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16/06/2020 09:37 CEST | Actualizado 16/06/2020 19:32 CEST

La pertinaz conjura de los necios

La derecha vive atormentada por la posibilidad de que la UE ponga en manos del Gobierno una buena parte de esos anunciados 750.000 millones de euros para la reconstrucción.

Europa Press News via Getty Images
Santiago Abascal, líder de Vox, y Pablo Casado, líder del PP, charlan en el Congreso, en una imagen de archivo. 

La jueza Carmen Rodríguez-Medel oyó campanas y se puso a santiguarse. Y a repicar. Una denuncia acusaba al delegado del Gobierno de Madrid, José Manuel Franco (PSOE), de haber cometido varios delitos por ‘autorizar’ la manifestación feminista del 8 de marzo, y la magistrada le dio crédito suficiente a la cosa para convertirla en caso. Al fin y al cabo, pensaría, sólo se trataba de intercambiar de sitio ‘o’ y una ‘a’. 

Con esa idea clara, suficiente por lo visto para despertar sospechas, encargó unas averiguaciones a unos agentes de la Guardia Civil, que hicieron un trabajo que, como día Nacha Guevara, “no tiene nombre”. No supieron o quisieron, vayan ustedes a saber, encontrar ningún novedoso dato sólido, ni en un sentido ni en el contrario. El método empleado por la instructora fue el chispazo que provocó el soberano enfado de un colega judicial, el magistrado Grande-Marlaska, que empezó a cortar cabezas de jefes de la Benemérita por una filtración, que al parecer el coronel Pérez de los Cobos no le quiso confirmar alegando que era un asunto entre la jueza y la Policía Judicial.

Para mejor proceder, la misma jueza encarga un estudio a un forense especializado en psicoterapias. Este médico, muy vinculado a la congregación católica Legionarios de Cristo (para algunos críticos una secta de indeseables tras el escándalo de los continuados abusos sexuales de su fundador, el mexicano Marcial Maciel, y de otros curas), hizo un trabajo que era al método científico como la astrología a la astronomía o la homeopatía a la epidemiología. 

Bulos, presunciones, intuiciones, lugares comunes además sacados de contexto. Un trabajo ‘profético’, con ingredientes esotéricos y con una dosis excesiva de condescendencia y pintoresquismo. Lleno de valoraciones personales extemporáneas e irrelevantes, y a fuer de ello, patéticas inclusive, como que es un caso “muy mediático”, que hay un clima de “cierta crispación social”, que “se podría pensar que ello influye en algún sentido en la imparcialidad del informante”… para pasar a contar en plan intimista de tertulia de mesa camilla  que “con alivio” puede decir que ni él ni ninguna persona de su amplia familia (madre, suegra, mujer, cuñados, hijos, nietos, hermanos, tíos ni sobrino) han tenido han sufrido el más mínimo síntoma del Covid-19. “Lo digo por si alguien podía pensar que podía existir el más mínimo conflicto de intereses…”. Con gran imparcialidad, pues, pero ninguna base, decía por consiguiente que la gravedad de la pandemia “se veía venir” igual que los volcanes avisan…

Las características de la ‘ciencia forense’ ni siquiera eran presuntas. “Una ciencia basada en la evidencia, que enseña y aplica el método galileico y cartesiano, con los cuales se conforma el llamado método pericial, que recomienda no admitir como verdad lo que no sea evidencial o probado…”. 

La derecha vive atormentada por la posibilidad de que la UE ponga en manos del Gobierno una buena parte de esos anunciados 750.000 millones de euros para la reconstrucción.

Todo eso acontecía en medio de una de las habituales monterías organizadas por la derecha contra los gobiernos de izquierda. En esta ocasión la estrategia del PP y de Vox, “tanto monta monta tanto”, es acusar a Pedro Sánchez y a su experto de cabecera y director del Centro Nacional  de Emergencias, Fernando Simón, de provocar una catástrofe por su imprevisión, tardía respuesta, rectificaciones y cadena de mentiras. Cada comparecencia en el Congreso suscita un enfurecido ataque de Pablo Casado y Santiago Abascal, que compiten en desinformación, indocumentación, ignorancia e insultos. Lo único equiparable es la incapacidad del presidente del Gobierno para hilar un discurso documentado con hechos y datos. 

Para contextualizar el problema, y saber de dónde venimos, en dónde estamos y hacia dónde vamos, hay que tener en cuenta el ‘primer momento’ del coronavirus. Nació, por lo que se conoce, en la ciudad china de Wuhan, de 11 millones de habitantes. Hasta el pasado 17 de abril, la cifra oficial de muertos dada por China era de 2.579. Ese día fue corregida y se le añadieron 1.290 fallecidos más: en total, 3.869. 

