"Es hora de volver a casa": el movimiento colono que clama por instalarse en Gaza

"Es hora de volver a casa": el movimiento colono que clama por instalarse en Gaza

Los asentamientos judíos se demolieron en la franja en 2005, pero ahora grupos ultras reclaman el retorno. No están solos: los apoyan ministros y diputados del Gobierno. Netanyahu lo descarta en su poco definido plan para el día después. 

Colonos y activistas ultras celebran su entrada en Gaza, el pasado 29 de febrero, con fresas robadas a los palestinos en las manos.MARCUS YAM / LOS ANGELES TIMES / Getty

La ofensiva de Israel no ha acabado y hay quien ya se reparte la franja de Gaza a cachos. Son los colonos judíos, que han dibujado mapas con nuevos asentamientos a la orilla del Mediterráneo y que han editado folletos explicando cómo y dónde hay que apuntarse en una lista para irse a vivir a suelo palestino. No son cuatro, han hecho mítines con más de 5.000 asistentes enarbolando esa bandera y, además, cuentan con apoyos importantes en el Gobierno y en el Parlamento. Donde se toman las decisiones, donde se hacen las leyes. 

Por ahora, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y su titular de Defensa, Yoav Gallant, han descartado por "poco realista" la vuelta a la ocupación interior de la franja, pero el ruido es cada vez mayor, como la presión. Los colonos han llegado incluso a cruzar el muro de separación con Gaza y levantar casetas de madera sin que el Ejército, observando a pocos metros, los parase. Dicen que son los elegidos, que Dios les concedió esa tierra. Los palestinos y el derecho internacional ya tal. 

Los colonos salieron de Gaza en 2005, por el plan de retirada ordenado por el entonces premier, el conservador Ariel Sharon. Hasta 21 asentamientos judíos había entonces a lo largo de la franja, especialmente concentrados en la primera línea de playa y junto a los campos de labor más fértiles, en los que residían ilegalmente unas 9.000 personas. 38 años de ocupación directa, desde la Guerra de los Seis Días, acababan. 

La partida de los colonos dejó escenas impactantes: estudiantes religiosos sacados a la fuerza de sus yeshivot, matriarcas que mordían y pateaban a los soldados, niños atados a las puertas de las casas para resistir. El movimiento ocupante tiene desde entonces Gaza como un recuerdo de infamia, una cesión, de ahí el empeño con el que ahora quieren recuperar la zona. 

Con los colonos salieron también los soldados israelíes y la policía de fronteras, pero Tel Aviv mantuvo el control de la franja por tierra, mar y aire, a base de muros, alambradas, pasos, zonas de amortiguación, aviones, drones y barcos de la armada. Apenas un año más tarde, Hamás ganaba las elecciones en Gaza y, ya en 2007, llegaba a su Gobierno. Desde entonces, el bloqueo era total, y en esas circunstancias se malvivía hasta que los islamistas lanzaron su cadena de atentados el pasado 7 de octubre y, en respuesta, Israel iniciaba esta guerra sin fecha de fin, la sexta en 15 años. 

Soldados de Israel desalojan a un colono de una casa de Gaza el 29 de junio de 2005.Yoray Liberman / Getty Images

"El mundo es ancho"

Destacados líderes colonos como Daniella Weiss, Uzi Sharbaf o Moshe Feiglin, históricos de las reivindicaciones judías aludiendo a las sagradas escrituras y el supuesto pacto de Dios con su comunidad, están promoviendo un movimiento reivindicativo que tiene tres patas: la disposición de planes para repartirse Gaza sobre el mapa, la presencia física de grupos de su gente en la frontera con la franja y la batalla política, rodeados de políticos afines de los distintos grupos que conforman el actual gabinete del primer ministro Benjamin Netanyahu

