POLÍTICA
24/06/2021 15:49 CEST

En el corazón del 'junquerismo': cómo viven sus vecinos el indulto

El día de Sant Joan en Sant Vicenç del Horts tras el perdón: "era un injusticia", "espero que sirva para todos", "se calmará la tensión", "lo volverán a hacer"...

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Cartel en Sant Vicenç dels Horts

“1-OCT, NI OBLIT NI PARDÓ”. El graffiti perfora los bajos de las vías del tren de la estación de Sant Vicenç dels Horts, a apenas 21 kilómetros de Barcelona. “Es como si hubiera explotado una bomba atómica”, dice un vecino, pero no por los indultos, sino porque no hay nadie en la calle. Es Sant Joan, muchos han huido de puente y otros pasan la resaca en casa tras la mágica noche para quemar lo malo.

Es la primera mañana en libertad de Oriol Junqueras, el vecino más famoso de este núcleo del Baix Llobregat, con unos 21.000 habitantes. Él fue su alcalde entre 2011 y 2015, y ahora símbolo de la resistencia del independentismo.

Antes de estar en la cárcel, le gustaba pasear por sus calles, comprar el pan en la tienda, llevar a sus niños al colegio, sentarse en el banco frente a la iglesia para charlar, según confiesan algunos de los vecinos. Ahora esta ciudad está dominada por el PSC (con el apoyo de Cs en la investidura), pero respira más tranquila tras el perdón concedido por el Consejo de Ministros.

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San Vicenç dels Horts

Algunos vecinos y amigos han decidido colgar en sus balcones telones blancos con el rostro de Junqueras al calor de un: “Benvingunt, Oriol”. Algunos carteles también de “Amnistía” en algunas ventanas y muchos lazos amarillos en las farolas de la calle donde vive el líder de Esquerra. Junto a su casa un cartel con su rostro con un “free” en mayúsculas.

Emi Torres pasea junto al ayuntamiento, que tiene colgado un cartel pero de apoyo a las víctimas del covid. Ella conoce personalmente a Junqueras y han estado juntos hasta en fiestas infantiles. “Es una gran noticia, lo valoro de manera positiva, era muy injusto”, explica.

¿Ayudará a solucionar la situación en Cataluña? Responde directa: “Quiero pensar que sí, a ver si se calma la tensión”. Para lanzar este augurio: “Espero que a nivel de gente sí, no creo que a nivel de partidos, especialmente por los de derechas”. 

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Emi Torres, con su pareja

Flashblack de Emi a los años de Junqueras como alcalde: “Siempre le recuerdo que puso a Sant Vicenç en el mapa, no había actividades culturales”. Esta pequeña ciudad vivió tradicionalmente de la agricultura, y hoy está volcada también en el sector servicios. Hace también de dormitorio de Barcelona y cuenta asimismo con vecinos que trabajan en la fábrica de Seat en Martorell.

“Era muy cercano, muy participativo”, sigue Emi señalando sobre Junqueras. “Me sentó muy mal”, añade sobre la entrada en prisión tras el 1-O, con un suspiro agrega: “Espero que esto sirva ahora para todos colectivamente”.

Uno metros allá, en la plaza de Sant Jordi frente a la iglesia en honor a Sant Vicenç mártir, están sentados Antonia y José, amigos de la zona. Están con la tertulia diaria bajo la sombra de un árbol en este ya pegadizo junio. José nació en Almería y emigró, de niño, con su familia en los cincuenta. “Cataluña es mi tierra”, subraya, y está a favor del indulto: “Era una injusticia”. Apoya la independencia, “pero por mi edad no la voy a ver”. Lo que le echa en cara al exalcalde es que crea que ya es posible: “No es fácil”. “Cataluña no pertenece a...”

Le corta Antonia: “Yo nací frente a esta iglesia y creo que esto tiene que pertenecer a España”. Para añadir: “Lo importante es que estemos bien después de la pandemia y de tantos muertos”. “Esto no hubiera pasado en Europa”, le contesta José. Y recuerdan ambos que en este banco se solía sentar el propio Junqueras.

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Antonia y José

Un poco más arriba Carmen va a comprar el pan en una cafetería muy cercana a donde vive Junqueras. Ella lleva 25 años en Sant Vicenç. Le parece “fatal” el indulto, está totalmente en contra y resopla diciendo que hay gente en la cárcel que ha cometido delitos menores. Ella dice que cuando pasaba junto a él por el pueblo miraba hacia otro lado.

Piensa en esta mañana de Sant Joan que el indulto no va a servir para nada: “Lo volverán a repetir”, vaticina antes de meterse en el coche con su barra de pan caliente. Al minuto pasan otros vecinos, que no quieren meterse de lleno en el asunto, pero dicen que tienen muy buen trato con él, aunque tiene una “paranoia” con la independencia.

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Carmen

Tiene Sant Vicenç un aire desordenado, de urbanismo a cachos, de una casa de verano casi derruida de la burguesía barcelonesa pegada a un bloque más setentero salpicado de hilos de adosados. Por supuesto, con esteladas, pero también otros vecinos han puesto sus banderas de España en los balcones, con algunas senyeras buscando protagonismo en ventanas. Un coche de los Mossos vigila la zona de la casa de Junqueras, aunque apenas pasa nadie.

Un municipio que se simboliza en ruedas de molino y palmas, como el martirio de San Vicente, y que se reencuentra también con la modernidad de un paso de cebra pintado con los colores del arco iris. Si alguien se anima, se anuncia como gran concierto del verano uno de tributo a Luz Casal. Ay, piensa en mí.

De los contenedores de reciclaje vuelve Isabel, otra vecina de Junqueras. No quiere hablar de política, pero sí de la situación del líder republicano. ¿El indulto? “Se lo merece”, contesta, para argumentar: “Yo creo que hay gente que ha hecho cosas peores”. En una pared un poco más abajo, todo se resume en una pintada: “Visca Cataluña”, alguien ha añadido “y España”, otros han puesto delante un “fuck” y algunos lo ha tachado con forma de corazón.

Sant Vicenç y la resaca del indulto... y de Sant Joan. 

 
 
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