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02/01/2020 16:50 CET | Actualizado 24/02/2020 18:00 CET

El juicio a Harvey Weinstein, una "simbólica" rendición de cuentas para el feminismo

El caso prendió la llama de movimientos clave como el #MeToo o Time’s Up

EFE

El juicio por abusos sexuales contra el productor de cine Harvey Weinstein se ha vivido como uno de los que pasarán a la historia ya que con él se esperaba ver rendir cuentas al catalizador de movimientos como #MeToo o Time’s Up. Finalmente, los siete hombres y cinco mujeres que le han juzgado le han declarado culpable de dos de los cinco cargos que enfrentaba: acto sexual criminal en primer grado, que puede conllevar una sentencia de entre cinco y 25 años de cárcel, y culpable de violación en tercer grado, con un máximo de cuatro años de prisión. Le han considerado no culpable de los dos cargos más graves que enfrentaba, por agresión sexual depredadora, que podía conllevar cadena perpetua, y violación en primer grado.

A los 67 años, el todopoderoso productor de Hollywood se enfrentaba a esa posible cadena perpetua, acusado por la Fiscalía de Nueva York de cinco cargos relacionados con incidentes con dos mujeres entre 2006 y 2013: dos delitos de agresión sexual, uno de acto sexual criminal y dos de violación, en primer y tercer grados.

Su detención en mayo de 2018, tres meses después de que las autoridades presentaran cargos y ocho desde que el New York Times y la revista New Yorker publicaran las historias que desatarían el escándalo, fue un ‘catalizador de la indignación’, según ha declarado a la agencia Efe la profesora Alyson Cole, de la Universidad de la Ciudad de Nueva York.

Esta experta en Ciencia Política y Estudios de Mujer y Género ha incidido en que, independientemente de los resultados, el juicio y la sentencia “seguirán teniendo un significado simbólico para quienes trabajan” en movimientos como #MeToo o Time’s Up, cuyas activistas esperan, de manera similar, que llegue “la hora de la verdad” y poco más.

“No creo que el resultado de este juicio vaya a representar ni una victoria ni un fracaso para el movimiento feminista; no más de lo que fue la sentencia de (el actor Bill) Cosby o la confirmación de (el hoy magistrado del Supremo, Brett) Kavanaugh”, ha expresado Cole, que no considera que “el poder de #MeToo se limite al ámbito jurídico”.

El valor de las Silence Breakers

Hace dos meses, una veintena de mujeres encabezadas por Ashley Judd y Rose McGowan, actrices que han acusado públicamente a Weinstein de violarlas, firmaron una carta como Silence breakers (quienes acaban con el silencio), nombre que la revista Time dio al premiar como Persona del Año “a las mujeres (y hombres) detrás de #MeToo”.

El grupo de mujeres condenó el uso que hacen sus abogados de “las mismas tácticas despectivas y manipuladoras que Harvey usaba para silenciar las voces de muchas mujeres durante décadas y ayudar a crear un entorno que le permitía utilizar su poder para destruir sistemáticamente sus reputaciones y carreras”.

Se referían a una entrevista que dio la abogada del productor, Donna Rotunno, al canal ABC y en la que dijo que hay “circunstancias en las que las mujeres no quieren asumir ciertas responsabilidades por sus acciones; algo infantil... Hay que saber que determinadas decisiones implican un riesgo”.

“Creemos que las pruebas contra Harvey que se presentarán en el juicio el mes que viene supondrán la hora de la verdad y se le hará rendir cuentas por sus crímenes”, concluyeron entonces las actrices, que forman parte de unas ochenta mujeres que han acusado al productor de conductas sexuales inapropiadas.

“Los esfuerzos para desacreditar testigos o víctimas serán dolorosos para muchos”

Durante el ‘juicio por violación’ contra Weinstein, como se refieren a él los medios de Estados Unidos, un jurado ha escuchado a las denunciantes y a otras cuatro supuestas víctimas, entre ellas la actriz Annabella Sciorra (‘Los Soprano’), mientras la defensa ha hecho lo posible por restarles credibilidad.

Los abogados de Weinstein han llamado a testificar a dos expertas sobre la memoria con objeto de cuestionar cuán fiables son los recuerdos de sus supuestas víctimas, aunque el juez les ha advertido de que no podrán abordar específicamente los contactos sexuales.

“Los esfuerzos para desacreditar testigos o víctimas serán dolorosos para muchos, como cuando vivimos la confrontación entre (la doctora Christine) Blasey-Ford y (el entonces aspirante a magistrado del Supremo Brett) Kavanaugh”, ha adelantado la profesora Cole en ese sentido.

Ni los supervivientes de la violencia sexual ni la sociedad deberían vincular la curación a lo que la gente llama justicia, al sistema legal

La activista Tarana Burke, fundadora del #MeToo, ha reconocido a la agencia Efe que hay un vínculo ‘inextricable’ entre el movimiento y el productor, pero ha abogado por desligar los resultados del proceso de la recuperación de las víctimas.

Ni los ‘supervivientes’ de la violencia sexual ni la sociedad deberían ‘vincular’ la curación a “lo que la gente llama justicia, al sistema legal”, ha declarado Burke, convencida de que no se debe relacionar a Weinstein ni su caso con el trabajo del movimiento que fundó hace una década y que se popularizó en 2017 gracias a un ‘hashtag’.

“Muy pocos casos de agresión sexual llegan siquiera a ser juzgados, así que los supervivientes no pueden ―insistió la activista― vincular los resultados de un proceso judicial a su proceso de recuperación. Es importante que ambas cosas se produzcan, pero si no es posible debe haber, en todo caso, una vía para que la víctima se recupere”.

El acusado insiste en su versión: inocente

Weinstein ha insistido siempre en su inocencia; mantiene que no ha cometido ningún crimen, y que sus contactos sexuales con las denunciantes fueron consentidos, ello pese a la cascada de alegaciones contra él que reflejaron los relatos publicados por el NYT y The New Yorker en octubre de 2017, que les valieron un premio Pulitzer.

La gran difusión del caso y su propia complejidad han llevado a Weinstein a cambiar a su equipo defensor en varias ocasiones, siempre recurriendo a abogados de renombre que se han esforzado en ayudar a su cliente interponiendo una retahíla de mociones ante el juez, James Burke.

La defensa ha intentado infructuosamente que se le retiraran los cargos; que el juicio se celebrara fuera de Nueva York; que no testificara en nombre de la Fiscalía una reputada experta en el “trauma por agresión sexual”, o que se identificaran los nombres de algunas testigos, posibles víctimas.

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