Nos deshacemos de las corbatas: ¿decimos 'hola' a las guayaberas?

A la propuesta del presidente Sánchez se unen otras voces que apuestan por la relajación de las normas del vestir para adaptarse al calor y a la diversidad social.
Felipe VI durante su viaje oficial a Cuba en 2019: a la izquierda, con traje, y a la derecha, con guayabera.
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Felipe VI durante su viaje oficial a Cuba en 2019: a la izquierda, con traje, y a la derecha, con guayabera.

“Me gustaría que vieran, en fin, que no llevo corbata. Eso significa que todos podemos también ahorrar desde el punto de vista energético. Y he pedido a los ministros y ministras, y a todos responsables públicos, y me gustaría también al sector privado, que cuando no sea necesario no utilicen la corbata”.

Esta fue la primera medida que Pedro Sánchez anunció para conseguir ahorrar energía: fuera la corbata. El efecto de sus palabras fue inmediato, pero no en la reducción de la demanda eléctrica sino entre la opinión pública, entre aquellos que aplaudían la idea, los que la consideraban completamente vacía y aquellos que la condenaban por ser una propuesta que iba contra las normas del ‘bien vestir’ y la tradición.

“Hay que recordar que es una medida que ya se implementó en Japón en 2005”, recuerda Diana Rubio, Directora del Instituto Mediterráneo de Estudios de Protocolo. En el país nipón llevar traje oscuro es norma obligada para los políticos, pero ese año, con el objetivo de cumplir con el Protocolo de Kioto, al llegar el verano, el gobierno japonés decidió saltársela. La iniciativa, denominada Cool Biz, fijó como aceptables el uso de polos, camisas de estilo hawaiano e incluso sandalias para acudir al parlamento y lo recomendaba a la población en general.

Rubio también advierte que este debate tampoco es nuevo en nuestro país y que en 2011 el exministro de industria, Miguel Sebastián, tuvo un sonado rifirrafe con José Bono, presidente del Congreso, a cuenta de la corbata. “La idea de quitarse la corbata no es una idea de este ministro, es una idea de un gobierno conservador de Japón en el año 2005. Se hace porque por cada grado que elevamos la temperatura reducimos el aire acondicionado, se ahorra un 7%. Sé que es un pequeño gesto pero millones de pequeños gestos consiguen grandes ahorros”, argumentaba Sebastián. La respuesta de Bono no dejó lugar a dudas y afeaba al ministro: “Agradezco a los que viene con corbata a la cámara porque así me ayudan a poder mantener la disciplina de vestido con los ujieres que están con chaqueta y corbata”.

“Creo que en este momento, el presidente ha utilizado el tema de la corbata como cortina de humo”, sostiene la experta en protocolo y etiqueta que, de la misma manera, no entiende el ruido que generaron estas palabras del presidente del Gobierno. “El protocolo no obliga a nada, tan sólo sugiere la etiqueta y es cosa del invitado el querer tener esa cortesía con el anfitrión. Tampoco obliga a ponerse corbata, pero a nivel institucional estamos acostumbrados a ciertas formalidades en la vestimenta como es su uso. Pero ha habido gente a la que el rey ha invitado a una audiencia y no se han puesto corbata. No es obligatorio pero es una deferencia”, explica.

Si hablamos del Congreso, explica Rubio, que los diputados vayan con traje de chaqueta y corbata forma parte de la imagen institucional. “Pero a día de hoy prima más la imagen particular del político que la de la institución en la que está trabajando. Y no son normas que estén escritas pero surgen por tradición. Es que es como si tú vas a Mercadona y las personas de la caja van cada una como quiere y no con uniforme”, argumenta.

Hasta hace dos años, Nueva Zelanda era el único país que tenía escrito por ley que la corbata era obligada para asistir al Parlamento, hasta que en febrero de 2021, Jacinta Ardem prescindió de esa norma pues se consideró que occidentalizaba a las minorías étnicas del país. “No es una cuestión estética sino política porque permite a las minorías vestir como ellos visten, dentro de la etiqueta formal de las tribus neozelandesas y no de las occidentales”, explica Anitta Ruiz, experta en moda e imagen.

Disputados del grupo Francia Insumisa el pasado 2 de agosto en el Parlamento.
ALAIN JOCARD via AFP via Getty Images
Disputados del grupo Francia Insumisa el pasado 2 de agosto en el Parlamento.

Algo parecido está pasando ahora en Francia, señala Ruiz, donde el grupo de Mélenchon, Francia Insumisa, lleva varias semanas acudiendo al hemiciclo sin corbata, y no por una cuestión de ahorro energético sino por considerarla elitista. “Pero esto ya lo vivimos nosotros con la entrada de Podemos y la relajación estética”, recuerda la asesora de moda.

¿Sin corbata y sin traje?

Aunque sin quitarle su parte de culpa, no parece ser la corbata el elemento principal de la vestimenta masculina que da calor. La chaqueta, la camisa y el pantalón del formal traje con el que los hombres visten en determinados contextos no colabora a la hora de refrescar en los intensos días de verano. Entonces, además de la dichosa corbata, ¿terminarán por desaparecer los trajes en los días de calor?

