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18/01/2013 15:59 CET | Actualizado 20/03/2013 10:12 CET

Ocupación yihadista de la planta de gas en Argelia: consecuencias para la seguridad energética española

Todavía es pronto para conocer los verdaderos objetivos de la acción llevada a cabo por milicias yihadistas en In Amenas. Pero lo importante desde la perspectiva de la seguridad nacional española es interpretar sus consecuencias para nuestros intereses, especialmente los vinculados a la seguridad energética y a la lucha contra el terrorismo.

Todavía es pronto para conocer cuáles eran los verdaderos objetivos de la acción llevada a cabo por milicias yihadistas en In Amenas. Las posibilidades oscilan desde un simple secuestro buscando el pago de rescates a una acción armada contra Argelia en respuesta al apoyo que ha prestado a la operación francesa en Malí, pero lo importante desde la perspectiva de la seguridad nacional española es interpretar sus consecuencias para nuestros intereses nacionales, especialmente los vinculados a la seguridad energética y a la lucha contra el terrorismo.

La acción armada se ha producido en una zona que representa el cuarto complejo de gas argelino por importancia de producción. In Amenas comprende un grupo de varios campos de wet gas o 'gas húmedo' (gas natural que contiene hidrocarburos más pesados que el metano y que se recuperan en forma de gas condensado y gas licuado del petróleo-GLP) situado en la cuenca de Illizi, en el sudeste del país y cerca de la frontera libia (véase mapas adjuntos). Inició su producción en 2006 y produce unos 8 bcm (miles de millones de metros cúbicos) de gas al año, lo que supone cerca del 10% de la producción argelina de gas, y cerca de 55.000 barriles/día de condensado. Sonatrach exporta la producción íntegramente a Europa, básicamente a Italia mediante el gasoducto TransMediterráneo (Enrico Mattei), y sus socios BP y la noruega Statoil recuperan su inversión mediante la comercialización del condensado y el GLP.

Fuente: US International Energy Agency, WEO 2005.

Se trata por tanto de una instalación importante, con nuevas infraestructuras de compresión en desarrollo que debían entrar en funcionamiento en los próximos meses para mantener la producción. In Amenas se encuentra cerca de otros campos del sudeste argelino y de los campos libios de Ghadames, pero muy alejado de los campos con intereses españoles. Cepsa ha evacuado preventivamente a su personal de los campos de Rhoude el Krouf, en la cuenca de Berkié, y RhourdeRoumi, en la cuenca de Berkine, aunque ambos se encuentran muy al norte de in Amenas. Los campos de Reggane Nord explotados por el consorcio que lidera Repsol en participación con Sonatrach, RWE y Edison, núcleo del proyecto gasístico del sudoeste (Southwest Gas Project), se encuentran también muy alejados geográficamente de la instalación atacada. En este sentido, y considerando el incremento de la seguridad de las instalaciones energéticas que previsiblemente se derivará de este incidente, no parece que los intereses inmediatos de las empresas españolas corran riesgos significativos.

Tampoco parece que puedan peligrar los abastecimientos argelinos de gas a España (alrededor del 40% de las importaciones españolas de gas en volumen y cerca del 45% en valor), ni al resto de Europa (Argelia es el tercer suministrador europeo de gas, tras Rusia y Noruega). Es cierto que según el operador de red italiano los suministros argelinos decrecieron del orden del 15% tras el ataque, pero en circunstancias normales la situación debería gestionarse con relativa facilidad. Respecto a España, la buena diversificación de los suministros de gas y la capacidad de GNL minoran el riesgo de desabastecimiento. No obstante, es evidente que el ataque tiene implicaciones relevantes para la geopolítica de la energía en la región. Se ha cuestionado la invulnerabilidad de las instalaciones energéticas argelinas, un factor que diferenciaba históricamente la seguridad de sus infraestructuras de las de otros países del Norte de África y Oriente Medio, expuestas con mayor frecuencia a los sabotajes de la insurgencia. Y una vez demostrada la vulnerabilidad de Argelia, aumenta el riesgo de que estos fenómenos se reproduzcan en zonas de territorios como los de Libia, donde las fuerzas de seguridad no disponen de los mismos medios.

Finalmente, y como era de prever debido a su trayectoria en la lucha contra el terrorismo yihadista, Argelia ha actuado con la misma determinación de casos anteriores para desincentivar cualquier ataque semejante en el futuro y pensando más en su seguridad nacional que en la seguridad particular de los trabajadores y empresas extranjeras. Como resultado, su capacidad disuasoria sale reforzada pero lo ocurrido en In Amenas puede tener consecuencias a más largo plazo. Argelia ya ha tenido dificultades recientemente para atraer a las compañías internacionales a su sector energético, dadas las limitaciones en las concesiones (que deben estar participadas mayoritariamente por Sonatrach) y unas condiciones fiscales poco atractivas. Un deterioro de la percepción de seguridad por parte de las compañías extranjeras, muy sensibles a la seguridad física de sus empleados, puede complicar la logística de su actividad a corto plazo y, sobre todo, afectar negativamente a futuros proyectos de exploración y desarrollo en las zonas del país consideradas más expuestas.

Esta situación muestra que aunque los riesgos energéticos inmediatos parezcan reducidos y fácilmente gestionables, el ataque a In Amenas demuestra que la seguridad energética conjunta de productores y consumidores en el Mediterráneo Occidental, especialmente la de Italia y España, como grandes importadores de gas argelino, va a verse alterada de forma estructural por una crisis persistente en el Sahel. Por lo tanto, tendrán que proceder a revisar sus políticas tradicionales e integrarlas en una actuación estratégica que incluya una dimensión de seguridad y defensa reforzada. Para empezar, sería recomendable que España revisara su política de protección física de empresas e infraestructuras de suministro, potenciando la colaboración con las fuerzas de seguridad locales y con las propias empresas para afrontar un escenario de inseguridad más exigente del que existía hasta ahora. A medio y largo plazo, tendrá que colaborar bilateralmente con los países afectados por la falta de control en el espacio saheliano. Un reto que, como demuestra la operación Serval de Francia en Malí, no cuenta con muchos colaboradores.