El gran momento de linces, lobos y osos, los reyes de la fauna ibérica

Los tres consolidan su importante papel gracias a los programas de recuperación y conservación.
Cachorros de lince ibérico.
Cachorros de lince ibérico.

Lince ibérico Lynx pardinus—, oso pardo Ursus arctos— y lobo ibérico Canis lupus signatus— son el triunvirato de la fauna ibérica, tres joyas de la biodiversidad europea que, como tales, están protegidas por leyes y normativas para garantizar su conservación.

Gracias a ello, estos tres mamíferos viven un gran momento, a pesar de la crítica situación por la que pasaron en el pasado y a la crisis de biodiversidad en la que el mundo está inmerso. “A las tres especies les ha ido bien en los últimos años, especialmente al lince y al oso”, asegura José Antonio Montero, redactor jefe de la revista Quercus. Lógicamente, esto no ha sido obra del destino, detrás hay comprometidas políticas medioambientales y programas de recuperación de especies que han hecho revertir la situación en estas últimas dos décadas.

“El caso del lince es indiscutible. En los años 90, la situación era tan terrible que los especialistas no tenían claro que se salvase de la extinción. Muchos creían que se iba a extinguir, sin remedio”, cuenta Montero. Destaca además el periodista que en su recuperación fueron fundamentales la colaboración entre el Ministerio de Medio Ambiente y la Junta de Andalucía —que en aquella época eran de distinto signo político— y los fondos LIFE, el instrumento financiero de la Comisión Europea para la conservación de la biodiversidad

El problema del oso pardo ha sido y es un poco diferente, además de que esta no es una especie exclusiva de España — como sí lo es el lince en la península Ibérica—. El principal problema al que se enfrenta este gran mamífero, al igual que el lobo, es que entra en conflicto con el medio rural y eso siempre ha condicionado su gestión. “Pero también ha ido a más, aunque más lentamente. Eso sí, el núcleo occidental de población es otra historia de éxito”, puntualiza el redactor jefe de la revista decana en conservación.

En lo que al lobo respecta, las noticias también son buenas en estos momentos, aunque siempre envueltas en polémica y debate. Hace ya unos años que, por imperativo de la Directiva de Hábitats de la Unión Europea, el lobo ibérico está protegido al sur del Duero. Pero por encima de este río, en algunas comunidades autónomas, se puede cazar porque es considerado especie cinegética. Una situación que cambiará en las próximas semanas pues su inclusión en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, concederá un régimen de protección especial al lobo y prohibirá definitivamente su caza. “La iniciativa de incluirlo en el LESRPE fue promovida por el Ministerio y refrendada por las Comunidades Autónomas, no sin polémica. Sólo falta que salga en el BOE, que será antes del 25 de septiembre según el Ministerio”, explica Montero.

Lince Ibérico: un ejemplo mundial

En 2020 el censo de lince ibérico en la Península alcanzaba la nada desdeñable cifra de 1.111 ejemplares. Una noticia que se recibió con todo el optimismo del mundo: en 20 años, el Plan de recuperación del lince ibérico ha logrado multiplicar por 10 el número de sujetos. El objetivo: llegar a los 3.500 en 2040.

“Hace veinte años el lince ibérico estaba al borde de la extinción. Un gran incendio forestal en Andújar podría haber supuesto su desaparición. Había menos de cien individuos que se distribuían en dos poblaciones muy localizadas: Andújar-Cardeña y Doñana. En Doñana, además, había problemas muy importantes de endogamia porque esa población llevaba aislada mucho tiempo. Pero lo que era común en las dos era la escasez de conejos, el principal alimento del lince”, explica Ramón Pérez de Ayala, responsable de proyectos del lince en WWF.

“Ahora mismo estas dos zonas no cumplirían, por esa misma razón, con los criterios de las que seleccionamos para la reintroducción. No llegan al conejo por hectárea y seleccionamos zonas con más de 4. En algunos sitios ahora hay 8-12 conejos por hectárea. En Andújar las camadas son de 2 cachorros y en Montes de Toledo de 4, porque tienen mucha más comida las madres”.

Suelta de lince en Almuradiel (Ciudad Real).
Suelta de lince en Almuradiel (Ciudad Real).

