INTERNACIONAL
31/08/2019 12:52 CEST

Por qué Bolsonaro no es el único culpable de los incendios en la Amazonia

Ni Brasil es el único país afectado por la deforestación.

AFP
Evo Morales, Jair Bolsonaro y Mario Abdo.

¿Es Jair Bolsonaro el árbol que esconde el bosque de todos los dirigentes sudamericanos que amenazan la selva amazónica?

El presidente brasileño se encuentra en el centro de las críticas internacionales por la devastación del “pulmón del planeta” estas últimas semanas. No obstante, no es el único que está poniendo en peligro esta joya natural, según las ONG que están sobre el terreno y que alertan de otras prácticas aún más destructivas. Tanto en Brasil como en otros países. 

Los datos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales del Brasil (INPE) son alarmantes. Muestran una aceleración del 88% de la deforestación en Brasil en 2019 frente a las cifras de 2018. Al mismo tiempo, los incendios aumentan un 83%. 

Jair Bolsonaro concentra —justamente— todas las críticas por su política que anima a los explotadores a acelerar la deforestación. Preguntado por la BBC, Ricardo Mello, a la cabeza del programa Amazonia de WWF, estima que los incendios son “la consecuencia del aumento de la deforestación que reflejan los últimos datos”. Y esa imagen del “Trump sudamericano” tampoco va a mejorar a ojos de los ecologistas después de su pueril disputa con el presidente de la República francesa, por la cual Bolsonaro sólo aceptaría la ayuda internacional para combatir los fuegos si Macron pedía disculpas.

No obstante, más allá de toda la atención que se está llevando Brasil —porque también concentra la gran mayoría de los incendios en la Amazonia—, no deberían pasar desapercibidos otros dirigentes sudamericanos, no exentos de culpa. El boliviano Evo Morales y el paraguayo Mario Abdo deberían sentarse junto a Jair Bolsonaro en el banco de los acusados.

En Bolivia, las promesas incumplidas de Morales

Como a su homólogo brasileño, a Evo Morales le señalan con el dedo por su política agrícola. Presionado por las organizaciones medioambientales locales, finalmente el dirigente de izquierdas ha aceptado la ayuda de varios países de la región y de España para combatir los incendios incontrolados que asolan desde hace varias semanas el Pantanal boliviano, que linda con Brasil y Paraguay. De hecho, ha tenido que suspender temporalmente su campaña electoral, cuando a finales de octubre tratará de revalidar su mandato, que ya sería el cuarto.

Lo que más critican las organizaciones ecologistas es el “chaqueo” (las quemas), una práctica que, según ellas, promueve el Gobierno al respaldar la extensión de las actividades agrícolas intensivas.

“Hablamos de una política de Estado pactada con el sector empresarial de Bolivia para extender la frontera (...) a la agricultura intensiva, a la soja genéticamente modificada, a las plantaciones de caña de azúcar y a la habilitación de pastos para la cría de ganado”, denuncia Leonardo Tamburini, director del Centro de Estudios Jurídicos e Investigación Social (CEJIS).

El Gobierno ha perdido el norte en cuanto a los principios filosóficos e ideológicos que le llevaron al poder en 2006 y tiene como base un modelo de desarrollo extractivista

Los ecologistas critican una ley de 2016 que amplía las superficies autorizadas para la tala de 5 a 20 hectáreas y un decreto de julio que permite los incendios controlados para deforestar.

Los siguientes gráficos muestran, en efecto, que el año 2016 es clave, y los datos de la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra representan el giro agrícola de la política boliviana. El primero muestra hasta qué punto Evo Morales contribuyó a atajar, hasta 2015, la deforestación galopante. Y el efecto principal fue la drástica disminución de los incendios en el territorio. Al año siguiente, es decir, el de la polémica ley sobre la deforestación, se dispararon los incendios forestales —como refleja la segunda imagen—, alcanzando un nivel inédito en seis años.

@ABT
@ABT
Estos dos gráficos muestran la correlación entre deforestación e incendios en Bolivia.

¿Y en Paraguay? “La selva no está a salvo”

Leonardo Tamburini señala que el Gobierno de Evo Morales actualmente va en contra de lo que hasta ahora representaba el jefe de Estado boliviano: un indio aymara, gran defensor de la naturaleza y uno de los promotores de la Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra, creada por iniciativa de los pueblos amerindios. “El Gobierno ha perdido el norte en cuanto a los principios filosóficos e ideológicos que le llevaron al poder en 2006 y, desde entonces, tiene como base un modelo de desarrollo extractivista” de explotación masiva de los recursos naturales, lamenta.

El tercer país de la región afectado por los dramáticos incendios es Paraguay. Igual que en Brasil y en Bolivia, las zonas afectadas son particularmente extensas y el balance será caro.

“Alrededor del 90% de las 15.000 hectáreas de la reserva natural de Tres Gigantes han sido arrasadas por los incendios y en torno a 41.000 hectáreas se han perdido en las reservas del Pantanal paraguayo”, ha detallado esta semana Julio Mareco, miembro del ministerio de Medio Ambiente.

Como casi todo ya está en manos privadas, los propietarios deforestarán sus bienes, venderán la madera y transformarán el resto en pasto

Las ONG arremeten también contra los gobernantes, concretamente, contra el conservador Mario Abdo. Para Jony, del movimiento mundial por los derechos de los pueblos autóctonos Survival International, “la selva no está a salvo”. “Los incendios ilegales masivos que vemos en Brasil no se producen hasta ese punto en Paraguay, pero eso no quiere decir que la selva esté segura, porque no lo está”, explica a la edición francesa del HuffPost. Y prosigue: “Como casi todo ya está en manos privadas, los propietarios naturales deforestarán la mayoría de sus bienes, venderán la madera y transformarán el resto en cultivos o pasto para el ganado”.

La complicidad de Occidente

La organización acusa a las autoridades de alentar este sistema desastroso para la Amazonia pero jugoso para las empresas privadas. “Las comunidades autóctonas deben recuperar sus tierras en un proceso largo y burocrático, que es igualmente costoso”, explica Jony. “Pero el Gobierno no hace nada”, lamenta.

Pero, claro, a estos países no se les pasa por la cabeza hacer una pizca de autocrítica. Evo Morales, siguiendo la línea climato-escéptica de Jair Bolsonaro, ha achacado los incendios de la Amazonia a la sequía.

Agradeció con días de retraso a los países del G7 su “pequeño, pequeño, pequeñísimo, aporte de 20 millones de dólares”, pero Morales considera que los países más industrializados “deberían aportar bastante, y no solamente cuando hay incendios”. “Eso no es ayuda, es parte de una corresponsabilidad compartida, como todos los pueblos tenemos la obligación”, afirmó el gobernante en una entrevista con la radio Panamericana este miércoles.

No obstante, los dirigentes sudamericanos no son los únicos en el punto de mira. Desde hace varios días, también los gobiernos de países industrializados se están viendo como “cómplices” del desastre actual en la Amazonia. Estas son las palabras del presidente francés, Emmanuel Macron, que este lunes reconoció que “en la soja, tenemos una parte de responsabilidad”, aludiendo a “la dependencia” de su país a esta cultura del apoderamiento progresivo de la selva amazónica.

En 2017, Francia compró el equivalente a 98,3 millones de dólares de vainas de soja y 529 millones de harina de soja para alimentar a su ganado, según la Organización de Naciones Unidas. Por su parte, la Unión Europea es el segundo importador de soja del mundo y se abastece principalmente en Brasil.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Francia y ha sido traducido del francés por Marina Velasco Serrano

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