30 minutos con Romuald Fons, el millonario español que cobra 20.000 euros la hora

El conocido como 'rey del SEO' explica su historia en 'Crece y hazte rico. 51 leyes para atraer el éxito y el dinero'.
Romuald Fons, empresario conocido como 'el rey del SEO'.
EVA SANZ / PLANETA
Romuald Fons, empresario conocido como 'el rey del SEO'.

Cobra 20.000 euros la hora, por lo que disponer, de manera gratuita, de 30 minutos de su tiempo lleva, inevitablemente, a hacer cálculos. Hace ocho años Romuald Fons (Barcelona, 1977) estaba arruinado. Ahora es millonario.

El empresario, conocido en el mundillo del marketing como El rey del SEO —la técnica (o arte) de saber posicionar en Google—, atiende por teléfono a El HuffPost con motivo de la publicación de un libro en el que da las claves de cómo lo logró, Crece y hazte rico. 51 leyes para atraer el éxito y el dinero. Lo hace con tono cercano y animado, pero también con el aplomo que le da saberse “cojonudamente bueno” en su campo.

Su historia es la de un joven que trabajaba de lunes a viernes en un trabajo corriente y que los fines de semana se los dedicaba al rock... hasta que llegó un embarazo sorpresa. Para sostener a su nueva familia, lo dejó todo y montó una red social para coleccionistas. Fracasó. Después puso en marcha una plataforma de compraventa. Otro batacazo. Cuando vio que económicamente estaba tan tocado que no podía permitirse una vacuna para su hijo, se apuntó a una web en la que redactaba contenidos para empresas como freelance.

Así y poco a poco, de manera autodidacta, metió la patita en el mundo del SEO. El primer mes ganó 2,84 euros. El segundo, aún menos, apenas céntimos. Pero insistió. A los tres años ya facturaba más de 18.000 euros y pronto su burbuja estalló. Y ya cuando abrió su canal de YouTube, reventó del todo: allí congrega a día de hoy a 800.000 seguidores y, con un curso sobre cómo crecer en la plataforma, CreceTube, ha llegado a ganar un millón de euros en una semana.

Las cifras suenan bien pero, como sostiene, debajo hay muchos sacrificios y momentos de hacer cosas que no le hacen feliz, junto a una factura en salud mental.

¿Qué es lo que lleva a un millonario a escribir un libro?

Muchas cosas. En primer lugar, el hecho de que te contacte una editorial. Yo no me lo había planteado en serio hasta este momento. Me dedico a enseñar lo que he aprendido en YouTube y dije ‘¡ostras, un nuevo canal, un libro!‘. Y después el hecho de que, caray, lo que yo he aprendido, que no solo me sirva para mí: poder compartir esto con más gente, llegar a un público distinto del que tengo habitualmente, generar marca... no veas tú ahora la locura que tenemos montada con la presentación del libro, que vamos a hacer casi una obra de teatro, como si fuera un concierto... Todo esto a mí me da vidilla y dije ‘venga, vamos a hacerlo’.

Dices que no existe una fórmula tal cual para hacerse rico; en este libro propones 51 leyes. ¿Qué es lo que se va a encontrar el lector?

Con un libro que le va a dar muchas collejas. Tú piensa que cuando empecé el tema de emprender y el tema de generar empresa y patrimonio, leí muchos libros. Leí los típicos. De hecho, el nombre de mi libro hace referencia al clásico de Napoleon Hill de Piense y hágase rico, pero por mi experiencia, querido Napoleón, pensando no te haces rico: tienes que crecer, tienes que pasar a la acción. Digamos que mucho de lo que he leído no concuerda con lo que he tenido que hacer para generar esa riqueza. Eso de que si quieres algo mucho va a suceder y que el universo conspira a tu favor son chorradas. El mundo no es así, es mucho más duro y más cruel, pero decir eso queda muy bien en una taza y te ayuda a vender tazas, pero no es cierto.

