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28/02/2020 10:23 CET | Actualizado 28/02/2020 10:23 CET

La plácida palabra de los hombres

Las mayores traiciones de la historia, las mentiras más grandes, las falsedades más increíbles han sido realizadas por hombres.

picture alliance via Getty Images
Imagen de archivo de Plácido Domingo durante un concierto. 

La hombría va unida a las palabras, desde el “verbo se hizo hombre” hasta el “hombre de palabra”, ha sido la palabra la que ha definido la realidad y los hombres quienes la han pronunciado.

Las mayores traiciones de la historia, las mentiras más grandes, las falsedades más increíbles han sido realizadas por hombres, sin embargo, su palabra nunca se ha puesto en cuestión. Ha seguido ahí, en el límite de sus labios aguardando el momento para ser pronunciadas y romper con su ley la indeterminación del silencio.

En cambio, las mujeres, negadas de palabra y recluidas en el susurro de la oración, son consideradas las reinas de la mentira y del apaño de la traición. Da igual que no lo hayan hecho, del mismo modo que un hombre, por el hecho de serlo, ya es un “hombre de palabra”, una mujer por el hecho de serlo, es decir, por el hecho de no ser hombre, ya es una persona sin palabra y sin más argumento que la mentira, especialmente si sus afirmaciones son contra un hombre o lo masculino.

Esta construcción permite a los hombres decir lo mimo y lo contrario y no ser considerados “mentirosos” en ninguna de las dos ocasiones, y a las mujeres ser consideradas mentirosas digan lo que digan, si aquello que dicen se encuentra con la palabra de un hombre que afirme lo contrario, como ocurre cuando hablan de “denuncias falsas” en violencia de género.

Lo acabamos de ver con las declaraciones de Plácido Domingo sobre el acoso y abuso sexual que llevó a cabo. Hace unos meses negó los hechos y su palabra fue tomada como verdad, al tiempo que se criticaba a las mujeres que lo denunciaron y se las presentaba como mujeres que buscaban hacerle daño en un ejercicio de maldad difícil de entender, pero también como una vía para conseguir algún beneficio económico a cambio, pues la maldad instrumental siempre se ve como más creíble y cercana que la maldad en abstracto.

Hoy dice lo contrario, reconoce los hechos y pide perdón por lo que hizo, pero ninguna de las personas que lo apoyaron dicen que mintió antes o que miente ahora por alguna extraña razón, ni tampoco dicen nada sobre la verdad de las mujeres que fueron presentadas como mentirosas y perversas. Ellas siguen siendo malas, antes por mentir y ahora por “haber obligado” a Plácido Domingo a reconocer los hechos, y haber atacado su carrera al final de su recorrido, permitiendo que su recuerdo quede impregnado por algo ocurrido en el pasado.

Las mayores traiciones de la historia, las mentiras más grandes, las falsedades más increíbles han sido realizadas por hombres

Ser consciente de esta realidad es poder. Saber que tu palabra vale más, que tus argumentos son más creíbles, que tu arrepentimiento demuestra bondad y sinceridad, que decir lo mismo y lo contrario se toma por cierto en las dos ocasiones… todo ello da mucha confianza y seguridad a la hora de enfrentarse al día a día y sus problemas. Y cuando, además, está construido sobre la idea de que las mujeres no son de fiar, la percepción y necesidad de control sobre ellas se presenta como una necesidad.

Por eso la violencia de género sigue siendo una realidad, porque los hombres la ejercen con la conciencia de que no va a ser cuestionados por esa normalidad que la acompaña, que si son cuestionados y denunciados las mujeres no van a ser creídas, que si son creídas no lo van a ser lo suficiente para vencer a las justificaciones y ellos no van a ser condenados, y que si son condenados el mensaje último será el que ellas han sido las “malas” por no haber “lavado los trapos sucios en casa”, o por haber engañado a quien juzga lo ocurrido. Lo hemos visto en casos tan graves como el de “la manada” o el de los “jugadores de la Arandina”.

Ninguna violencia asesina a 60 personas del mismo grupo de población cada año, salvo la violencia de género; y en ninguna violencia, salvo en la violencia de género, los asesinos forman parte de un grupo tan definido y homogéneo: hombres no vinculados a otras formas de criminalidad que mantienen o han mantenido una relación de pareja con las mujeres asesinadas. Y a pesar de esa construcción y de su constancia social, todavía se niega la realidad y se duda de la palabra de las mujeres, nada extraño cuando el relato de esa historia está narrado con voz masculina.

Los “hombres no mienten”, sólo se equivocan o no se expresan bien, las mujeres, en cambio, “mienten siempre”, aunque a veces no sean capaces de engañar a la realidad y parezca que dicen la verdad. Por eso para ellos Plácido Domingo no ha mentido, debe ser que no lo tenía claro por aquello de los “estándares que cambian con el tiempo”.

 

Este artículo se publicó originalmente en el blog del autor.