INTERNACIONAL
29/11/2020 10:30 CET | Actualizado 30/11/2020 07:05 CET

Gaza: las voces de la resistencia tras 13 años de bloqueo

UNRWA España rescata la pelea diaria de los refugiados, en este Día de Solidaridad con el Pueblo Palestino. Una franja para la franja.

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Varios de los entrevistados en “Otra franja para Gaza”.

Gaza es la mayor cárcel al aire libre del mundo. Y ya van 13 años. La franja costera palestina está sometida a la voluntad de Israel, que controla lo que pasa al territorio por tierra, mar y aire, desde 2007. Esta medida total de presión se empezó a aplicar cuando el grupo islamista Hamás ganó las elecciones en 2006 y luego tomó el poder en la franja.

Desde entonces, la situación de los gazatíes se ha ido deteriorando, llegando a ser de grave crisis, obligándoles a depender mayoritariamente de la ayuda humanitaria e impidiendo el intercambio de productos y servicios y el desplazamiento natural de población. El resultado es un territorio que carece de lo esencial.

Cuando nadie parece reparar en la zona, cuando el silencio de la comunidad internacional sobre su drama es ensordecedor, UNRWA España, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos en nuestro país, lanza la iniciativa “Otra franja para Gaza”, en la que recuerda que encierra miles de miradas e historias por contar y defiende la necesidad de crear grietas, resquicios, franjas, “para que se cuelen por ellas todas esas historias” y nadie olvide lo que realmente pasa. Todo un aldabonazo a la conciencia mundial en este 29 de noviembre, Día de Solidaridad con el Pueblo Palestino.

Ahmad: el camino a la escuela

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Ahmad.

Ahmad es un chico de 16 años que vive al este de la Franja cerca de la valla perimetral que separa Gaza de Israel. La zona donde vive se llama Juhir Al Deek y no tiene los servicios básicos como escuelas secundarias, transporte e Internet. El joven se ve obligado a caminar varios kilómetros todos los días para llegar a la escuela secundaria más cercana. Este duro viaje diario afecta negativamente a sus logros escolares, sin embargo, insiste en estudiar hasta obtener un título de arquitectura. Para reconstruir su país, Palestina.

Mahmoud: vivir sin agua

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Mahmoud.

Mahmoud vive con su esposa y 7 hijos en un piso de una habitación encima de sus tres hermanos y padres en el campo de refugiados de Al Shati. La vida de Mahmoud carece de las condiciones de vida básicas, pero su mayor problema es la falta de agua. Viven del agua de lluvia que recogen. La supervivencia.

A menudo pierde la esperanza y piensa en emigrar a cualquier lugar donde pueda encontrar una vida mejor.  Sin embargo, en la Gaza bajo bloqueo eso no es una opción.

Muflah: un pescador sin red

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Muflah.

Como cualquier otro pescador en el mundo, Muflah es un hombre con la cara y las manos quemadas por el sol. Sin embargo, en Gaza, Muflah piensa que lo último que le preocupa a un pescador son las quemaduras de sol. Es un hombre en todo un sector laboral que se enfrenta a muchos retos y obstáculos para ganarse la vida. La persecución del ejército israelí, la limitada zona de pesca, la falta de equipo y la pobreza son preocupaciones que siguen a Muflah y a sus compañeros de trabajo. 

Doaa: el cáncer, condena a muerte sin opción

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Doaa.

Su personalidad divertida y su alma ligera no dicen mucho sobre su sufrimiento. Doaa Abu Hattab es una paciente de cáncer y madre de dos hijos. Como muchos otros pacientes de cáncer y sin ninguna razón, Doaa fue negada por el ejército israelí para viajar a Cisjordania o Israel para recibir tratamiento. Después de muchos intentos, logró viajar a Egipto para ser tratada allí. Ese viaje le costó mucho y la dejó endeudada. Ahora, ella dirige un pequeño negocio de alimentos para pagar sus deudas y continuar su tratamiento médico. 

Azza: la lucha por la igualdad

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Azza.

En una sociedad conservadora, ella lucha por mantenerse independiente. Azza Al Khafarna es una mujer de 56 años que ha sido activista de los derechos de la mujer durante más de 30 años. Azza fue testigo ocular y participó en muchos combates por la libertad y en escenarios políticos en Gaza.

Su labor se centra en el cambio de la ley, que, según ella, es una forma de poner fin a las violaciones de los derechos de la mujer y de lograr la igualdad con los hombres. 

Shoroq: aprender a abrirse camino entre los gritos de los heridos

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Shorouq.