En unas comentadísimas declaraciones a la BBC, Weiss defiende que Gaza es, sencillamente, parte de Israel por derecho divino y que la tierra que entrega Dios no se le da a nadie más. "El mundo es ancho (...). África es grande. Canadá es grande. El mundo absorberá al pueblo de Gaza", afirma. Defiende que la salida de los gazatíes de su tierra acabará siendo voluntaria, no forzada. ¿Cómo? "Lo alentamos", responde. "Los palestinos en Gaza, los buenos, serán habilitados. No digo forzados, digo habilitados porque ellos quieren ir", ahonda. Tienen todos los países musulmanes a los que recurrir, 52, dice, obviando incluso a la población de otros credos, como la cristiana

"Los árabes quieren irse. La gente normal no quiere vivir en un infierno", insiste, obviando el derecho a la propia tierra y que Gaza está reconocida internacionalmente, junto al este de Jerusalén y Cisjordania, como suelo palestino, que formará parte del futuro estado que, coincide la comunidad internacional, es la única salida al conflicto con Israel. 

La veterana reportera de la cadena británica Orla Guerin, con un enorme conocimiento de la zona, le pregunta insistentemente si sacar a población de sus casas no es limpieza étnica. Weiss la reta: "Puede llamarlo limpieza étnica. Repito una vez más, los árabes no quieren, los árabes normales no quieren vivir en Gaza. Si quiere llamarlo limpieza, si quiere llamarlo apartheid, elija su definición. Yo elijo el camino para proteger al Estado de Israel".

Uzi Sharbaf está defendiendo lo mismo en cuanto a derechos, desde los estrados de los numerosos actos que los colonos están celebrando desde que comenzó la ofensiva en Gaza. Varía en el cómo: en su caso, sí que habla directamente de echar a los gazatíes, de expulsarlos a la fuerza, lo que ya se hizo en la guerra de 1948, la llamada Nakba o catástrofe palestina. La Autoridad Nacional Palestina (ANP) ha alertado insistentemente sobre el riesgo de una segunda Nakba, pero por ahora no hay posibilidad de salir de la franja ni deseo de otros estados de que se le vengan encima dos millones de refugiados. "Israel quiere que el pueblo palestino elija entre la destrucción y el desplazamiento", denuncia Riyad Mansur, el embajador palestino ante las Naciones Unidas. Egipto, el país con el que limita al sur, por Fatah, está siendo dopado con dinero occidental para la eventualidad de que los palestinos escapen, para que no haya una oleada de refugiados.

"Esta es una guerra de liberación, la liberación de Gaza de sus ocupantes"

Sharbaf es duro en los métodos como lo ha sido siempre. Se trata de un rabino condenado por el asesinato de tres palestinos, que fue amnistiado por Israel en 1990, y que defiende que actúa en nombre de los "sucesores" del grupo Stern, la banda terrorista que asesinó a los responsables británicos de la Palestina gobernada por Londres. Llama, pues, a la violencia para retomar Gaza. 

Moshe Feiglin, por su parte, ex miembro del Likud de Netanyahu y líder de la formación ultra Zehut, ha hecho revivir su partido, que no se presentaba a unas elecciones desde 2019, con ese punto como la base de su programa electoral. Su lema es "ocupación, expulsión y asentamiento". "Para nosotros, la guerra en Gaza no es simplemente una guerra defensiva. Esta es una guerra de liberación, la liberación de la Tierra de sus ocupantes", afirma. La población palestina debe ser "reemplazada" por judíos. 

Su logo aparece en parte de los trípticos que se están moviendo en asentamientos de Cisjordania y Jerusalén Oriental, en busca de pioneros que quieran volver a la franja. Weiss se reía en la BBC contando cómo la llaman amigos pidiéndole que no se olviden de ellos, porque quieren una casa en primera línea de la costa, junto a la arena dorada, en un territorio donde al menos el 45% de los edificios está hoy sin posibilidad de reconstrucción tras los ataques de Israel, según el poco sospechoso Banco Mundial. Y es que la pelea por la tierra es jugosa, más allá de lo religioso, que es apenas una parte de este conflicto, eminentemente colonial. 

