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27/02/2020 09:53 CET | Actualizado 27/02/2020 09:53 CET

La economía italiana se muestra muy vulnerable ante los efectos del coronavirus

La recesión técnica de la economía italiana parece ya casi algo inminente.

Peter Dazeley via Getty Images

La economía italiana viene atravesando una situación delicada desde hace ya un largo periodo de tiempo. Tras la recesión técnica que sacudía al país durante el ejercicio pasado, el dinamismo de su PIB se esfumó y, a día de hoy, no parece que vaya a volver en el corto plazo. Los crecimientos siguen siendo muy moderados y muy graduales, ajustándose a la baja con la desaceleración económica que acecha a la economía mundial. 

Durante el último trimestre del año pasado, mientras que otras economías como España remontaban levemente el crecimiento para cerrar el año con mejores sensaciones, Italia, al margen, cerraba el ejercicio con una contracción en su PIB que situaba su nivel de crecimiento en el -0,3%. Ha sido la mayor caída del PIB italiano en los últimos seis años, que dejaba al país, nuevamente, en un escenario fatídico para una próxima recesión técnica en el país.

Recordemos que con recesión técnica nos referimos al fenómeno que experimenta la economía en el que se producen contracciones en el producto interior bruto de un territorio durante dos trimestres consecutivos. Y aquí es donde estaría la clave de esta posible recesión para Italia, ya que el cuarto trimestre del ejercicio pasado fue malo, pero el primer trimestre e inicio del nuevo año, como podemos observar, tampoco es que haya sido muy bueno.

Aunque pueda parecer algo desmesurado, si tenemos que sacar a relucir a una ‘hipocondríaca’ en este momento, esa es la economía. El coronavirus, la enfermedad que tiene atemorizada al mundo en estos momentos, se extiende a la velocidad del viento por el territorio italiano. Los contagios son cada vez más frecuentes y las víctimas siguen aflorando al ritmo que avanza el paso de los días en el país. Una situación que tiene sus efectos, como es contrastable, en la economía.

Y es que, para muchos que no lo sepan, si algo ha ayudado a la economía italiana estos meses atrás han sido el consumo y el turismo. La actividad económica, para Italia, no es que se mostrase muy boyante. Tampoco la propia demanda interna en el país mostraba cifras alentadoras al crecimiento económico. Sin embargo, el turismo, con una estimación media de 128 millones de turistas que pisan suelo italiano al año, sí mostraba unas cifras más esperanzadoras.

Ahora bien, el avance del coronavirus, el miedo que se ha ido generando a nivel global, así como esa paralización tan abrupta en el tráfico aéreo y la movilización geográfica de personas, en cuestión de días, han truncado todas las esperanzas del país transalpino. El gran daño que está generando el coronavirus en el sector turístico ha provocado el manifiesto del propio Giuseppe Conte, el cual ya ha avisado del mal trago que se avecina para la economía italiana durante el primer trimestre, de seguir en la misma situación.

No será la última economía afectada, pues como vemos, el virus sigue extendiéndose y ya ha tocado suelo español.

La abrupta paralización que están viviendo las cifras de turismo, así como la extensión del virus por el país, paralizando todo aquello que toca, ya está provocando hasta el propio desabastecimiento en los supermercados y tiendas. Estos días los mercados se han mostrado muy negativos, muy a la baja. Las sensaciones para Italia no son buenas y, precisamente porque venían cosechando un trimestre con contracciones en su PIB, la probabilidad de que la epidemia se prolongue, extendiéndose por toda Europa, y que siga manteniendo al sector turístico en vilo, alienta la posibilidad de que la recesión técnica en Italia se acabe materializando.

Otro de los efectos dañinos que ya confirmaría la recesión técnica en el país sería la evolución que experimenten sus exportaciones. Además, del tráfico de personas, si hay otro fenómeno que está experimentando ralentizaciones en su flujo es el comercio exterior. El brote vírico está provocando el cierre de fronteras y la paralización de la actividad económica, incidiendo a su vez, tanto en el stock como en los propios flujos de comercio, que ya venían de una larga y dura guerra comercial que acechaba su volumen.

Como digo, las previsiones que mantenía la Organización del Comercio Mundial (OMC) para el 2020, aunque mejores que en 2019 por la disipación de la incertidumbre por la guerra comercial, seguían siendo muy moderadas. Como decíamos, aunque se consideraba que el impacto de la guerra comercial era ya un impacto muy limitado, el organismo supervisor no contaba con el brote vírico que iba a extenderse por todo el mundo y que iba a dejar a media China bloqueada durante más de medio mes. Un nuevo foco de incertidumbre no previsto.

Esto, nuevamente, ha provocado un giro en las previsiones sobre el comercio, previendo un lastre por la paralización en la actividad fronteriza. Italia, en los últimos años, ha incrementado el porcentaje que representan las exportaciones en su PIB, elevando el peso en tan solo 8 años un 6% sobre su producto interior bruto. Cerca de una tercera parte de su PIB que queda expuesta a situaciones ajenas, donde la capacidad de toma de decisiones es muy limitada.

La situación para Italia, como vemos, es bastante complicada. Aunque sea un escenario más que coyuntural, no debemos olvidarnos del año que venía atravesando el país. Una situación coyuntural que sigue cebándose con una economía como la italiana, muy desgastada, como decíamos, en el pasado ejercicio. No obstante, cabría decir que no será la última, pues como vemos, el virus sigue extendiéndose y ya ha tocado suelo español.

 

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