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28/09/2021 07:10 CEST | Actualizado 28/09/2021 07:10 CEST

Cuando estalla un volcán, estallan muchas cosas

La imagen de un enorme dragón de lava hirviente destruyendo la ermita de Todoque es una metáfora de muchas cosas, incluyendo a la política nacional.

Ángel Tristán.
Teneguía.

El penúltimo volcán canario fue submarino. Ocurrió en 2011, y por pura lógica, no fue tan retratado como uno terrestre. No hubo un islote de milagro, entendiendo milagro en su acepción laica, porque el cono quedó a casi noventa metros de la superficie. Y sin embargo, aunque no se viera ni fuera emitido en directo por las televisiones, solo los remolinos y burbujas en el mar, causó una seria preocupación en todos los ciudadanos de las ocho islas. Hubo una gran inquietud, porque de los volcanes siempre hay que esperar lo peor, y por la fauna marina. La zona de La Restinga es un lugar de descanso de mamíferos marinos. Es muy rica en pesca. 

Diez años después la vida sigue igual al minuto anterior al estallido allá abajo. Todo se ha regenerado rápidamente. Como los pinos canarios que ‘carbonizó’ el último gran incendio: la mayor parte han retoñado. Grandes copas verdes que salen de un tronco negruzco. “Nacieron entre la lava”, explicaba un biólogo del botánico Jardín Canario ‘Viera y Clavijo’. “Son muy resistentes al fuego; como los libros, que pocas veces se queman el todo”.

Hay algo que es casi de general conocimiento: el archipiélago está vulcanológicamente vivo. Es más, con ocasión de la erupción del Teneguía, también en La Palma, en octubre de 1971 los científicos corroboraron una idea: habrá más islas… pero en miles de años. O en menos. Todo depende. Hay ‘bajas’ que suben lentamente. Centímetros. O fenómenos sísmicos en medio del océano entre Gran Canaria y Tenerife. Por eso con cada volcán se espera una sorpresa. 

Hace cincuenta años exactamente el ‘Teneguía’ nació como este de Cumbre Vieja –al que aún hay que ponerle nombre oficial- con los mismos síntomas previos y parecidas características. Hubo sin embargo una gran diferencia: la lengua de lava tuvo vía libre hasta el mar, cuesta abajo y sin viviendas ni grandes fincas de plataneras. Todo quedó en un grandioso, sublime y amenazador, espectáculo. 

Ahora por desgracia no ha sido así. Hay más violencia volcánica. Y enormes fincas, cientos de casas, con sus calles, sus caminos, sus edificios públicos se interponen entre el magma y la costa. Resultado: la catástrofe que estamos viendo. Miles de personas evacuadas por la fuerza de la naturaleza. Por mera supervivencia. Barrios confinados. Sin estados de alarma, excepción, sitio o de zumo de ‘lapas’. 

Detrás de la sublime belleza de la fuerza de la naturaleza desatada, que sí, es un espectáculo pero aterrador y que nos recuerda el infierno de Dante, o de la imagen serena pero amenazante de los volcanes ya hechos postal, siempre hay, con contadísimas excepciones, una catástrofe. 

La belleza está edificada sobre una lava que destruye. Sobre muchas tragedias. Dramas que se recuerdan durante generaciones, hasta que se los va tragando la historia. Hoy ‘todos somos palmeros’, vamos a desempolvar una vez más el orgulloso ‘civis romanus sum’, y hasta los más cínicos programas basura de las televisiones y los diarios, en cualquier soporte más sinvergüenzas y marrulleros y ese enorme vertedero de odios y resentimientos que pueden ser las redes sociales… proclaman el valor de la solidaridad, mientras la comercializan y prostituyen con descaro. 

Los  canarios sabemos qué es vivir entre nuestros volcanes (lo tenemos en nuestro ADN) muchas veces colonizados insensatamente por esa mezcla fatal de exceso de confianza, irresponsabilidad municipal, avaricia ‘licenciatoria’  y suelo escaso.  

Esta nueva erupción en Los Llanos ha sido, está siendo, una verdadera tragedia. Vivimos unos años terribles. La ‘Gran Crisis’, la quiebra de Thomas Cook, el mayor ‘tour-operador’ que trabajaba con el Archipiélago, los incendios devastadores, la pandemia, ahora este volcán que aún puede dar muchos disgustos. La buena noticia es que las administraciones han dado una prueba ejemplar de que la unidad ante la desgracia es posible, como es posible actuar con rapidez, eficacia,  colaboración… y visión de futuro. 