Es un libro crudo, directo, conectado con la realidad de hoy en día y que pone de manifiesto lo que muchas veces no se cuenta: lo duro y lo difícil y lo arbitrario que es el mundo muchas veces. Soy más de acción que de formación, yo no he estudiado ni para tener empresas ni para hacerme millonario; lo que he visto que era bullshit [tontería] lo intento derrumbar y transformarlo en lo que sí que veo que funciona. Son capítulos cortos, muy directos, que se resumen en una ley y que lo que intentan es que el lector pierda el menor tiempo posible y que desaprenda todo lo que la sociedad le ha metido en la cabeza.

¿Cualquiera puede hacerse rico?

Esta pregunta es la del millón [se ríe]. Realmente, sí. Fíjate, en el mundo hay ricos de todo tipo: inteligentes, estúpidos, gente guapa, gente fea... La realidad nos demuestra que sí, que todo el mundo puede, pero esto no se tiene que confundir con que hay que seguir una receta y unos pasos que te lleven a eso. Cada persona tiene una maleta de habilidades y depende de cómo las utilice aumenta las posibilidades de generar dinero o no. Ser resiliente te puede venir muy bien en algunos casos, pero si lo que estás haciendo no es lo correcto te vas a dar con la misma pared 50 veces. Es entender la realidad, sobre todo auditarse a uno mismo, ver cuáles son tus fortalezas, apostar por ellas y luego aplicar las leyes de las que hablo en el libro.

¿Y emprender es para todo el mundo o no todo el mundo es apto para ello?

Esta es la segunda pregunta del millón [vuelve a reírse]. No, no todo el mundo tiene las mismas habilidades para ello. El tema es que emprender puede emprender todo el mundo, pero hay mucha gente que realmente no quiere emprender y se cree que quiere. En esta sociedad se está ensalzando demasiado el romanticismo de ser empresario, de ser tu propio jefe como única forma de ser libre y eso es una tontería: la séptima persona al mando de Microsoft es más millonaria que el 99 o 97 % de los empresarios del mundo. Ser empresario —de esto hablo de forma muy cruda con experiencias personales que he tenido— es muy duro y te exige mucho sacrificio y cuanto más quieres conseguir más tienes que sacrificar.

Cuando he dicho que daba collejas iba en esta dirección. ¿Tú quieres ser emprendedor? Pues emprende, a mí qué me cuentas, no necesitas el beneplácito de nadie ni hacer 50 cursos. Yo no los hice y mucha gente de éxito no los ha hecho. ¿Todo el mundo puede emprender? Sí. ¿Todo el mundo está hecho para ser emprendedor... aceptará y se sacrificará lo necesario para serlo? No.

Hay una parte en la que defiendes que disfrutar no es una prioridad para ti cuando hablas de trabajo o la idea de ‘primero hazte rico y luego ya te dedicas a tus pasiones’. ¿En qué lugar queda la vocación?

Considero que la felicidad está sobrevalorada, sobre todo esa gratificación inmediata que busca esta sociedad cada vez más. Realmente es una lacra, la gente quiere conseguir las cosas muy rápido y esforzándose poco. Yo no tendría por qué estar trabajando y muchas veces hago cosas que no me apetecen y me jodo y lo hago durante días y eso no me hace feliz. Estaría más feliz con mis hijos en la playa tomando algo, pero lo hago igualmente porque lo que me motiva es lo que persigo.

La vocación es fabulosa. De hecho, en un capítulo lo explico, si tú tienes una vocación puedes hacer dos cosas: intentar transformarla en tu trabajo —y eso está muy bien pero a nivel emprendedor, cuidado, porque a la gente le importa una mierda tu vocación y al mercado también— y, si lo consigues, te ha tocado la lotería, pero la forma más inteligente de dedicarte a una vocación es generar un negocio que te dé dinero (ofreciendo algo que solvente un problema, que ayude a la gente o que la entretenga, que la gente sí que está dispuesta a pagar por ello) y después, cuando ya lo tienes y te funciona, dedícate a tu vocación.

