67% de los votantes acudió a los colegios electorales. Estos comicios otorgaron la primera victoria al PP, aunque el socialista Joaquín Leguina se mantuvo en la presidencia. Cuatro años más tarde se alcanzó el máximo histórico de participación, cuando el 70,39% de los electores depositó su voto. El PP logró su primera mayoría absoluta en aquellos comicios, que llevó a Alberto Ruiz-Gallardón a la Puerta del Sol.  

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Lo que dice la ley (que no siempre se cumple)

El Estatuto de los Trabajadores, en su artículo 37, establece que los trabajadores tienen derecho a un permiso retribuido por el tiempo indispensable para el cumplimiento del sufragio activo. Además, un real decreto de 1999 regula el derecho a votar, y garantiza un permiso de hasta cuatro horas libres para ir a votar si te toca trabajar ese día. En caso de no respetarse ese derecho fundamental, constituiría una infracción grave susceptible de sanción con multas de entre 626 y 6.250 euros.

El ‘problema’ es que los derechos de los trabajadores no siempre se respetan. “Cuando se hizo la ley electoral, estábamos al comienzo de la transición política, con un mercado laboral mucho más estable, pero en estos 40 años la situación económica ha cambiado brutalmente, y muchos trabajadores viven una situación de precariedad que les puede llevar a sufrir posibles presiones por parte de su jefe pese a tener derecho a esas horas libres”, comenta Ernesto Pascual, que reconoce que “posiblemente esas personas se queden sin votar”.

Empleados precarios y autónomos, más susceptibles de no votar

El politólogo cita además otro colectivo susceptible de no ir a votar un martes por la carga de trabajo: los autónomos. Actualmente, hay 407.072 trabajadores por cuenta propia en Madrid, según los datos del Ministerio de Trabajo y Economía Social. “Para ellos, no es especialmente favorecedor que se vote entre semana, porque dependerá del tiempo que tengan entre trabajo y trabajo”, señala Pascual.

Redoli le da la razón. “Los autónomos, las personas que llevan comercios y quienes, en general, tienen menos flexibilidad horaria pueden tener más problemas para ir a votar”, admite. “Pero, ¿a quién vota este colectivo? Depende. Un comerciante de la calle Serrano probablemente vote al PP, pero uno de Vallecas a lo mejor vota a Más Madrid”, plantea el sociólogo, que considera “demasiado osado decir que a un partido le favorece o perjudica más que las elecciones se celebren un martes del mes de mayo”. 

Los autónomos y quienes tienen menos flexibilidad horaria pueden tener más problemas para ir a votar

Del mismo modo que cree que a la clase trabajadora —en principio, más proclive a votar a la izquierda— le puede afectar una convocatoria de elecciones en día laborable, Redoli también le da la vuelta al argumento. “En fin de semana los jóvenes tienen índices de participación bajísimos, solo acude a votar aproximadamente uno de cada cuatro”, dice. Por eso el sociólogo opina que, “a lo mejor”, la baja participación entre los trabajadores “se compensa porque un martes los jóvenes van a votar mucho más, y el voto joven suele ser más bien progresista”. 

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Dos trabajadores, en Mercamadrid.

Quienes no trabajarán ese día serán los maestros y profesores de la comunidad, ya que Madrid ha anunciado que el 4 de mayo no habrá clase en los colegios, que acogerán las urnas y a los votantes. Este es precisamente uno de los motivos por los que habitualmente las elecciones se celebran en domingo, explica Ana Salazar, que indica que unos comicios entre semana “trastocan la organización familiar” —pues alguien tiene que quedarse a cargo de los niños— y “la organización de todo el proceso”. 

En este caso, el plan se ve además alterado por la pandemia. La Comunidad de Madrid ha establecido un turno preferente de votación entre las 10 y las 12 horas para los mayores de 65 años y otros colectivos de riesgo, y ha pedido a los enfermos de covid o con sospechas que acudan a votar a última hora, entre las 19 y las 20 horas. 

La pandemia no es lo que era 

Pese a todo, los expertos consultados coinciden en que la polarización, la tensión política actual y la entrada en escena de Pablo Iglesias influirán más que la fecha, e incluso más que el coronavirus. “Aunque sigamos en pandemia, la situación no es igual que hace unos meses”, apunta Ana Salazar. 

La última referencia en España es la de las elecciones catalanas del 14 de febrero, cuando sólo acudió a votar el 53% de la población, 26 puntos menos que cuatro años antes. Los politólogos consideran que este desplome no va a darse en Madrid. “El 14-F estábamos en plena tercera ola. Ahora ya estamos mejor, las medidas de restricción se han abierto. La tensión política es lo suficientemente fuerte para que haya una participación mayor, pese a la pandemia”, opina Salazar.

El 14-F estábamos en plena tercera ola; ahora las restricciones se han abierto, y la tensión política es lo suficientemente fuerte para que haya más participación

“En Cataluña, la participación bajó claramente por el miedo al contagio, pero en Madrid será diferente”, coincide Ernesto Pascual. “En primer lugar, porque se espera que hayan bajado los casos; en segundo lugar, porque Madrid está acostumbrada a que todo esté abierto, mientras que en Cataluña la gente fue a votar cuando el cierre de la restauración y los centros comerciales era total”, señala. “Madrid ha tenido unas medidas más laxas, la vacunación está avanzando, el control del virus está avanzando, y esto juega a su favor”, sostiene el politólogo.

El miedo al contagio fue determinante en las elecciones catalanas, donde se alcanzó un récord histórico en el voto por correo. Las oficinas de Correos recibieron 284.706 solicitudes por parte de los electores catalanes. 

La movilización (también por Pablo Iglesias) podrá más

Una situación que Redoli cree que se repetirá en Madrid, donde augura que “se disparará el voto por correo” y que la pandemia sí actuará como “factor de disuasión” entre las personas de mayor edad. Fernando Vallespín, catedrático de ciencia política en la Universidad Autónoma de Madrid, también opina que aumentará el voto por correo, pero no se atreve a hacer predicciones sobre el porcentaje total de participación. “La movilización crecerá cuando empiecen a verse las encuestas, y según cómo vaya la campaña”, dice. Vallespín vaticina que estará cargada de “palabras muy gordas, y eso sí que excita al personal”.

Iglesias generará corrimientos de placas tectónicas en una dirección y en otra

El “terremoto” provocado por Pablo Iglesias “introduce una variable aún más emocional en una campaña que ya estaba de por sí cargada de emociones”, comenta Redoli. Iglesias generará “corrimientos de placas tectónicas en una dirección y en otra”, asegura el sociólogo. “Gente que iba a votar a Más Madrid o a PSOE puede pasar a votar a Ayuso, a Vox o a Ciudadanos por miedo a que gobierne Pablo Iglesias. Y viceversa: gente que iba a quedarse en casa porque no se veía muy estimulada puede decidir ir a votar a un partido de izquierdas precisamente por la entrada de Iglesias”, predice.

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