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10/03/2020 10:39 CET | Actualizado 10/03/2020 10:40 CET

La llamada a la calma de Gabilondo aunque el problema del coronavirus se agrave: "Con casi seguridad, va a ocurrir"

"Es la hora de la responsabilidad individual y colectiva".

EFE
El periodista Iñaki Gabilondo.

Calma, tranquilidad, mesura, proporcionalidad... esta son las palabras más repetidas desde las instituciones españolas, desde que comenzó la crisis sanitaria del coronavirus. Estas llamadas a la calma tienen si cabe un plus de importancia estas últimas horas, después de que el Ejecutivo haya aumentado el nivel de riesgo por la enfermedad a “contención reforzada” ante la evolución “a peor” en España.

En este contexto, el periodista Iñaki Gabilondo ha recalcado -en su comentario Hora de controlar el pánico, en la Cadena Ser- que “es la hora de la responsabilidad individual y colectiva para no dejarse arrastrar por la ola del miedo”. 

Gabilondo, quien ha reconocido que “por el momento, en España, tanto las autoridades como la población intentan mantener la inquietud en un punto razonable”, ha confiado en que este comportamiento siga así “cuando el problema se agrave algo que, con casi seguridad, va a ocurrir en las próximas semanas”.

Ha sentenciado el periodista: “Cuando todo pase, porque pasará, haremos balance del número de afectados y de fallecimientos; en otro renglón, del coste financiero, económico y laboral. Pero habremos de abrir un capítulo tercero para consignar los efectos de esta crisis en múltiples direcciones”.

En este sentido, Gabilondo ha vaticinado que los ciudadanos comenzarán a leer “de una manera distinta el papel de las instituciones y organismos internacionales, cuya incapacidad para coordinar y poner orden está resultando manifiesta”.

“Puede se que dé alas a los enemigos de la globalización y acentúe el instinto de repliegue a los cálidos senos nacionales”, ha recalcado, antes de sentenciar: “Sin duda se producirán alteraciones relevantes a la altura del susto, que está siendo gordo”. 

Hora de controlar el pánico

El miedo a la infección por coronavirus está siendo casi superado por el miedo a su repercusión económica y ambos por el miedo al descontrol. El lunes, mientras las cifras de afectados continuaban su progresión, la sacudida económica adquiría caracteres de terremoto por la caída del precio del petróleo. Como consecuencia, pánico en las Bolsas de todo el mundo y convicción general de que el impacto en el crecimiento va a ser muy severo. Si contar con que nada ha acabado en ningún sentido, es decir, que el problema sigue vivo, tanto la propagación del virus como la del pánico. Y nadie sabe cuándo va a comenzar a frenar.

Por lo que se refiere a la gestión de la crisis, como no se han unificado criterios de actuación ni a escala global ni a escala europea las iniciativas se suceden con criterios dispares. En una cadena de medidas excepcionales en todos los ámbitos y en todos los países. Y cada eslabón dramatiza más aún la situación. Hoy más que ayer y menos que mañana.

En el terreno económico, como tampoco ha conjurado la amenaza de crisis una decisión habitualmente determinante como la bajada de tipos por parte de la Reserva Federal la sensación de descontrol se agiganta. Cuando todo pase, porque pasará, haremos balance del número de afectados y de fallecimientos; en otro renglón, del coste financiero, económico y laboral, pero habremos de abrir un capítulo tercero para consignar los efectos de esta crisis en múltiples direcciones. Puede que nos haga leer de una manera distinta el papel de las instituciones y organismos internacionales, cuya incapacidad para coordinar y poner orden está resultando manifiesta. Puede se que dé alas a los enemigos de la globalización y acentúe el instinto de repliegue a los cálidos senos nacionales. Puede que incluso modifique algunos paradigmas de comportamiento social en la vida cotidiana o sobre el teletrabajo o sobre la educación a domicilio, pero sin duda producirá alteraciones relevantes a la altura del susto, que está siendo gordo.

Por el momento, en España, tanto las autoridades como la población intentan mantener la inquietud en un punto razonable. Ojala sigamos así cuando el problema se agrave algo que, con casi seguridad, va a ocurrir en las próximas semanas. Es la hora de la responsabilidad individual y colectiva para no dejarse arrastrar por la ola del miedo.