De esto me he encontrado en mi vida, ‘yo quiero ser panadero’, pues me parece genial. ‘Y voy a montar una panadería’, ¡cuidado! Y monta una panadería en el centro de un pueblo donde hay otras cuatro. ¿Qué es lo que ocurre? ¡Pues que no funciona! ‘Pero es mi vocación’, pues nada tío, ahora a trabajar en Mercadona, que es donde está. A lo mejor lo que tendría que haber montado es una papelería, por poner un ejemplo, porque no había copisterías y estás al lado de un colegio, pones a alguien que trabaje por ti, que genere tu sueldo y luego te montas tu panadería y te pasas todo el día haciendo panes. Ahí estarás disfrutando de tu vocación y generándote ingresos, esa es la parte que la gente no entiende. Se ha romantizado demasiado el tema de seguir tu vocación y que si quieres algo muy fuerte lo consigues. El mundo está lleno de gente que quiere muy fuerte algo y que se pega una hostia contra la pared.

Portada de 'Crece y hazte rico', de Romuald Fons.
PLANETA
Portada de 'Crece y hazte rico', de Romuald Fons.

Hablas también de esa idea de pivotar, algo que quizá sí se practica más en culturas como la anglosajona que quizá aquí en España, esos cambios de rumbo vitales o de carrera. ¿Estamos fallando en eso?

En general el ser humano falla en el tema de pivotar. Tenemos demasiado apego a lo que hemos hecho hasta ahora y eso nos lleva a tomar decisiones incorrectas muchas veces. ‘Es que yo me he esforzado mucho’... pero si la vida te está dando señales de que no funciona, ¿qué tal si haces otra cosa? ¿O qué tal si aprovechas esta oportunidad que te ha aparecido haciendo esto?

En mi experiencia, todas las empresas que han sido capaces de pivotar, han sido capaces de crecer. ¿Te acuerdas hace tiempo la cantidad de sitios que había para revelar los carretes de fotos? Hay muchos de ellos que se han transformado en otra cosa, pero el que ha pensado ‘no, no, siempre habrá un público que querrá revelar’....

El purista, ¿no?

El purista normalmente es o el punto de referencia de los nostálgicos o el mercado se lo come. Pivotar es necesario y a nivel vital —no me considero todavía lo suficientemente iluminado como para ir dando consejos a nivel personal, de hecho digo ‘no me toméis como ejemplo’ porque todavía tengo muchas cosas, comportamientos tóxicos, que me han ayudado pero a lo mejor a otra persona la hunden— sí, pivotar en la vida está muy bien. Si con una pareja no eres feliz, inténtalo, vale, pero si ves que no, pues sepárate, divórciate, lo que haga falta. Esta concepción de hasta que la muerte os separe... ¿qué puta mierda es esa? ¡Que solo tenemos una vida!

Me llama la atención que te llaman mucho el rey del SEO pero es porque te lo empezaste a llamar tú...

Realmente soy cojonudamente bueno en el SEO y eso lo he demostrado muchas veces. Eso de alguna forma tienes que transmitirlo hacia fuera. La gente empezó a llamarme que si el Dios, el mesías... Yo quería tener un nombre representativo y coincidió que vi una entrevista de Dalí, que llamó a su libro Diario de un genio y se le reía el entrevistador, un poco como tú ahora diciendo ‘¡pero cómo te pones ese título!’ y contesta ‘porque si no me lo digo yo, cómo me lo van a decir los demás’. Y dije ‘¡joder, Dalí, qué listo eres, qué buen marketer! Y a partir de ahí dije ‘pues ahora yo del rey del SEO’. Hice un vídeo diciendo ‘¡soy el rey del SEO!’, ¡un vídeo! Y lo posicioné.

