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09/06/2019 19:22 CEST | Actualizado 09/06/2019 19:22 CEST

El legado de Pedro Zerolo

Son ya cuatro los años que nos falta...

ANDREW ALVAREZ via Getty Images

Son ya cuatro los años que nos falta Pedro Zerolo. Lo añoramos a él, a su desbordante y contagiosa vitalidad, su ejemplo y coraje, que ha dejado una huella indeleble en todos aquellos y aquellas que tuvimos la inmensa suerte de compartir tarea y amistad con él. Esta añoranza es compatible con un sentimiento de orgullo y privilegio de quienes compartimos con él la tarea política y activismo social. Ante todo, los socialistas nos sentimos profundamente orgullosos del inmenso legado en trasformación y progreso que hoy constituye una de las mejores cartas de presentación de la sociedad española. La España que soñaba Zerolo y por la que dejó hasta el último soplo de aliento aquel 9 de junio de 2015, cuando iba tomar posesión del acta de diputado en la Asamblea de Madrid.

Sin duda, será recordado por tomar la iniciativa en el más difícil de los momentos. Cuando en España nadie sabía que era “el orgullo”, cuando la diversidad sexual o de género sólo se entendía como una desviación o, peor aún, una enfermedad mental a tratarse, este hombre canario nacido en Latinoamérica pasó del activismo a la política. Su liderazgo supuso aunar millones de voluntades ciudadanas para que fuera posible alcanzar parte de los objetivos del colectivo LGTBI.

Transcurridos estos cuatro años, el devenir de los acontecimientos nos ha demostrado que su legado es más útil y vigente que nunca, con la ultraderecha intentando condicionar la agenda pública y abriendo las compuertas al discurso del odio y la intolerancia. Con partidos que se dicen demócratas pero que no tienen pudor de ofrecer y pactar gobiernos con quienes intentan destruir los mínimos acuerdos que han servido para posicionar a España en la vanguardia de libertades civiles y por la igualdad. Hoy, leyes como el Matrimonio Igualitario o la de Identidad de Género y muchos de los logros sociales que lleva aparejados, están siendo abiertamente cuestionados por la derecha y corren peligro.

Como secretaria de Movimiento Sociales de la Ejecutiva en el PSOE, siento que el legado de Pedro constituye una valiosísima herencia, pero al tiempo, supone una enorme responsabilidad ante la amenaza de involución. La capacidad de empoderar a un movimiento que reclamaba derechos y de convertir esos derechos en leyes sólo se ha logrado gracias a que grandes activistas, en especial Pedro Zerolo, pasaron del activismo a la política de la mano del PSOE, y como él solía decir: «Somos locas y locos del porvenir, que como siempre está por venir y nunca llega; lo que sí llegan son las leyes de la igualdad que traen tanta tranquilidad, y la tranquilidad es la mejor forma de felicidad que conozco».

Pedro Zerolo supo entender que la lucha por la igualdad de gays era también la lucha de todas las personas que sufrían discriminación.

Tras años de lucha, de la movilización y manifestaciones de un colectivo que sufrió la más cruel de las represiones en el franquismo, un gobierno socialista logró aprobar, pese al voto en contra y posterior recurso ante el Tribunal Constitucional, la Ley del Matrimonio en 2005. A este logro se añade otro en 2007, la Ley de Identidad de Género, que permitió a las personas transexuales modificar la referencia del nombre y sexo en el DNI y el pasaporte, sin tener que someterse a una operación genital y sin procedimiento judicial.

En la actualidad, pasados 14 años desde la aprobación de la Ley del Matrimonio, hay que celebrar que la opinión pública se haya vuelto de nuestra parte. Entonces, sólo el 60% de la población la apoyaba, hoy, el apoyo roza el 90%. Espero que esa tendencia se consolide e incluso que siga creciendo, que no haya ni un solo paso atrás, sobre todo con esta ultraderecha aspirando a condicionar gobiernos y un Partido Popular oponiéndose a la ampliación de derechos.

Pedro Zerolo supo entender que la lucha por la igualdad de gays era también la lucha de todas las personas que sufrían discriminación y la negación de la dignidad de su identidad: era feminista, gitan@, latin@, afro, europe@ del Este, árabe, en definitiva, era una parte de cada movimiento social que exige cambios y pide a gritos un lugar en esta sociedad diversa y multicultural que es España.

Como socialistas debemos llevar a todos los parlamento las iniciativas que amplíen derechos sociales, que «sirven exclusivamente para hacer felices a las personas«, y “solo acertamos cuando somos valientes”, solía decir Zerolo. En una época en la que se liberaliza el tránsito de personas, mercancías y capitales, es más necesario que nunca que globalicemos los derechos de las personas; de esto también debe hablar Europa, combatiendo las desigualdades entre los países miembros.

Defendemos un modelo de sociedad para que quepamos todos y todas frente a la de la extrema derecha en la que solo caben ellos.

Fueron importantes los avances logrados durante el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, pero aún tenemos tarea por delante. Debemos impulsar nuevas leyes que fortalezcan la protección del colectivo, como la tan necesaria actualización de la ley reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas, la Ley de Igualdad de Trato y Ley Integral Contra los Delitos de Odio o una legislación propia LGTBI. Mientras los delitos de odio queden impunes y no tengan consecuencias graves, no conseguiremos erradicar este tipo de comportamientos que a menudo se produce en cualquiera de nuestras ciudades.

Defendemos un modelo de sociedad para que quepamos todos y todas frente a la de la extrema derecha en la que solo caben ellos. Esta responsabilidad también forma parte del legado que como miembro de la Comisión Ejecutiva socialista asumo con orgullo y convicción.

 

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