INTERNACIONAL
02/11/2019 10:19 CET | Actualizado 04/11/2019 17:14 CET

Así vive el Brexit un eurodiputado británico

¿Y la europea?: La última esperanza a la que se aferran.

REUTERS
El primer ministro británico, Boris Johnson, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y el negociador para el ’brexit’ de la UE, Michel Barnier.

“Una pérdida de tiempo y energía”, con estas palabras el hasta ahora presidente de la Comisión Europea, Jean- Claude Juncker, se refería al Brexit hace una semana en la sesión plenaria de Estrasburgo. El hartazgo es supino y ya nadie disimula.

Las idas y venidas entre Downing Street y las instituciones europeas no llegan a término, el PE vuelve a extender el plazo de salida por tercera vez mientras los conservadores confían en obtener una mayoría suficiente en repetición electoral que les permita dejar el club de los 28 cuanto antes.

“Cambiamos la agenda seis o siete veces al día, en función de noticias de Reino Unido, reuniones internas de grupo, ‘meetings’ paralelos con Barnier”, comentan desde el entorno del grupo ‘Renew Europe’ -liberales y demócratas- en el Parlamento europeo. “El ambiente que se vive es de cansancio generalizado y mucha preocupación, cada mínimo cambio supone un trastoque total”, recalcan.

El pasado 22 de octubre, mientras la Cámara de los Comunes sometía a votación la tramitación urgente del acuerdo de retirada alcanzado con la UE, laboristas, liberales y demócratas seguían el recuento retransmitido delante de una pantalla en plena sede del Parlamento en Estrasburgo. Las caras se desfiguraban tras el primer tanto que daba luz verde al acuerdo, pero finalmente la propuesta era rechazada con 322 votos en contra frente a los 308 a favor y la noche acababa con celebración y brindis incluido.

Jaque a los británicos en las instituciones

“Está en juego el futuro de 1.262 británicos que trabajan a día de hoy en las instituciones. Aproximadamente el reparto queda en un 70% en la Comisión un 25% en el Parlamento y el resto en el Consejo”, explica Jose Ramón Bauzá, eurodiputado por Ciudadanos. “Todas estas personas llevan viviendo años en otro país, la mayoría en Bélgica o Luxemburgo –sede de las instituciones– tienen su vida ahí han formado familias y con un Brexit su futuro y su trabajo están en el aire”.

Para los eurodiputados reconoce, toca la peor parte: “Tendrían que salir inmediatamente, y ya no solo ellos sino todo su equipo de asistentes. Tendrían que dejar sus puestos el mismo día que Reino Unido deje de formar parte de la Unión”, afirma.

Los derechos de los ciudadanos han sido nuestra única línea rojaJude Kirton-Darling

Jude Kirton-Darling, eurodiputada del Partido Laborista es una de las que se verían afectadas por esta realidad. “A lo largo de las negociaciones del Brexit, los laboristas hemos pedido que los derechos de los ciudadanos sean la única línea roja que ninguna de las partes esté dispuesta a cruzar. La vida de las personas simplemente no es moneda de cambio y cuando el sustento de millones está en juego, sabemos que esto no debe salir mal”, asegura.

“La mayor amenaza para los derechos de los ciudadanos del Reino Unido que viven en otros estados miembros de la UE es el alto riesgo, incluso a día de hoy, de irse sin un acuerdo. Eso sería absolutamente catastrófico por muchas razones: derechos de residencia, libre circulación, laborales, jubilación, acceso a atención médica, etc. Es un escenario de pesadilla y el Partido Laborista está trabajando arduamente para eliminar cualquier posibilidad de que eso ocurra”, explica.

Ante este panorama a más de uno le debe venir a la mente aquella pregunta que el por aquel entonces presidente Mariano Rajoy, se hacía –sobre todo a sí mismo— al abordar una hipotética salida de Cataluña de España:  ¿Y la europea?

¿Qué es la europea?

La ciudadanía europea nació en 1992 gracias al Tratado Maastricht como complementaria, y no sustitutiva de la nacional. Su importancia radica en que confiere a los ciudadanos pertenecientes a la Unión, derechos tales como la libre circulación y residencia, el derecho a sufragio activo y pasivo en las elecciones al Parlamento Europeo, acceder a las instituciones y organismos, así como a tener garantizada la protección de autoridades diplomáticas y consulares de Estados Miembros distintas del país de origen.

¿Es posible que los británicos la mantengan?

Salir de la UE supone, como consecuencia, perder también la ciudadanía europea. Sin embargo el debate ya se ha puesto sobre la mesa. En mayo, Juncker instó a Bélgica “como anfitrión amable” a otorgársela al personal británico de la Unión.

“Afortunadamente, el gobierno belga ha dado un salvavidas a los británicos que viven en Bruselas en caso de no llegar a un acuerdo. Aquellos que no tengan la nacionalidad belga pueden permanecer en el país hasta el 31 de diciembre de 2020 y esto será correspondido por el Gobierno del Reino Unido para los ciudadanos belgas que habiten allí”, explica Kirton-Darling.

No existen acuerdos mejores que los que ya tenemos: debemos continuar en la UE

“Si bien, el elogio al Ejecutivo de Bélgica por tomar la iniciativa de disipar los temores de la gente ante la total incertidumbre sobre su futuro todavía no es suficiente. Boris Johnson y su equipo Brexit deberían haber buscado este tipo de garantía en cada estado miembro de la UE: pero teniendo en cuenta la etapa en la que estamos, surge la pregunta: ¿es quizás demasiado tarde? ”, añade.

“No somos conscientes del impacto que tendrá esta salida para los ciudadanos del Reino Unido a la hora de vivir y trabajar en el extranjero. Desde luego, no existen pactos que sean mejores que los que ya tenemos: debemos permanecer en la UE. El acuerdo actual que tiene el Gobierno británico es una afrenta a los derechos de los trabajadores y la justicia social”, señala por su parte Alexandra Phillips, eurodiputada del grupo “Los Verdes”.

“Con Boris Johnson y sus compinches haciendo todo lo posible para destruir la relación existente con otros países europeos, parece poco probable que algún Estado de la UE venga a nuestro rescate en términos de ofrecer ciudadanía automática a los británicos que viven y trabajan en el extranjero”, añade.

“Desde nuestro grupo estamos luchando por un voto popular, da igual que el resultado sea a favor o en contra del nuevo acuerdo, pero es lo más razonable y responsable”, explica.

Bouzá por su parte, asegura que sería dramático no solo dejar a todos los británicos en la estacada, sino también la pérdida de talento, conocimiento y experiencia que aporta todo el personal que lleva años en distintos cargos a las instituciones europeas. 

La incertidumbre continúa, la desprotección legal también y mientras tanto, ante el nuevo escenario de repetición electoral, el Brexit sigue adelante.

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