BLOGS
08/06/2018 07:27 CEST | Actualizado 08/06/2018 07:29 CEST

Gobierno y arremangarse

Reunión del Govern de la Generalitat, presidido por Quim Torra.
EFE
Reunión del Govern de la Generalitat, presidido por Quim Torra.

Este artículo está disponible también en catalán

Después de un tiempo de incertidumbre, tuvimos president —que no presidenta— en Cataluña. Después de otro tiempo de dudas, imposiciones y forcejeos, hay govern. Y una vez liquidadas las restituciones, es más o menos (más bien menos: el gobierno central ha ganado por goleada) equilibrado y paritario.

Simbolismos aparte, tal vez el govern podría comenzar a mostrar el amor por el país con tres o cuatro medidas que difícilmente ningún gobierno (hiperre)central(ista) puede impugnar e impedir. Porque hay mucho trabajo, realmente mucho, mucho.

En Cataluña, que tiene una bella y acendrada tradición textil, debería ser fácil exigir las listas cremallera

La primera medida, por supuesto, sería dejar de ser una de las comunidades autónomas (sobre todo si se tiene en cuenta que Cataluña justamente es una nación) que va a remolque de la ley electoral estatal y elaborar y aprobar una propia, puesto que se tiene plena potestad para realizarla. No se entiende cómo se puede proclamar que se quiere la independencia o que Cataluña es soberana y no tener (todavía) esta herramienta básica, propia y posible. La soberanía se demuestra ejerciéndola.

La segunda, también fácil y de estricta justicia, sería eliminar las actuales cuotas masculinas en política y seguir por el camino de esta incipiente paridad. No sólo en la cúpula sino en los poderosos cargos del escalón siguiente. Además, en Cataluña, que tiene una bella y acendrada tradición textil, debería ser fácil exigir las listas cremallera.

La tercera, pasaría para gestionar la biomasa. Que hubiera un plan de gobierno para esta biomasa que en gran parte se envía al extranjero para que la traten. Es decir, aprovechar y convertir en una fuente de riqueza y de combustible gratuito y no fósil, una materia prima como son bosques y sotobosques, cada vez más extendidos y frondosos, sucios y enmarañados. De paso, evitaría o minimizaría el riesgo de los terribles incendios y ordenaría el paisaje, lo asearía un poco, que buena falta hace.

No por casualidad, ninguna de las cuatro medidas es onerosa, al contrario, supone el chocolate del loro, y ninguna instancia política puede prohibirlas

En paralelo, la cuarta sería hacer un mapa de los purines de Cataluña. Primer paso para evaluar la dimensión del drama y tomar medidas para impedir que la población no sucumba envenenada, no muera ahogada (lo siento pero es literal) en la mierda, especialmente en la comarca de Osona. Nos gusta la botifarra, ya sea negra, ya sea blanca, nos entusiasma el fuet, nos enloquecen los chicharrones, pero si no se vigilan las consecuencias, indefectiblemente se contaminarán campos y cultivos.

Si las dos primeras van a favor de la dignidad y de la estricta justicia, encarar la gestión de la biomasa y los purines y abordar soluciones sería una muestra inequívoca de amor al país, a lo que llaman el «territori». Dos medidas muy a ras de suelo, sí; en realidad arraigadas en la tierra, pero es que es mejor no empezar la casa por el tejado.

No por casualidad, ninguna de las cuatro medidas es onerosa, al contrario, supone el chocolate del loro, y ninguna instancia política puede prohibirlas.

Medidas que no impedirían clamar por las presas de Alcalá-Meco, Estremera y Soto de Real, esforzarse para que vuelvan los de Bruselas, Suiza, Escocia y Berlín, restituir leyes sociales suspendidas. Permitirían también a quien lo quiera seguir pensando, sintiendo o acariciando el sueño de la República.

Síguenos también en Facebook de HuffPost Blogs

EL HUFFPOST PARA HONEST