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15/03/2020 01:40 CET | Actualizado 15/03/2020 01:40 CET

Y Sánchez agarró al 'torovirus' por los cuernos

Ha sido esta una de las pocas veces que no se han puesto pegas intransigentes a la adopción de medidas excepcionales.

Anadolu Agency via Getty Images
Un cliente de un bar sigue la alocución del presidente Sánchez a la nación.

Primero la presidenta de la Comunidad de Madrid, Díaz Ayuso, hizo unas sincopadas declaraciones en las que lo único que estaba claro es que no tenía nada claro, y que tras decir que ella no cerraría Madrid le endosó tal responsabilidad al presidente del Gobierno de la nación. Una obviedad solemnizada, como tantas. Un mensaje vacuo y sin compromiso. Imposible enterarse de si estaba de acuerdo o no con el rumor, ya de olas de doce metros y vientos de cien kilómetros por hora, del cierre de poblaciones, provincias o regiones con mayor incidencia del Covid-19. Después, y ante la evidencia de que las medidas adoptadas, cualquiera que fueran tenían la crítica del PP, se veían desbordadas por el bucle de contagios, hospitalizaciones y fallecimientos piramidales, el jefe del PP, Pablo Casado, pedía solemnemente a Pedro Sánchez que de una vez liderara la crisis. Fue relativamente insólito: quien dirigía, con Ciudadanos y Vox, el bloqueo al Gobierno sanchista, y declaraba que su principal prioridad (porque prioridades hay muchas en el tripartito de conveniencia de las derechas) era bloquear la acción gubernamental, pedía encarecidamente que el presidente cogiera el timón y liderara con firmeza la política contra la emergencia sanitaria y económica planteada por el coronavirus nacido, al parecer, en la ciudad china de Wuhan. Quizás para poder comérselo mejor. El delfín aznarista ya había mostrado uno de sus inmediatos frentes de ataque: la irresponsable celebración feminista del 8-M en toda España, aunque silenció por razones obvias de conveniencia, el ‘festival’ de Vox en Vistalegre, cuando el machote echado p’alante Ortega Smith ya tenía síntomas de estar contagiado… y cuando ya el Covid-19 estaba desatado, sobre todo en la capital, pero no solamente. 

Desfilaron festivamente ajenas a la dureza de la realidad sanitaria cientos de miles de personas juntas, agarradas, desconociendo todas y cada una de las recomendaciones de las autoridades sanitarias, internacionales y nacionales, para evitar los contagios y frenar la espiral viral, mientras la situación avanzaba peligrosamente hacia el caos y el colapso de la infraestructura y los medios sanitarios, muy mermados por los ajustes de la crisis y la oleada visceral de privatizaciones. 

Y Sánchez no se lo pensó; quizás lo estaba esperando. La propia estructura territorial del Estado dificultaba y dificulta la unidad de acción; pero la Constitución Española encierra fórmulas para resolver situaciones excepcionales, como la declaración del estado de alarma, el más suave antes de los de excepción y sitio. Cada región, y hasta cada ciudad, eran incapaces de controlar la tentación de actuar por su cuenta como entendiera, o le conviniera políticamente a su gobierno. Inés Arrimadas y Pablo Casado, además de la propia evolución del coronavirus, en pleno bucle, le pusieron la toma de control a Pedro Sánchez como le ponían las bolas a Fernando VII para hacer una carambola en la mesa de billar. La oposición pedía un mando único, centralizado, firme, para aprovechar sinergias y evitar distorsiones; y era una petición razonable fuera cual fuese el motivo para su exigencia. 

Decía el general De Guille que en política es muy importante sentar el precedente. Y aunque la primera activación del estado de alarma corresponda a José Luis Rodríguez Zapatero para neutralizar la huelga salvaje de controladores aéreos de diciembre de 2010, el problema actual es diferente: se trata poder desarrollar una estrategia única en todo el territorio nacional. El virus tiene una propiedad anticonstitucional, dicho sea con ironía: no respeta las fronteras de las comunidades autónomas, sean presuntuosas naciones,  nacionalidades históricas o histéricas o de la tropa del café para todos, ni las de las provincias y municipios… Por eso también hace falta un mando unificado europeo aunque solo sea para coordinar las actuaciones de los estados y desarrollar estrategias basadas en las sinergia y en el principio de la igualdad sanitaria de todos los ciudadanos europeos. Sobre todo en un momento en el que los nacionalismos y los populismos aprovechan cualquier oportunidad para fomentar la división y la vuelta a las andadas. 