La cosa pilló tracción. Empezó como una broma pero ya ha salido en este periódico, en el otro... pues ya es algo que no me puedo quitar y le tengo cierto aprecio. De hecho, le doy las gracias a Dalí. Dalí, allá donde estés, me diste una buena idea que realmente ha funcionado.

“Soy cojonudamente bueno en el tema del SEO. Te lo tienes que creer pero tiene que ser verdad”

Y de ahí se desprende la idea de que uno mismo se lo tiene que creer...

Yo me lo creo, ¿eh? Fíjate lo que te he dicho antes de responderte: soy cojonudamente bueno, es que lo soy en el tema del SEO. Te lo tienes que creer pero tiene que ser verdad. Y, lo segundo, de nada sirve que seas bueno si los demás no lo saben. Hoy en día, en la sociedad en la que estamos, ni importa la verdad, importa la percepción, lo que crea la gente, por el tema de las redes sociales.

Cualquier persona que se dedica al marketing o a medios lo sabe: puedes crear un bulo y viralizarlo, es muy fácil. Conseguir que la gente le dé retuits en plan zombi a cualquier cosa a la que toques dos o tres teclas psicológicas ocurre, eso está clarísimo con las fake news. Ese es el lado oscuro, pero a la inversa, en el lado de la Fuerza, en la luz, si eres bueno, por favor, haz que los demás lo sepan.

Cuentas que intentas aprender de otras personas de éxito, hasta el punto de que has tratado de reunirte con un millonario ruso o que has llegado a pagar dinero para reunirte con Jordan Belfort, El lobo de Wall Street. De estas personas, ¿qué aprendizajes has extraído?

De cada uno cosas distintos. No únicamente aprendo de personas, lo hago de personajes, de actitudes de animales, de pelis... Además de la personalidad que tenemos cada uno yo intento siempre adornarla con cualquier cosa que veo digna de alabanza. A El lobo de Wall Street le pagué una absurdidad de dinero para estar con él una hora y a nivel de marketing aprendí más bien poco, pero la mejor lección que me llevo es ‘joder, si este cabronazo puede cobrar 25.000 dólares la hora, yo también’. Lo apliqué y es así.

Cuando tienes un conocimiento único que puede influir... por ejemplo, una página de ventas de una multinacional que le esté generando cinco millones anuales, el hecho de que tú modifiques la conversión de esa página en un 1% es muchísimo dinero y esa gente está absolutamente dispuesta a pagarte los 20.000 euros si luego les genera 50.000 o 500.000. Del El lobo de Wall Street aprendí a valorarme, a romper paradigmas. Yo no vengo de una familia adinerada, vengo de El Buen Pastor y de Nou Barris; creces con unos paradigmas que te limitan, jamás pensarías que por una hora de trabajo habría alguien dispuesto a pagarte 20.000 euros y ver que hay otra gente que lo está haciendo te lo rompe y dices ‘catacrás, si tú puedes, yo también’. Por eso siempre intento contactar con este tipo de gente que ya ha llegado a sitios que yo todavía no, porque me sirve para romper esas barreras mentales.

Del ruso, por cierto, no he aprendido nada, porque el cabrón no ha querido tomar el café.

Con esto que mencionas de ese sitio que quieres alcanzar, ¿te llegan a tachar de ambicioso? ¿Eres una persona ambiciosa?

Lo soy, soy una persona tremendamente ambiciosa, me mueve la ambición. El tema es que muchas veces se asocia a algo negativo, a ser avaricioso. Ambición es querer conseguir cosas, que pueden ser buenas o malas, per se no es ni buena ni mala, es una cualidad. Si me preguntas qué quieres conseguir en la vida, todavía no lo sé, pero tengo la sensación de que voy bien encaminado. Las cosas van de una forma que me dan plenitud, me gusta lo que estoy haciendo con mi vida, aunque no sea feliz muchas veces y haga cosas que me joden. Pero, en general, llega la noche y digo ‘bien, Rom’.