Además del valor intrínseco de la especie en sí, el lince es el máximo depredador de nuestra fauna y controla el resto de la pirámide trófica. “Desplaza completamente a zorros, meloncillos y gatos. No desaparecen pero el número de depredadores es menor y favorece la recuperación de especies como el conejo o la perdiz. Se equilibra el ecosistema”, explica Pérez de Ayala.

“La cría en cautividad y su reintroducción en zonas seleccionadas han hecho posible la reactivación del lince”

¿Por qué se llegó a esa situación de emergencia? “Hasta la década de los 70 la Junta de extinción de alimañas pagaba por alimaña muerta, entre ellas el lince. También hay un proceso de cambio de suelo que diezmó la población de conejo. Poblaciones más reducidas de conejo significa poblaciones más reducidas de lince y más facilidad para matarlos”, afirma Pérez de Ayala. Para rematar, se añadieron los atropellos, que hoy siguen siendo la principal causa de mortalidad, además del furtivismo.

En 2002 se empezó a trabajar en la recuperación del felino. La cría en cautividad y su reintroducción en zonas seleccionadas han hecho posible la reactivación de esta especie insigne de nuestra fauna. Hoy, los más de mil ejemplares del felino que campean por la península Ibérica se distribuyen, además de en las zonas históricas, Andújar y Doñana, en Gualdamediato (Córdoba), Guarrizas (Jaén), en Despeñaperros (Jaén), en el valle de Matachel (Badajoz), en Montes de Toledo (Toledo) y en el Valle del Guadiana (Portugal). “Además hay minipoblaciones que se han creado solas, de bichos que se dispersan, pero son incipientes. El trabajo que vamos a abordar ahora es la conexión de estas poblaciones porque el gran problema al que nos enfrentamos es la endogamia. Partimos de 100 linces, así que la diversidad genética es lamentable, bajísima”, aclara el responsable de proyectos del lince en WWF.

La recuperación del lince ibérico es uno los grandes hitos del mundo en lo que a conservación y recuperación de especies, “un ejemplo a nivel mundial”. “Que la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) la haya bajado de especie en peligro crítico de extinción a especie en peligro porque haya mejorado su estatus sólo ha pasado con el oso panda y el lince”, concluye Pérez Ayala.

Oso pardo: el querido morador de los bosques cantábricos

Un ejemplar fotografiado por la Fundación Oso Pardo.
Un ejemplar fotografiado por la Fundación Oso Pardo.

“El oso goza de bastante aceptación social en la Cordillera Cantábrica y eso ha estado en la base de que la población esté recuperándose y de que haya pasado de peligro crítico de extinción a peligro de extinción”, asegura Guillermo Palomero, presidente de la Fundación Oso Pardo, organización que lleva más de dos décadas trabajando en la recuperación de la especie en la Cordillera Cantábrica y Pirineos.

Cuando empezaron a trabajar en este proyecto, la población de oso pardo se reducía a 60-80 ejemplares distribuidos en dos núcleos de población que no se comunicaban. Hoy, la subpoblación occidental cuenta con casi 300 osos y la oriental con alrededor de 50. “Ahora sí hay comunicación entre ambas zonas”, advierte el especialista. “El crecimiento de la población lleva asociado una expansión, especialmente por parte de ejemplares jóvenes machos.Y a están bajando y hay osos en Zamora, en La Cabrera leonesa y han cruzado la A-6 en Galicia”.

“Fue la caza furtiva la que llevó a una situación crítica”, explica Palomero. A pesar de que en 1976 se incluyó al oso en el primer catálogo de especies protegidas, la situación no mejoró y siguieron desapareciendo animales en manos de los cazadores. Hasta que aparecieron en escena organizaciones de conservación y proyectos como la Fundación Oso Pardo, apoyados económicamente por los fondos LIFE.

Otro ejemplar de oso pardo.
Otro ejemplar de oso pardo.

La recuperación del oso pardo en la península se articuló alrededor de tres patas: acabar con el furtivismo, proteger el hábitat e intentar que sus espacios estuvieran en la Red Natura 2000 de espacios protegidos, y trabajar en conseguir la aceptación social. “Esta última es una de las puntas de lanza más importantes y con la que más trabajamos. Eso ha sido clave. Sin aceptación social, no se hubiese conseguido. Hemos hecho mucho trabajo escolar con programas de educación ambiental y hemos hablado mucho con los líderes locales”, argumenta el presidente de la fundación.