La privada no tiene como objetivo el interés general, sino el interés de su accionistas, salvo excepciones de oportunidad.

La medida, por otra parte, ha sido bien recibida por la opinión pública, que refleja fielmente el momento de pánico que viven los españoles. Pánico, en especial, por la incertidumbre generada, por el miedo a lo desconocido, por la ausencia de una vacuna, por los bulos que escupen las redes sociales, y también por la información en directo y en tiempo real, como antes nunca había sucedido. Era impensable hace solo unas semanas que la gente aceptara sin protestas ni algaradas el cierre de ciudades, el confinamiento de poblaciones, que Quim Torra quisiera encerrar a toda Cataluña, y que consciente por una vez al menos (porque el acojonamiento afecta también a los separatistas) de su incapacidad, pida ayuda nada menos que al Estado opresor. 

El miedo a lo desconocido, y más cuando afecta a la salud, es lo que tiene; en especial si hay un machaqueo informativo que cuenta minuto a minuto los contagiados, los hospitalizados y los muertos. Eso acerca velozmente el momento histérico. El ser humano necesita seguridad, certezas, instrumentos para luchar incluso contra lo inevitable. Como dice el profesor Falcón de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, un científico ilustrado, con un saber enciclopédico y renacentista, “lo del ‘paraíso’ y comprar parcelas en el cielo es una de las innovaciones creativas producto del miedo que más rentabilidad ha producido… más incluso que la compra de futuros en bolsa…”.

La emergencia sanitaria ha puesto de manifiesto, por otra parte, el inmenso daño causado por el manejo sectario e insolidario de la crisis económica del 2008 hasta hoy... Porque el tiburón no se sacia con sardinas, ni puede controlar sus impulsos, como la famosa fábula atribuida a Esopo del alacrán y la rana.

Una de las medidas de choque anunciadas por la presidenta autonómica de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, es convertir hoteles en hospitales temporales. Y eso está muy bien, y es muy moral y edificante, pero lo prioritario hubiera sido que la sanidad pública madrileña contara con más hospitales para emergencias, y con UCIS de complemento, en vez de vivir un festival de insensatas privatizaciones. La privada no tiene como objetivo el interés general, sino el interés de su accionistas, salvo excepciones de oportunidad. 

Hasta los obispos tienen claro, y por eso aconsejan que no salgan las procesiones en Semana Santa, que los rezos no sustituyen a la medicina ni a los métodos de la ciencia de la salud para frenar las pandemias. El propio papa Francisco reza el Ángelus de San Pedro vía streaming. Han tenido los prelados otros gestos como dejar las pilas de los templos sin agua bendita y recomendar que no se besen la imágenes. Igual un día siguen progresando adecuadamente y admiten los condones. 

Sánchez proyecta la imagen de que gobierna con mano firme, “cogiendo el toro por los cuernos”, descolocando a las derechas.

Los expertos han venido advirtiendo, desde el episodio de la gripe A en 2009, que habrá cada vez más pandemias, y que la tercera edad será, por razones obvias, la más afectada. Pues se ha caminado en dirección contraria, ignorando encima los efectos del progresivo envejecimiento y del cambio climático con su calentamiento global en la salud ciudadana. Lo mismo que la mejor alternativa para que no haya ‘sintechos’ y se puedan estabilizar en una franja económica razonable los alquileres es no vender viviendas sociales a precio de saldo a fondos buitre que lo que hacen es encarecer el mercado básico.  

La adopción del estado de alarma podrá tener varias lecturas y quizás aplicaciones tras sus dos primeras activaciones, en 2010 y en 2020 por gobiernos socialistas. Enfrentados ante lo desconocido, presas del miedo y de las ansias de seguridad de una población aún traumatizada por haber pasado de una era de certezas compartidas a una de incertidumbres, ha sido esta una de las pocas veces que no se han puesto pegas intransigentes a la adopción de medidas excepcionales que impliquen la centralización de medios, esfuerzos y estrategias, mediante un mando único, que incluso pueda desplegar unidades militares. 

A todo esto, Sánchez proyecta la imagen de que gobierna con mano firme, “cogiendo el toro por los cuernos”, descolocando a las derechas, que critican la tardanza, vaya por Dios, mientras que los nacionalistas vascos y catalanes, muy en su papel, ven un 155 dónde sólo hay sentido común. Y Podemos, como se esperaba, aprovecha la oportunidad para teatralizar las discrepancias con sus socios y enfatizar su poder volviendo a tensar la cuerda, otra vez. 

A ver…

 

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