A pesar de su personalidad tranquila, una Shoroq de 29 años se abre camino entre los gritos de los heridos. Es voluntaria médica durante las manifestaciones de Gran Marcha del Regreso que comenzaron en 2018 en Gaza. Su sueño es obtener un master en psicología y abrir su propia clínica para ayudar a los niños y niñas del campamento de refugiados de Jabalia. 

Saed: un hogar en plena cárcel 

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Saed.

Saed vive en Beir Hanoun en el norte de la franja de Gaza. Su casa, donde vivían 14 miembros de su familia, se encontraba muy cerca de la valla perimetral de Gaza y en una de las zonas más devastadas durante la ofensiva de 2014.

Saed nunca pudo reconstruir su casa tras la ofensiva hace ya 6 años y desde entonces tiene que vivir de alquiler. Un alquiler que ahora desempleado, Saed no puede pagar y teme que su familia y su madre enferma se queden en la calle.

Eman: la pandemia de la salud mental

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Eman.

Eman trató de suicidarse sin apenas haber cumplido los 19 años. Sufría una depresión severa y pensó que la única forma de salir era el suicidio, así que comenzó a tomar pastillas.

La escritura y el teatro la ayudaron a seguir adelante, pero lo hizo sola. En Gaza no es fácil conseguir ayuda. La salud mental es un tema tabú.

Zareef: el derecho al deporte 

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Zareef.

Zareef tiene 35 años y vive desde hace 20 sin una pierna. Tuvieron que amputársela tras resultar herido en la primera Intifada en el año 2000. Antes de eso, su pasión era jugar al futbol, pero en Gaza es difícil encontrar equipos para personas con discapacidad. Por eso Zareef fundó su propio centro deportivo para personas con discapacidad.

Ritta: el sueño de recorrer el mundo con su música 

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Ritta.

Ritta ha descubierto que tocar el violín es una forma de expresarse, de ser paciente y perseverante. En Gaza, es raro encontrar a una mujer de 20 años tocando música. Ella sigue haciéndolo con el apoyo de sus padres a pesar de las críticas sociales de sus maestros y compañeros de clase. Rita considera que aprender música le ayudará a forjar su futuro carácter.  

Sueña con recorrer el mundo con su música. Pero salir de Gaza, no es una opción. La aceptación.

Salwa: la defensa de la dignidad

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Salwa.

Salwa lleva 14 años viviendo con su familia de 7 hijos y su marido en una habitación. Se mudó a vivir a este barrio después de que la casa de su madre fuera demolida durante las incursiones militares en Khan Yunis por las fuerzas israelíes.

Salwa alimenta a sus hijos como puede. Su marido recoge piedras y hierros para sobrevivir. Dependen casi totalmente de la asistencia alimentaria que proporciona UNRWA. La dignidad.

Haitham: 60 camas UCI y 62 respiradores para más de dos millones de personas

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Haitham.

Haitham Alnems ,34, se infectó de coronavirus el pasado septiembre. Lo pasó con síntomas relativamente leves como muchas personas aquí en España y estuvo ingresado en un centro de cuarentena, aislado de su familia durante 21 días. Sin embargo, en Gaza no se enfrentan a la pandemia en las mismas condiciones que aquí. Allí, muchas familias no tienen acceso a servicios básicos como agua corriente y cuentan con un sistema de salud ya colapsado por años de bloqueo y conflictos recurrentes.

Naema: vivir a oscuras 

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Naema.

Naema es una joven profesional que bien podría vivir en Madrid, Munich o Roma. Se dedica a la creación de contenido para redes sociales. Es creativa y de carácter fuerte. Pero su trabajo, su crecimiento se enfrenta entre otras tantas dificultades en Gaza a una: la falta de electricidad. Hay días en que solo cuenta con 4 horas de electricidad. El que mejor, tiene 14. Solo tiene una opción: adaptarse. La Adaptación.

Mohammed: cuando el arte no puede volar 

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Mohamed.

Ser un refugiado de Palestina significa que eres vulnerable a muchas cosas. Oportunidades, estudio, trabajo, viajes, talento y creatividad, todo ello está bajo asedio para una persona refugiada que vive en Gaza. Para un artista como Mohammed eso significa que se enfrenta a la falta de materias primas que se utilizan en la escultura, la escasez de electricidad, la libertad de movimiento que es muy importante para la comercialización y la exhibición de las obras en el extranjero, lo que dificulta su participación en exposiciones internacionales o incluso desarrollar su talento.

MÁS INFORMACIÓN EN: OTRA FRANJA PARA GAZA.

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