BLOGS
31/05/2019 14:31 CEST | Actualizado 23/07/2019 12:59 CEST

La hostelería se carga a pedradas la ley del tabaco

Prohibir fumar en las terrazas abiertas o cerradas sería la medida más barata y eficaz para mejorar la salud de los españoles.

AFP via Getty Images

Si en un edificio aparece una ventana rota y no se arregla, se envía el mensaje de que nadie lo cuida y todo el que pase se sumará a la labor de convertirlo en ruina. La teoría de las ventanas rotas, elaborada por James Wilson y George Kelling, explica porqué la Ley del Tabaco 42/2010  es un inmueble en mal estado, un inmueble que están derribando a pedradas. No se cumple en España, pero en la Comunidad de Madrid, con miles de zonas de fumadores cerradas y las administraciones lavándose las manos es algo posiblemente delictivo. Y si no se cumple a la vista de todos, ¿A quién le extraña que bingos, casinos y casas de apuestas decidan permitir que se fume dentro de sus locales para evitar que el cliente salga al exterior, se lo piense mejor y se vaya a casa? Total, incumplir sale gratis.

A un heroinómano que quiera dejarlo se le aleja del barrio y de la droga, y un ludópata pide que le prohiban la entrada en los casinos, pero el fumador se enfrenta a la misión imposible de alejarse de una adicción socialmente legitimada. Jamás avanzaremos en la lucha contra el tabaquismo sin acabar con la normalización que suponen las terrazas en la hostelería. El estudio de la doctora Xisca Suredo para la Universidad de Alcalá de Henares muestra cómo el 80% de la terrazas de Madrid incumple la ley. Sin romper la vinculación de tabaco y hostelería, de cigarrillo y terrazas, en 2030 habremos perdido otra década de lucha contra el tabaco.

Phillip Morris creó a principios de los 90 un lobby en España dedicado a entorpecer, retardar y dinamitar cualquier avance en legislación antitabaco, según consta en dos documentos internos que la corporación fue obligada a desclasificar. Su logotipo aparece en el sitio web de la FEHR (Federación Española de Hostelería y Restauración) y su producto, un producto que causa 55.000 muertes al año, se vende en bares y restaurantes. Recientemente Reuters ha destapado como Phillips Morris promociona sus productos en la red a través de jóvenes influencers rusas. Ferrari, la escudería de fórmula 1, recibe 100 millones de euros al año simplemente por el poder evocador que aún tienen los colores de Marlboro en el inconsciente colectivo y José María Aznar, expresidente del Gobierno, ejerce de consultor para la empresa en Chile buscando que se flexibilice la legislación. Este es el socio de la FEHR y el binomio que tenemos que romper a toda costa si queremos realizar una política efectiva contra el tabaco.

Jamás avanzaremos en la lucha contra el tabaquismo sin acabar con la normalización que suponen las terrazas en la hostelería.

En diciembre de 2018, la unidad de ciberdelincuencia de la Policía Nacional realizó una redada contra 2.000 bares por piratear el fútbol, requisando 800 decodificadores. A pesar de las denuncias, a pesar de que son decenas de miles las terrazas fumadoras, a pesar de que el 64% de los españoles piden medidas más restrictivas contra el tabaco -según la encuesta que realiza la SemFYC (Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria), jamás se ha producido una operación similar contra las carpas de fumadores de Madrid, Málaga o Sevilla, donde 200 establecimientos fueron denunciados por nofumadores.org. La hostelería fue el sector que más rápido se dio cuenta de que el emperador no llevaba traje, de que el Estado no respaldaba con músculo la ley del tabaco y que solo se adaptará si el estado deja de premiar el bullying de las tabaqueras. Aún así, al lobby del tabaco no le interesa derribar el edificio de la ley del tabaco. Lo prefiere así, con las ventanas rotas pero en pie, con apariencia de cumplimiento pero con un tercio de los españoles adictos a la nicotina.

 

Síguenos también en el Facebook de El HuffPost Blogs