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15/08/2019 08:52 CEST

Stephanie Frappart sale airosa de su prueba de fuego como primera árbitro en una final europea masculina

La francesa dejó jugar, sacó pocas amarillas y apenas tuvo un par de decisiones algo polémicas. Y eso que hasta pitó un penalti...

Associated Press
Stephanie Frappart discute con Emerson y Kovacic, del Chelsea, durante la final de anoche. 

Se sabía que la Supercopa de Europa disputada este miércoles en Estambul entre el Chelsea y el Liverpool (que ganaron estos últimos en la tanda de penaltis, tras un empate a dos), iba a suponer todo un examen para Stéphanie Frappart, la primera mujer que arbitra un partido masculino de máximo nivel de la UEFA, pero salió airosa de la prueba.

Hinchada y comentaristas observaban con atención cada movimiento de la francesa, escoltada por sus asistentes, la también francesa Manuela Nicolosi y la irlandesa Michelle O’Neill.

Así, una falta de Van Dijk en el minuto 4, en el que el holandés bloqueó un pase de Giroud, suscitó unas momentáneas dudas porque la colegiada pitó falta, pero no sacó amarilla.

Mayor fue la polémica en las redes sociales al minutos siguiente, cuando el atacante red Sadio Mané se arriesgó a una chilena y dio con el balón en el brazo de Christensen.

La afición del Liverpool pedía penalización por mano, pero Frappart no lo consideró: las nuevas reglas establecen que solo se penaliza si los brazos no están en “silueta habitual”, y no fue el caso del defensor blue, según coinciden la mayoría de los comentaristas.

Durante toda la primera mitad, Frappart hizo un uso muy modesto del silbato y dejó las amarillas en el bolsillo.

En el minuto 40 anuló un gol de Pulisic por fuera de juego, y el VAR le dio la razón. La hinchada no protestó más de lo habitual.

También la segunda parte empezó sin amarillas, pese a algunas faltas en ambos lados. Fue en el minuto 79 cuando Frappart comenzó a mostrar mano dura, primero con una amarilla a César Azpilicueta por protestar una falta y en el 84 con otra tarjeta para Henderson, que había derribado a Emerson.

La decisión más polémica pudo ser el penalti que pitó Frappart en la prórroga, castigando a Adrián que se había tirado a los pies de Abraham. La medida permitió a Jorginho marcar el 2-2 y equilibrar el marcador. Pero tampoco se registró una protesta especial en las gradas de la hinchada roja. Ni cuando en el minuto 106 le cayó otra amarilla a Alexander Arnold.

Se confirmó así lo que dijo Frappart en la rueda de prensa el día antes del partido: “Cada equipo juega distinto, pero el fútbol es lo mismo para mujeres y hombres”. 

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