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16/02/2020 11:27 CET | Actualizado 16/02/2020 15:53 CET

¿Es tan maravilloso el Satisfyer como cuentan?

EL HUFFPOST
El succionador de clítoris Satisfyer

Tenía que hacerlo: probarlo y escribir sobre ello. ¡Y qué mejor fecha que San Valentín para hacerlo! En plena era del “self love”, el “quiérete a ti misma” y los miles de millones de terapias para el autoconocimiento, una no puede estar al día sin haber probado este aparatito milagroso que roban hasta de las tiendas para regalar a vecindarios enteros.  Confieso que me lo compré en cuanto me llegaron los primeros rumores sobre sus maravillosos efectos. Lo encargué online y a los pocos días me llegó al domicilio envuelto en una fría caja de cartón marrón. Tampoco es que esperara una nota de amor de acompañamiento, pero me pareció estar desembalando un cepillo de dientes eléctrico o un limpiador de poros negros. Estaba tan impaciente por ese primer encuentro que lo abrí temblando de emoción. Allí estaba él, perfectamente encajado en el molde del paquete con su hoja de instrucciones y un cablecito enrollado al lado. Parecido a cuando le ponen el precinto de “desinfectado” a los sanitarios.

He de confesar que nuestra primera cita no fue la mejor. En realidad, éramos dos extraños que iban a intimar sin darnos apenas conversación. Yo intenté presentarme, hablarle de mis gustos sexuales, pero no parecía importarle. Me lo puse entre las piernas así, de sopetón. Parecía una manivela de esas con las que se suben las persianas, pero ni siquiera tenía que hacer el esfuerzo de girar, tan sólo darle al on. Todo era muy raro, pero intenté relajarme y apreté el botón. Lo siguiente que sentí fue… un orgasmo. Así, sin rodeos, ni preliminares, ni nada. “Aquí tiene su orgasmo, gracias”. Me quedé tan sorprendida como estupefacta. No sabía que decir, ni tampoco qué sentir. Estaba muy contenta por haber llegado al clímax, pero también descolocada. ¿Aquello había sido bueno, malo, regular? Miré fijamente a la boquilla del cacharrito a ver si identificaba algún gesto que me diera alguna pista. ¿Cómo he estado cariño? Pero aquello ni se inmutaba, estaba más muerto que vivo.

Me quedé tan sorprendida como estupefacta. No sabía que decir, ni tampoco qué sentir. Estaba muy contenta por haber llegado al clímax, pero también descolocada

Probé muchas más veces, en diferentes horas del día y siempre sucedía lo mismo: al minuto tenía el orgasmo servido. Al principio te da el subidón, sientes una especie de euforia, te engancha. De repente tienes a golpe de interruptor lo que siempre has querido, sin esfuerzo y sin límite de tiempo. “Esto es jauja” piensas y se convierte de la noche a la mañana en tu mejor amigo. Lo haces en la ducha, cuando vas a dormir, antes de salir de fiesta. Nivel 3. Nivel 7. Nivel Dios. Pero ese estado es tan efímero como el que tardas en correrte con el succionador. A los pocos meses se convierte en algo rutinario y aburrido. En una experiencia exprés, como las de los parques de atracciones, que en cuanto te bajas te dejan como un vacío.  

Con este amante electrónico no esperes ningún tipo de calor, ni de piel, ni de gemidos. No hay palabras hot. No hay manos que te aprieten ni marcas de uñas clavadas. Ni rastro de olores o fluidos. Una de las cosas que más te ponen en el sexo es ver cómo se excita tu pareja y en esta experiencia cualquier tipo de feedback brilla por su ausencia. Con el Satisfyer todos los orgasmos son iguales. Lo bueno que tiene el sexo con seres humanos es que cada encuentro es diferente y, por lo tanto, los orgasmos. Entre las personas se ponen en juego tantos factores que es imposible predecir el desenlace y eso tiene su encanto. Por otro lado, con el Satisfyer se pierde algo tan importante como el “durante”. El sexo implica muchas más cosas que llegar al orgasmo. Es energía. Es intercambio. Es crear un idioma. Ya sea con una misma o con más personas. Tan negativo es no llegar nunca al éxtasis final como dejar de disfrutar del camino que te lleva a él. ¿Por qué hay que sacrificar una cosa por otra?

El succionador de clítoris es un invento a la altura de nuestros tiempos. Es como consumir un reality show. Un Operación Triunfo o una Isla de las Tentaciones, pero aplicado al sexo

El succionador de clítoris es un invento a la altura de nuestros tiempos. Es como consumir un realityshow. Un Operación Triunfo o una Isla de las Tentaciones, pero aplicado al sexo. Nos da un chute de adrenalina y nos empuja directamente hacia el final sin ningún tipo de esfuerzo. Podría llamarse fast sex, como el fast food o el fast fashion. No pasa nada por experimentarlo de vez en cuando, pero en las instrucciones podrían avisarnos: “llevar una vida sexual plena es muchísimo más que esto”. Es normal que para muchas mujeres haya supuesto todo un descubrimiento. Quizás el mayor logro de este “pomo vibrante” sea saber que podemos tener orgasmos si nunca los habíamos experimentado antes. Puede venirnos bien para conocer mejor nuestro cuerpo o mejorar la relación con nuestros amantes, pero no para prescindir de ellos. Quizás lo ideal sería poder combinar a las personas con el juguetito, no tener que renunciar al culmen final ni tampoco al proceso. Pero si hubiese que elegir entre piel o metal…. por mucho que vibre el segundo, yo me quedo con lo primero.  

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