El presidente de Canarias, Ángel Víctor Torres (PSOE) y el presidente del Cabildo palmero, Mariano Hernández Zapata (PP), funcionaron a una desde el primer minuto. También el presidente del Gobierno de la nación, Pedro Sánchez, cambió su agenda y demoró el vuelo a Nueva York donde tenía una serie de compromisos con motivo  de su asistencia a la Asamblea General de la ONU, para estar en La Palma en primera línea y expresar el compromiso del Estado con los palmeros y sumar fuerzas y esfuerzos. 

El Gobierno canario celebró un Consejo de Gobierno extraordinario con el volcán a la vista, en el que se diseñó y activó el panel de ‘respuesta’. Enseguida las tres administraciones se pusieron de acuerdo, sin ningún chirrido ni fricción. También los Reyes respiraron la ceniza mientras consolaban a los que lo han perdido todo: hasta la memoria encerrada en las fotos y las cartas. Y la iglesia donde se casaron, o fueron bautizados, o la plaza del pueblo donde jugaban o se reunían, o el cementerio donde están sus seres queridos… Encima, el enjambre sísmico se ha desplazado hacia el sur, hacia Fuencaliente, y aumentan los interrogantes. Se recicla el miedo. 

La imagen de un enorme dragón de lava hirviente destruyendo la ermita de Todoque la veo como una metáfora de muchas cosas, incluyendo a la política nacional. Al ver la secuencia de cómo aquella ‘colada’ derribaba el campanario del templo y luego engullía todo el edificio, que para los vecinos tiene el mismo significado que para los neoyorkinos tuvo la caída de las Torres Gemelas, y el dinosaurio seguía de largo, me acordé de que horas antes el dirigente popular Pablo Casado había ido a hacer lo que tanto le ha criticado, casi siempre sin fundamento, al presidente del Gobierno: hacerse una foto. 

“En estas catástrofes naturales tenemos que estar juntos”, pontificó a destiempo el jefe de la posición hablando tan en serio como cuando dice lo contrario y lo del revés. ¿Catástrofes naturales?, ¿acaso no lo fue y lo sigue siendo la pandemia de los casi 100.000 muertos en España, a estas alturas algo menos de 1.000 en Canarias?     

“Cuando las contradicciones son tan constantes y repetitivas hay que hablar de poca vergüenza”, comentaba una antigua fan centrista, hoy dedicada a sus caminatas. Ciertamente: la imagen y las palabras del líder popular en la despedida de Angela Merkel son de las que se puede decir que “sobran comentarios”. 

Pues tanto va el micrófono al cántaro que al terminar el ‘posado’ y la rueda de prensa con el volcán de fondo, dio la palabra a los periodistas…a los que no se les ocurrió qué preguntar. Estos son buenos y malos tiempos para los vendedores de humos. Pero estando el humo del volcán, además cubriendo de ceniza toda la isla, sobran los otros humos. “Casado lucha desesperadamente para engrandecer su irrelevancia”, me decía un ‘puta base’ del PSOE. El cura de Todoque sacó de la ermita todos los cuadros, cruces, sagrarios, ropajes…todos los útiles de su trabajo, todos los libros, los documentos, con los primeros terremotos fuertes. Como buen cura no confía mucho en los milagros cuando la evidencia y la ciencia le aconsejan pies en polvorosa, y nunca mejor dicho.

Pablo Casado, a falta de una gestión basada en hechos, coherencias, éticas, decencias judiciales y profecías cumplidas, quiso relanzar su alicaído liderazgo disputado a cara de perro, o de perra, entre sus filas, con un espectáculo  de fuegos artificiales y autobombo en la fallera Valencia. Allí puede que haya un intento de relanzar la imagen del sucesor de Rajoy para consolidar sus posibilidades electorales; pero la bonanza de las encuestas despierta las ambiciones. Es lo que piensa, es un suponer,  la aspirante a lideresa y su ‘alter ego’ y acreditado tramoyista mezcla de Maquiavelo y Rasputín, el semioculto MAR. 

También es sinuoso el ‘tremor’ que llega de las profundidades y que rodea a José Luis Martínez -Almeida, alcalde de Madrid, que aguanta los intentos ayusistas por encarnar la Capitalidad de España. “Madrid no es un terruño; no se le puede tratar solamente como una región”, dijo Ella. “Madrid está de moda”, dijeron los dos en una entrevista al unísono. Pero más que estar de moda, la verdad es que parece  que Madrid está de circo.

Ojo con la lava. No pierdan de vista el sismógrafo. No, el ‘chismógrafo’ no; el sismógrafo, caray.