Cuatro factores que te están impidiendo llegar al orgasmo

Aunque nadie debería presionarse para intentar llegar al orgasmo, hay algunos factores que deberías tener en cuenta para que cada encuentro sexual sea más liberador.
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Llegar al orgasmo no es el objetivo único y final del sexo, pero está claro que es una buena guinda para el pastel.

En una encuesta realizada a 2769 mujeres, el 15% afirmaron que llegaban al orgasmo siempre que practicaban sexo con otra persona; el 45% dijeron que llegaban la mayoría de las veces; el 27% dijeron que rara vez lo conseguían y el 13% dijeron que nunca lo habían alcanzado. Los principales motivos que aportaba este último grupo eran la pareja, la falta de confianza en su cuerpo, la falta de libido y los problemas de salud mental.

Los orgasmos hacen que te sientas bien y son placenteros (obvio), pero también mejoran tu humor, alivian tu estrés y te ayudan a sentirte mejor con tu pareja. Aunque nadie debería presionarse para intentar llegar al orgasmo –al fin y al cabo, el sexo también es maravilloso sin orgasmo–, hay algunos factores que deberías tener en cuenta para que cada encuentro sexual sea liberador.

Por ello, la edición británica del HuffPost se ha puesto en contacto con una terapeuta sexual y una sexóloga para aprender a superar algunos de los obstáculos que te puedes encontrar en el dormitorio.

Si el problema está relacionado con la pareja sexual

La encuesta de Cosmopolitan reveló que el 39% de las mujeres consideraban que su problema para tener orgasmos tenía que ver con su pareja. Los posibles motivos son muy variados.

“Puede ser porque no las estén estimulando como necesitan, que no se sientan seguras con esa persona o que pretendan que la otra persona adivine lo que les gusta sin haberle dicho qué es”, expone Gigi Engle, sexóloga y autora de All The F*cking Mistakes.

La psicoterapeuta sexual y de parejas Miranda Christophers a menudo habla con mujeres que se sienten obligadas por su pareja a llegar al orgasmo, algo que es totalmente contraproducente porque te hace pensar constantemente en lo que tienes que conseguir. Con esta mentalidad, cuanto más te obsesionas por conseguirlo, más se aleja.

“Sus parejas quieren que ellas disfruten del sexo, y aunque sus intenciones son buenas, están poniendo mucha presión sobre sus hombros”, sostiene Christophers. “De forma similar, la impaciencia de la pareja también puede provocar problemas. La mayoría de las mujeres necesitan relajarse por completo y dejarse llevar; por eso, comentarios como ‘¿te falta mucho?’ hacen que las mujeres empiecen a darle vueltas en vez de centrarse en las sensaciones placenteras del cuerpo”.

Al igual que sucede con la mayoría de los problemas en las relaciones, la solución pasa por una buena comunicación. Esta responsabilidad recae en los dos miembros de la pareja, que deberían buscar su placer y el de su pareja con empatía. “De este modo, se crea una atmósfera de exploración y no de incomodidad”, señala Engle.

Si te preocupan las expectativas de tu pareja en la cama y eso te está dificultando el orgasmo, tenéis que hablarlo. “El sexo se disfruta mucho más cuando no hay expectativas por parte de ninguno de los dos”, afirma Christophers.

Si la dificultad para llegar al orgasmo se debe a la técnica de la otra persona o a la clase de sexo que practicáis, tenéis que poneros de acuerdo. En vez de decir “esto es lo que no funciona”, piensa en algo que sí funcionaría y proponlo. Que no os de miedo proponer cosas y hacer cambios.

Sean cuales sean tus preferencias, es probable es que tu pareja agradezca que se las cuentes. “Cada persona se estimula de una forma distinta”, prosigue Christophers. “Algunas personas prefieren estimularse a sí mismas, mientras que otras prefieren que sea su pareja la que lo haga con las manos o la boca. Otras mujeres prefieren usar vibradores, tener orgasmos con y sin penetración antes, al mismo tiempo o después de su pareja, o prefieren una postura específica, etc.”.

