INTERNACIONAL
23/03/2019 13:08 CET

El día en el que el mundo se fijó (de nuevo) en Jacinda Ardern

Tras los atentados de Nueva Zelanda, la primera ministra ha demostrado que se puede tener empatía con las víctimas y mano dura con el terrorismo.

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Jacinda Ardern abraza a una mujer a la salida de la mezquita de Kilbirnie en Wellington, tras los atentados en Nueva Zelanda.

Las comparaciones son odiosas, también en política. Mientras que hay líderes que echan la culpa de cualquier atentado a los refugiados y se inventan ataques para justificar sus políticas islamófobas, otros prefieren solidarizarse con las víctimas, mandar un mensaje de unidad y eliminar de su boca el nombre del terrorista. Jacinda Ardern, primera ministra de Nueva Zelanda, es de los segundos.

Ha pasado una semana desde que el país oceánico viviera su jornada más sombría. Varios asaltantes atacaron dos mezquitas de la ciudad de Christchurch y mataron a 50 personas, en un atentado claramente islamófobo y con tintes supremacistas y ultraderechistas. El país quedó devastado y Jacinda Ardern supo responder.

“Ellos son nosotros”

Desde el primer momento, la reacción y las palabras que eligió la primera ministra para referirse a la masacre fueron aplaudidas. Su estilo quedó claro en la rueda de prensa que convocó el mismo día de los tiroteos. “Ellos [las víctimas] son nosotros. Este es su hogar. Las personas que han perpetuado esta violencia contra nosotros no lo son. No tienen lugar en Nueva Zelanda”, afirmó Ardern con rotundidad. 

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Ardern, en una rueda de prensa tras los atentados.

Y ese fue el principio de todo. En una semana, la primera ministra ha asistido con el hijab o pañuelo islámico a varios actos de apoyo a las víctimas —cuyos funerales pagará el Estado—, ha impulsado una ley que prohíbe la venta de armas de asalto y semiautomáticas y ha prometido no volver a mencionar jamás el nombre del terrorista. Este viernes, miles de neozelandeses —entre ellos Ardern—se han congregado frente a la mezquita de Al Noor, en Christchurch, para homenajear a los 50 musulmanes que murieron en el atentado. Un muecín ha llamado a la oración musulmana de los viernes, que se ha emitido en todo el país, y se han guardado dos minutos de silencio. Todo ello, al tiempo que se conocía que Ardern había recibido una amenaza de muerte en redes sociales desde una cuenta que difunde mensajes supremacistas, y que ya ha sido suspendida. ‘Tú eres la próxima’, decía el mensaje que mandaron por Twitter a la primera ministra junto con la imagen de una pistola. Nada de eso la ha amedrentado.

Jacinda Andern ha demostrado cómo aunar compasión con las víctimas y mano dura con el terrorismo. Algo que los analistas políticos describen como “magistral”.

La empatía que mostró con las víctimas y sus familias, poniéndose el pañuelo y dando un discurso de solidaridad, es un acierto monumental.Ana Salazar, estratega de la consultora Idus3

“La empatía que mostró con las víctimas y sus familias, poniéndose el pañuelo y dando un discurso de solidaridad, es un acierto monumental”, sostiene Ana Salazar, estratega de la empresa consultora Idus3David Redoli, sociólogo y expresidente de la Asociación de Comunicación Política (ACOP), habla de “un liderazgo magnífico y una habilidad magistral para manejar una crisis sin precedentes en el país”. 

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Ardern, durante la llamada a la oración musulmana de los viernes, retransmitida en todo el país para solidarizarse con las víctimas de la masacre de Christchurch.

La primera ministra lleva en el puesto desde octubre de 2017, convirtiéndose en la persona más joven en llegar al cargo, con 37 años. No obstante, su carrera política viene de lejos, cuando con apenas 19 años Ardern entró a las Juventudes del Partido Laborista por influencia de su tía, veterana en el partido. Allí empezó a ganar popularidad, pero nadie se imaginaba entonces que esa joven de Hamilton, criada en los pueblos a los que destinaban a su padre como agente de Policía, sacaría a los laboristas de una de las mayores crisis del partido en Nueva Zelanda. Al ser elegida líder laborista en marzo de 2017, las donaciones al Partido se dispararon, y se llegó a hablar de “efecto Jacinda” o “Jacindamanía”.

