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18/01/2018 07:31 CET | Actualizado 30/01/2018 14:19 CET

Perversiones transversales

Este artículo está disponible también en catalán

Time's up!

Es reconfortante escuchar el parlamento de la polifacética Oprah Winfrey cuando recogió el premio Cecile B. DeMille a toda una trayectoria durante la gala de los Globos de Oro del pasado domingo 17 de enero.

No sólo porque en escasos nueve minutos habló sin tapujos del (universal) acoso contra las mujeres sino porque lo argumentó yendo de lo particular a lo general y pasando por el racismo y la clase.

Otro motivo para el optimismo es el reconocimiento de autoridad de la audiencia: las caras de atención tanto de mujeres como de hombres lo acreditan. Más entusiastas, ellas; más contenidos, ellos. Espero que se debiera a la emoción y trascendencia del momento y no a que la mayoría son actrices y actores.

La perversión acude diligente si se tiene en cuenta, por un lado, que el presidente Donald Trump, la máxima autoridad del país, es un acosador confeso y no le pasa absolutamente nada, y por otro, que seguramente en la sala había acosadores que aplaudían.

La perversión viene también de una pequeña parte de Francia. La dulce Francia, patria de Dominique Strauss-Kahn, depredador sexual que siempre topa con una mujer con quien casarse. Francia, patria del chic, donde las mujeres pierden el apellido y no tuvieron derecho a voto hasta 1946. ¡En la progresista y liberal Francia, patria de las (masculinas) luces y de la fraternidad (que no de la hermandad) no pudieron votar hasta quince años más tarde que en la España republicana!

Exponente de la magnitud de la tragedia y de las profundas raíces del machismo, la perversión consiste en ponerse a sufrir por lo que quizás podría pasar a los agresores a raíz del «se acabó lo que se daba» de las mujeres y olvidar y menospreciar el sufrimiento real de las ya agredidas. Caroline De Haas y otras feministas han respondido.

Violencia desencadenada

El denominador común de las manifestaciones y otras iniciativas independentistas es la no violencia, un convencido pacifismo. Está fuera de toda duda.

Por ello es perverso que Jordi Sànchez (ANC) y Jordi Cuixart (Òmnium) sean acusados de rebelión por los hechos del 20 y 21 de septiembre pasados, un delito en el que debe concurrir «alzamiento violento».

Recuerdo (hay múltiples testigos) que durante ambos días los comercios de alrededor abrieron con toda normalidad (y la gente iba a comprar), así como las terrazas de los bares y restaurantes de la zona, incluso los muy cercanos. Todo un descanso para ancianas manifestantes que eran invitadas por consumidores y consumidoras a sentarse y descansar un rato en sus mesas.

La perversión más extrema, sin embargo, es el auto del Tribunal Supremo del viernes 5 de enero. Confiesa que no se puede imputar ni directa ni indirectamente ningún acto de violencia a Oriol Junqueras, que nunca actuó ni ordenó actuar con violencia, pero que es responsable de la violencia contra la gente que pacíficamente fue a votar en el referéndum del 1 de octubre, puesto que el Estado no tenía más remedio que evitarlo.

Que la violencia emanó del gobierno del PP y no de quien organizó el referéndum, que el gobierno del PP podía actuar de otro modo, queda demostrado si se recuerda que cuando quien ordenó la represión (¿Juan Ignacio Zoido, Soraya Sáenz de Santamaría, Mariano Rajoy?, de momento ninguna responsabilidad) se dio cuenta de las imágenes que generaba y de sus posibles consecuencias, hacia el mediodía ordenó detenerla y a partir de ese momento el referéndum transcurrió sin violencia y sin ningún peligro para nadie. Si el PP no hubiera ordenado la represión, todo el día podía haber sido una festiva y pacífica movilización.

Si eres mujer, estás más cerca de reconocer el perverso mecanismo de atribuir la culpa a la víctima.

Burbujeando otra vez

Antes de los atentados terroristas del 17 de agosto, empezaba a haber consenso que la afluencia masiva de turismo a Cataluña debía reducirse y repensarse. A finales de año se abrió la caja de los truenos porque el turismo había bajado unos exiguos porcentajes y se atribuyó al independentismo, sin mencionar que París necesitó dos años para empezar a recuperarse de los atentados de noviembre de 2015.

El (contaminante) tráfico de El Prat superó en 2017 la previsión de Fomento para 2021; en 2017 ha crecido un 7,1%. Indica, pues, que la bajada del turismo es más que moderada.

Ocurre como con la producción de coches o la burbuja inmobiliaria. Unos contaminan a base de bien; el cemento no nos dejará ver el mar (en algunos lugares ya lo ha logrado). Lo perverso es que cuando se vende un poco menos de coches o no se construyen tantos y tantos pisos la crisis es aguda y se vocea histéricamente que se acaba el mundo.

No se vislumbra ninguna solución y, así, de progreso en progreso, vamos hasta la derrota total.

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