Asegura Palomero que en el caso del oso no existe conflicto con los ganaderos porque “los daños al ganado se pueden prevenir en Pirineos y son escasos en el resto del territorio”. Tampoco han tenido problema con los cazadores que han sido sus aliados en numerosas ocasiones. Además, la recuperación de ejemplares también está suponiendo una oportunidad económica: el turismo de observación de osos se va consolidando y cada vez atrae a más gente.

“Lo que es una aceptación social maravillosa puede desaparecer el primer día que un oso muerda a alguien”

“Ahora hay más osos y hay que administrar el crecimiento de la población. Hay que trabajar sobre los osos jóvenes para que no se habitúen a explorar núcleos urbanos, a comer en la basura o ir a por las frutas que no coge la gente. Si no lo hacemos bien, se nos puede ir de las manos y lo que es una aceptación social maravillosa puede desaparecer el primer día que un oso muerda a alguien”, concluye con cautela el presidente de la Fundación Oso Pardo.

Lobo ibérico: el oportunista emblema de nuestra fauna

Ejemplar de lobo ibérico.
Ejemplar de lobo ibérico.

Si en el siglo XIX el lobo ibérico colonizaba prácticamente la totalidad de la península Ibérica, a lo largo del XX comenzó un retroceso que alcanzó su máxima expresión en la década de los 70, según ASCEL, Asociación para la conservación y estudio del lobo ibérico, organización que impulsó su inclusión en LESRPE para garantizar su protección.

Las causas de esta regresión hay que buscarlas principalmente en la caza furtiva y en los envenenamientos, pues el lobo siempre ha sido una amenaza para ganaderos y agricultores.

Actualmente, la población de este mamífero ronda los 2.500 ejemplares, que se concentran en el noroeste de la península Ibérica —Castilla y León y Galicia—, con unos enclaves residuales en el centro y sur de España.

“En 2011 aparecieron lobos criando en la sierra de Madrid. Es curioso que estén a pocos kilómetros de una ciudad europea”

“El lobo está en expansión”, asegura el periodista especializado José Antonio Montero. Su presencia no ha dejado de aumentar en las últimas décadas, y sus poblaciones en Castilla y León y Galicia son las mayores de Europa occidental. “Las dificultades que amenazan no tienen nada que ver con el lince o el oso. Es un oportunista que se busca la vida y se adapta. De hecho, hace ya años que bajó de las montañas y se extendió por la llanura cerealista, por la Meseta. Y en 2011 aparecieron criando en la sierra de Madrid. Es curioso que haya lobos a pocos kilómetros de una ciudad europea”, destaca

“Ya han transcurrido 50 años desde que en 1970 Félix Rodríguez de la Fuente diera aquel primer paso, consiguiendo que el lobo dejase de ser perseguido como una alimaña al ser parcialmente protegido como especie cinegética en la Ley de Caza 1/1970, la cual sigue vigente en algunas comunidades y, paradójicamente, es más conservacionista en algunos aspectos que otras normativas más recientes. Sin embargo, aquella medida que salvó al lobo ibérico de su inminente extinción ya está caduca y resulta insuficiente para garantizar el futuro de la especie a largo plazo y para permitir la expansión del área de distribución de la especie, que apenas ha variado desde entonces”, expone uno de los párrafos del Manifiesto por la Protección del Lobo.

En esta declaración, rubricada por más de 300 científicos y organizaciones medioambientales, se solicita que se haga efectiva “sin más dilación, la inclusión del lobo (Canis lupus) en el listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESRPE), tal y como se acordó en 4 de febrero de 2021”. Y es que la aprobación de esta medida, a pesar de ser un hito en la historia de la conservación de nuestros país, ha despertado el temor de ecologistas y naturalistas de que, al final, esta protección no se haga efectiva, pues hasta que no se publique en el BOE no puede exigirse su cumplimiento, además de que hay sectores que la consideran insuficiente.

En el otro lado, ganaderos y cazadores muestran su descontento con este cambio de legislación sobre el lobo en España, temerosos los primeros de que aumente el número de ataques a sus animales. Un conflicto social que ha existido siempre y en el que administraciones y organizaciones han puesto el foco principal, apostando por la puesta en marcha de soluciones que podrían ser efectivas.

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