Si el problema es la falta de seguridad en tu cuerpo

Si hay alguna parte de tu cuerpo con la que no estás cómoda, quizás te ayude centrarte en las cosas con las que sí estás cómoda, propone Christophers. “Recuerda que tu pareja sexual siente atracción por tu cuerpo, de modo que lo disfruta. Creo que conviene recordar que nosotras mismas somos más críticas con nuestro propio cuerpo que cualquier otra persona”.

Ponte delante del espejo y analiza lo que ve tu pareja sexual. “Si sirve de ayuda, pregúntale a tu pareja o a una persona de confianza qué es lo que más les gusta de tu cuerpo”, sugiere la terapeuta.

“Saber reconocer tus mejores atributos te será muy útil. Sentirse atractiva y segura como individuo sexual tiene mucho que ver con el deseo y la excitación, pero también con lograr la confianza que te permita sentir esas emociones”.

Para unas mujeres, sentirse cómodas con su cuerpo implica estar en forma y con una alimentación saludable. Para otras, puede depender más del contexto en el que tiene lugar el sexo. En ese caso, puede servir de ayuda poner música de ambiente, estar en un lugar relajado con luz tenue o coquetear antes de ir a la cama.

Si te falta libido

“La falta de deseo sexual tiende a ser una consecuencia de la clase de sexo que practicas”, comenta Engle. “El deseo sexual no es un impulso humano innato”, explica. “No es como comer o dormir. No te vas a morir por no practicar sexo. El propio nombre (erróneo) que tiene el impulso sexual surge por las emociones que sentimos cuando estamos excitados. Parece ‘hambre’ en el sentido más animal de la palabra, pero no es el caso”.

Hay dos tipos de excitación sexual, según Engle, y normalmente solo se oye hablar de un tipo: el deseo espontáneo. El otro, el deseo reactivo (o receptivo) es mucho más común, asegura. “Necesitamos algo que inicie esa excitación, ya sea un suceso, una imagen erótica, una fantasía, un olor...”.

“El deseo sexual es un suceso biológico, psicológico y social. Para que tenga lugar, necesitamos que se den varios factores. En el plano biológico, nuestro cuerpo tiene que estar en disposición de reaccionar a la excitación. En el plano psicológico, nuestra mente debe tener una actitud abierta al deseo. En el plano social, debemos estar con una persona que nos parezca atractiva, con la que nos sintamos bien y que sepa complacernos”, explica Engle.

Aquí es fundamental asociar sensaciones positivas al sexo. “Explora tu cuerpo y descubre lo que te da placer”, propone Christophers. “Piensa en lo que te enciende o lo que te corta el rollo”.

Se trata de educarte, empoderarte y liberarte. Quizás eso implique replantearte lo que pensabas (o lo que tu pareja pensaba) sobre el sexo, pero merecerá la pena.

Si el problema es tu salud mental

Los problemas de salud mental, así como algunos de los medicamentos comúnmente recetados para estas enfermedades, afectan gravemente al deseo sexual, a la excitación y a las probabilidades de llegar al orgasmo. Si es tu caso, es importante que seas benévola contigo misma, insiste Christophers. “Habla con tu pareja para que sepa cómo te sientes, para que pueda comprender el motivo y no piense que es por algo que hace o no hace”.

Una vez que hayas mantenido esa conversación, quítate presión. No te sientas con la obligación de llegar al orgasmo o de practicar sexo. Una encuesta de Cosmopolitan descubrió que el 91% de las encuestadas aseguraban que el sexo les parecía placentero aunque no llegaran al orgasmo, y que el 51% se sentían satisfechas aunque no llegaran al orgasmo.

Cuando practiques sexo, si lo haces, recuerda que “lo importante no es llegar al destino, sino disfrutar del trayecto. Tanto si practicas sexo en pareja como si lo haces en solitario, céntrate en relajarte y en sacudirte la presión de encima”, recomienda Christophers.

Practicar sexo tiene beneficios para la salud mental, con o sin orgasmo, gracias a las sustancias químicas que se liberan durante el acto y el bienestar posterior.

Si lo estás pasando muy mal, lo mejor es que busques un terapeuta sexual especializado en ansiedad y depresión u otras enfermedades mentales, ya que así recibirás ayuda específica para tu caso concreto.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Reino Unido y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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