Una vez en el Gobierno, que preside gracias a una coalición entre los Laboristas, los Verdes y Nueva Zelanda Primero, los gestos de Ardern tampoco han pasado desapercibidos. En junio de 2018 se convirtió en la primera jefa del Ejecutivo en cogerse durante su mandato una baja de maternidad que compartió con su pareja, Clarke Gayford, presentador de un programa de pesca en televisión. También el nombre elegido para su hija, Neve Te Aroha, resulta significativo: es de origen maorí, la principal minoría indígena del país, y han preferido ponerle el apellido de la madre por delante del del padre. Pero las reivindicaciones feministas de Ardern no acaban ahí: cuando todavía estaba en período de lactancia, acudió con su hija de tres meses a una cumbre en la Asamblea General de la ONU en Nueva York. Aunque sin duda esta última semana trágica ha sido la más trascendental de su legislatura. A siete días vista, todo apunta a que la primera ministra ha salido reforzada de esta crisis.

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La primera ministra neozelandesa, con su hija, Neve Te Aroha Ardern Gayford, y su pareja, Clarke Gayford, en la Cumbre de Paz de Nelson Mandela en la sede de la ONU, en septiembre de 2018.

Tanto Salazar como Redoli destacan, además de la empatía con las víctimas, el gesto de la primera ministra al negarse a pronunciar el nombre del terrorista. “Nunca me escucharán mencionar su nombre. Es un terrorista, es un criminal, es un extremista, pero cuando hable (de él) será un sinnombre”, anunció este martes Ardern en el Parlamento neozelandés con rostro serio. “Me parece muy potente”, señala Salazar. “La mejor forma de eliminar la memoria de una persona es quitarle el nombre. Así el terrorista deja de estar en el centro de atención, que pasa a ocuparlo el dolor de una sociedad unida”, añade. “Al no nombrarlo, ha denostado al terrorista”, coincide Redoli. Y recalca: “Los terroristas lo que quieren es la difusión y la amplificación de sus actos, es una de sus armas. En cambio ella se ha plantado, ha dicho que no hay que hablar de ellos, que hay que pasar página”. 

Los terroristas lo que quieren es la difusión y la amplificación de sus actos, es una de sus armas. Al no nombrarlo, Ardern ha denostado al terrorista.David Redoli, sociólogo y expresidente de ACOP

Otro detalle importante, para Ana Salazar, es que la primera ministra no ha publicado en sus perfiles en redes “ni una sola foto” relacionada con el atentado. “No ha querido hacer electoralismo de esto”, explica, al tiempo que reflexiona sobre lo que habría ocurrido si el político fuera español. “En España los políticos ya habrían subido la foto para darse bombo y platillo. Quizás es algo cultural… pero ella ha preferido no vanagloriarse. Sus gestos la han posicionado a nivel internacional sin necesidad de darse promoción”, plantea la experta.

La importancia de los símbolos en política

Son gestos simbólicos, sí, pero “en política el valor de los símbolos es tremendo”, apunta David Redoli. Y Jacinda Ardern lo sabe. La primera ministra tiene una carrera internacional previa; “es licenciada en comunicación, ha sido asesora de Tony Blair y presidenta de la Unión Internacional de Juventudes Socialistas”, recuerda Redoli. “La lógica que siguen sus actos no sólo va en clave nacional, sino internacional”.

El gesto de que una política acuda a algún acto con su hijo manda un mensaje muy potente. Es una forma de decir: 'Señores, hay que visibilizar. Los niños no se crían solos'.David Redoli

El sociólogo alude a la experiencia global de Jacinda Ardern para explicar otros de sus aciertos en comunicación política. “Cuando se cogió la baja maternal siendo primera ministra, Ardern pretendía normalizar la maternidad, una cuestión que en política hasta ahora era tabú y parecía que debía mantenerse al margen de la vida pública”, señala el especialista. La realidad es que tener hijos es una parte (y muy importante) de la vida de una persona. “Por eso el hecho de que una política acuda a algún acto con su bebé manda un mensaje muy potente. Es una forma de decir: ’Señores, hay que visibilizar. Los niños no se crían solos”, ilustra Redoli.

Teniendo en cuenta el clima de tensión y fanatismo que reina últimamente en la política, la actitud de Ardern los días posteriores al atentado es aún más encomiable si cabe, defienden los expertos. La situación podría haberse convertido “en una lucha de cristianos contra musulmanes”, advierte David Redoli. Pero no fue así. Su compasión “sincera y consciente” con las víctimas ha generado “más tolerancia” en lugar de odio. Ana Salazar concuerda con el sociólogo: “La misión de un político es mantener a la sociedad unida, y ella lo ha conseguido”. “Ha transmitido el dolor de una comunidad a toda la población, les ha transmitido unidad”, opina. “Y la unión hace la fuerza”.