“En España no podemos olvidar que, aunque seamos europeos, esta Europa del sur no tiene las mismas temperaturas que los países anglosajones o los nórdicos, pero en esa uniformización del vestir masculino de todo occidente se han priorizado los climas fríos sobre los cálidos”, observa Ruiz, que apuesta por elegir en verano trajes de lino, con más porcentaje de seda o de otros tejidos naturales más frescos y descartar los que están hechos con materiales sintéticos que dan más calor.

Aún así, la asesora de moda reconoce que el vestir masculino está muy poco adaptado al calor: “Por eso, yo siempre promulgo que tendríamos que ser mucho más hermanos de los latinoamericanos y poner de moda la guayabera”. La guayabera es una especie de camisa, hecha con algodón o lino, de manga larga, con bolsillos en la pechera, que se lleva por fuera del pantalón y tiene su origen en los países del sur de América. “En hispanoamérica es una prenda de ceremonia, es una prenda elegante. Ya vimos al rey en cumbres iberoamericanas lo estupendo que va con guayabera. Es a ella donde deberíamos llegar si, como dicen los expertos, las temperaturas siguen subiendo”, afirma.

Letizia, Felipe VI y Josep Borrell, ambos con guayabera, durante su viaje oficial a Cuba en 2019.
Jesus Briones GTRES
Letizia, Felipe VI y Josep Borrell, ambos con guayabera, durante su viaje oficial a Cuba en 2019.

Con guayabera, de color azul y combinadas con vaqueros, hemos visto de nuevo al rey en Mallorca hace unos días, el pasado 1 de agosto cuando visitó junto a la reina y sus hijas la Cartuja de Valldemossa.

Igual que Felipe VI y Anitta Ruiz, el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, también se muestra a favor de ellas. “Quizás se pueden ir generalizando estas camisas que no sé si se llaman guayaberas o habaneras, que son muy prácticas para el verano y pueden ser todavía más eficaz que el tema de la corbata”, aseguraba esta misma semana en una entrevista en la que animaba a los malagueños a disfrutar en mangas de camisa de la Feria de Málaga que tendrá lugar del 13 al 20 de agosto.

Relajar las normas, una realidad a medio plazo

“Yo no creo que se acabe con el traje de chaqueta. Que se pueda flexibilizar en determinadas ocasiones, por supuesto que sí, pero acabar con ello no, porque a nivel social también está muy arraigado ponérselo para algunos actos sociales, además de los ambientes institucionales o de trabajo”, expone Diana Rubio. Pero ella sí que ve factible que, en determinados contextos, pueda desaparecer o que las empresas creen nuevos códigos de vestimenta que prescindan del traje dependiendo del tipo de reunión, la persona con la que se vaya a reunir o la estación del año. “Esa sería la evolución normal del protocolo, que no es una disciplina rígida y obsoleta, sino que tiene como objetivo propiciar un buen clima de convivencia entre todos y se adapta a los cambios sociales”, aclara.

“Ya hay empresas jóvenes y modernas en las que los chicos van en pantalón corto a trabajar y no van mal vestidos, ese es su código de vestimenta. Pero mira Mark Zuckerberg, que siempre va con su camiseta gris o sus jerseis, cuando se tuvo que enfrentar a la justicia de los Estados Unidos llevaba un traje de chaqueta. Parece que así le tomaban más en serio”.

Mark Zuckerberg testifica ante el Congreso de Estados Unidos por el escándalo de Cambridge Analytica en 2018.
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Mark Zuckerberg testifica ante el Congreso de Estados Unidos por el escándalo de Cambridge Analytica en 2018.

Coincide plenamente Ruiz con este planteamiento y considera los binomios trabajo-traje o trabajo-pantalón largo algo que tenemos muy solidificado y va a tardar mucho tiempo en cambiar. “Excepto en ambientes que ya lo hacen, como en redacciones de medios jóvenes o relacionados con la moda, agencias de publi y empresas de internet, no creo que se llegue a ir mucho más allá en un corto periodo de tiempo y todo es por una cuestión de asimilación estética. Es decir, todos los seres humanos tenemos esta capacidad de prejuzgar estéticamente —aunque luego nos preguntemos qué estamos haciendo— y la evolución estética es mucho más lenta de lo que podría parecer”, argumenta. Y el ejemplo más ilustrativo serían los tatuajes: aún hay un perfil de la población que "no ve bien que un médico pueda llevar determinados tatuajes”.

También recuerda Anitta Ruiz que, desde hace unos años, las revistas masculinas exhiben en sus editoriales trajes de chaqueta con pantalón corto y, de momento, no es una solución veraniega que se haya convertido en tendencia de moda.

“Esta bomba de humo que ha sido el anuncio de relajar ciertas normas en la vestimenta ya pasó. Las vivimos durante la pandemia cuando, sobre todo, se apostó por la comodidad. El teletrabajo y las reuniones virtuales han hecho mucho más por el relajamiento en el vestir que el hecho de decir que, con calor, la corbata fuera para contribuir al ahorro energético”, concluye Ruiz.

"Ya no puedo más"

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