Esta ambición se extiende a toda la gente que está conmigo en el barco. En nuestra empresa, BIGSEO, en dos años años hemos pasado de 12 a 60 personas, y cómo tratamos a la gente es lo que a mí me llena y es una ambición colectiva porque la siento compartida con la gente que trabaja conmigo. Y eso te da una fuerza que flipas, cuando ves que vas creando un equipo con talento, que quiere cambiar cosas.

¿Te ha llegado a pasar factura en tu salud mental esta búsqueda del éxito?

Claro que sí. Empecé en terapia hace dos años y todavía sigo por higiene mental, por forzarme cada cierto tiempo a mirarme a mí mismo, a lamerme las heridas y a aprender del camino. La riqueza per se no tiene por qué ser un problema si no te ha caído del cielo y sabes cómo llevarla. El que me arruinara en mis inicios me ha hecho valorar mucho lo que tengo. Al final, el mundo empresarial no deja de ser una lucha, tienes alrededor empresas que quieren sacarte mercado y hay que entender que esas son las reglas del juego y no tomártelo como algo personal. El tema del éxito, mientras no te vayas a la bancarrota de nuevo, que eso sí que es duro, no es lo que me ha creado problemas mentales realmente.

“Me pasó factura el hecho de ser persona pública, el ser conocido”

Digamos que, dentro de mi maleta de habilidades, esa resiliencia la tengo, pero lo que sí que me pasó factura fue el hecho de ser persona pública, el ser conocido. En YouTube somos más de 800.000 personas y si sumas todas mis redes pasamos el millón de largo... y eso son muchos impactos, y más cuando no soy youtuber ni influencer, ¡es que soy empresario! Y que te empiecen a salir pues las típicas críticas, mentiras, opiniones... aunque me considero una persona fuerte, a nivel subconsciente se suman. El tema de la salud mental y de hacer terapia me ha permitido desarrollar esas habilidades que no tenía hasta el punto en el que estoy ahora, que es tener las bases internas fuertes, saber que lo que hacemos es correcto, que la gente que me conoce sabe cómo soy, y luego que el mundo de ahí fuera que piense lo que le dé la gana. He hecho las paces ya con todo lo malo que tiene ser conocido.

Quizá tienes la tranquilidad de tener la vida asegurada y quizá también tus hijos pero ¿qué les quieres inculcar a ellos?

Como padres creo que lo que debemos hacer es darle a nuestros hijos las herramientas suficientes como para que sean capaces de hacer en la vida lo que ellos consideren correcto y adecuado. Y, sobre todo, enseñarles a que se espabilen. No tengo ninguna necesidad ni quiero inculcar a mis hijos que mi camino es el correcto, porque creo que no hay camino correcto, cada uno tiene que hacer lo que quiera. Y aunque te he hablado de un panadero, estoy convencido de que la mayoría de panaderos de este mundo es gente que es más feliz que yo. Conozco una persona que su trabajo es el mismo desde hace muchos años, hablas con ella y ves qué paz tiene. A lo mejor en los estándares de hoy en día la gente opinaría que no es una persona exitosa, pues yo lo contrario: esa persona ha conseguido de la vida lo que quiere.

Yo estoy aquí para ayudarles en lo que haga falta, por supuesto me gustaría que se espabilaran y, si llega algún punto en el que veo que estiran demasiado de la mano materna o paterna, diré ‘es el momento de espabilarte, amigo, y de que te pegues un par de hostias en la vida’, eso por supuesto. Inculcar e insuflar todo eso, no, de hecho, intentamos el tema de la educación libre. Queremos que, de alguna forma, no destruyan la capacidad crítica y de tomar decisiones que tienen los niños de forma natural, porque el sistema educativo actual casi lo derrumba. No espero nada de ellos nada más que el que vivan su vida y la vivan de la forma que ellos quieran.

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