Otra información importante para el debate es la cifra de contagiados y decesos por la gripe estacional en España en la temporada 2017-2018. Según el CIBER de Epidemiología y Salud Pública (Ciberesp) y el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) en la temporada 2017-2018 hubo unos 800.000 contagios, 52.000 ingresos hospitalarios y cerca de 15.000 griposos fallecidos. 

Cuando las autoridades españolas empiezan a tomar medidas y a discutir alternativas, tanto el Ministerio como los expertos manejaban los antecedentes que tenían. Hay que incluir el de Irán, naturalmente, y el inicio del episodio en Italia. En Irán hay (sábado 14 de junio 2020) 182.525 contagiados y solo 8.659 muertos. En Francia, el mismo día el ranking mundial registra un total de 193.000 contagiados y 29.000 muertos.

A partir de la declaración de pandemia por la OMS, y del progresivo agravamiento de la situación en España, aunque muchos especialistas seguían comparando el coronavirus con el virus de la gripe común, la ya nombrada enfermedad Covid-19 va imponiendo un ‘pensamiento único’. Su letalidad y su mortalidad es muy superior a lo que se creía. Los epidemiólogos no mentían, ni las autoridades sanitarias ni el Gobierno tampoco. Con los datos que tenían, los de China y los de Irán, no se podía pensar aún en cerrar un país, confinar a toda su población… La gravedad constatable no justificaba todavía una congelación económica total, millones de parados, miles de empresas quebradas… Y una costosa reconstrucción europea. 

Empezó lo que un epidemiólogo andaluz me definió como “improvisación inteligente”. Una serie de medidas en escalada. Añadía que “para toda buena ecuación matemática se necesita conocer y ponderar muchos factores, y aquí hay muchos que no se saben, y los que sí se conocen son muy difíciles de ponderar”.

En marzo, antes de la declaración del estado de alarma, y aún después, algunas organizaciones empresariales y sindicales acusaban al Gobierno de provocar el alarmismo y la preocupación cuando el Ministerio de Trabajo sacó una guía que recomendaba que “las empresas deberán proceder a paralizar la actividad laboral en caso de que exista un riesgo de contagio por coronavirus en el centro de trabajo”. 6 de marzo de 2020. Dos días antes del famoso 8-M.  

Por supuesto, de nada de esto tenía por lo visto noticia ni la jueza, ni el forense vidente, ni los guardias civiles de corta y pega, ni Pablo Casado, ni Santiago Abascal ni…

Por si fueran poco los desaforados y cínicos ataques combinados del PP y Vox, el exministro del Interior Jorge Fernández Díaz confiesa en vídeo que Benedicto XVI le anunció que el diablo quería destruir España.

Los ‘números’ de China no son los únicos que plantean dudas. Aunque en general todos los regímenes poco transparentes y autoritarios presentan parecidos ‘misterios’ epidemiológicos y matemáticos, el caso de Rusia es de cum laude. La cifra gubernativa de contagios es de 510.000 en números redondos con unos 6.700 muertos. El número de contagiados es similar a la suma de los de Reino Unido (294.000) y Francia (193.000). Pero mientras Rusia tiene esos 6.700 decesos, Reino Unido y Francia tienen 70.000. Más de diez veces más con igual número de infectados. ¿Cuál es el secreto? Como no sea el vodka, la bebida nacional, puede ser la trampa estadística para no poner en peligro la imagen del presidente Putin, de indisimulada vocación zarista y de la URSS.

La derecha, según se acerca la salida del túnel y la ‘nueva normalidad’, vive atormentada por la posibilidad de que la Unión Europea ponga en manos del Gobierno una buena parte de esos anunciados 750.000 millones de euros para la reconstrucción, y ya sospechaba yo que aumentaría la presión para tumbar al Ejecutivo antes de que llegara ese dinero, o alguna triquiñuela. Pues lo ha hecho: unirse al grupo de los países ‘frugales’ del norte para imponer ¡a su muy querida España! unas condiciones singularizadas de extrema vigilancia y complicados requisitos para su uso. No se miran al espejo para no verse reflejados.

También Aznar hizo algo parecido cuando en medio de la crisis del 2008 pregonaba en foros internacionales que la España de Zapatero no iba a poder pagar sus deudas. Algún día algún investigador universitario debería cuantificar en euros cuánto repercutió ese rencor ladrado en las esquinas en el aumento de la prima de riesgo.

Por si fueran poco los desaforados y cínicos ataques combinados del PP y Vox, con tamborrada de cacerolas en las calles, ahora el exministro del Interior Jorge Fernández Díaz confiesa en vídeo que Su Emérita Santidad Benedicto XVI le anunció en 2015 que el diablo quería destruir España. Y cabe preguntarse de qué diablos hablaba. 

Poco a poco se irá entendiendo la necia conjura de unos necios que odiaban los datos y la realidad.

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