En el Génesis Dios le dice a Abraham: "A tu descendencia daré esta tierra". Más tarde, añade: "A tus descendientes he dado esta tierra, desde el río de Egipto hasta el gran río, el río Éufrates". El regalo de la tierra es irrevocable: "Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos". Dios repite la promesa al resto de la saga, de Isaac a Jacob. Incluso cuando Israel fue expulsado de su tierra, Dios prometió a los judíos que regresarían: "Y aunque estuvieres desterrado en el extremo más remoto del cielo, de allí te recogerá Jehová tu Dios, y de allí te tomará. Y te hará volver Jehová tu Dios a la tierra que heredaron tus padres, y serás suyo". La carta de propiedad de la zona, para ellos, son sus escrituras, nada que ver con las resoluciones de Naciones Unidas

Pero también es una cuestión más prosaica, literalmente terrenal: los colonos quieren una salida al mar, 365 kilómetros cuadrados que son un balcón al Mediterráneo, zona de enorme riqueza agrícola, histórica, con la que se puede dar continuidad a la costa central y norte de Israel, accediendo a pesquerías y, también, suculentas reservas de gas, como denuncia Ecologistas en Acción

El apoyo político

Los grupos colonos, como decíamos, están lanzando una estrategia con una base política hasta ahora desconocida. Claro que han tenido siempre partidos que los apoyan y que han formado parte del Gobierno -hasta Naftali Bennett, que fue un breve primer ministro, venía de ser portavoz de comunidades ocupantes en Cisjordania-, pero ahora son imprescindibles. 

Netanyahu no puede seguir en el poder sin los religiosos y ultranacionalistas de Sionismo Religioso, Shas o Judaísmo Unido de la Torah, que le suman 64 diputados en la Knesset. Y justo esos partidos son los que están aplaudiendo a los colonos en su empeño de volver a Gaza. El pasado 28 de enero tuvo lugar la mayor demostración de esta alianza, con un evento en Jerusalén en el que la extrema derecha decía que "es hora de regresar a casa". No acudió Netanyahu, pero sí varios ministros y diputados de su propio partido, ese Likud que antes era la derecha de siempre y que se ha radicalizado por segundos. 

En total, se presentaron al acto 12 ministros y 15 parlamentarios. Estuvieron presentes y aplaudieron cuando se presentó al público un mapa con los asentamientos que se pretenden levantar en Gaza. 15 serían poblados recuperados, de los que ya existieron antes de 2005, y otros seis, nuevos. Al menos un tercio de los miembros del Gobierno abogan por reinstalarse. Ya en noviembre, 11 diputados propusieron derogar la ley que impide a los israelíes entrar en la franja. 

A los aliados de Bibi no les vale la promesa del primer ministro de que habrá un control de la seguridad de la franja por parte de su Ejército por tiempo indefinido, para que no sea una amenaza para su seguridad, como defiende. Quieren más. Quieren ocupar. Sostienen que llevaban tiempo avisando del riesgo de Hamás y que con más mano dura y presencia dentro de Gaza el sábado negro se habría evitado. "Si no queremos otro 7 de octubre, tenemos que regresar a casa y controlar la tierra", dijo Itamar Ben-Gvir, el ministro de Seguridad de Israel. "No hay manera de ganar esa tierra sin reconstruir Gush Katif. La franja debería florecer con pueblos y ciudades judías", añadió, aludiendo a uno de los asentamientos más masivos del pasado. 

Bezazel Smotrich, el titular de Finanzas, lo dejó claro en el mismo evento jerosolimitano. Afirma que el pueblo palestino "no existe", que es "una invención", y por eso no importa que salgan de una tierra que entiende que no es suya y nunca lo fue. Además, se dice, "hay zonas que están vacías ahora", por más que la razón sea el sistemático ataque de su Gobierno. El "mayor cementerio al aire libre del mundo", como dice el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell. 

Suma a la religión la idea de seguridad, de que estando dentro los colonos, los palestinos que queden, si quedan, estarán controlados. Esa es otra cosa que no acaban de cuadrar las distintas organizaciones: si quieren una Gaza completamente limpia de gazatíes o mantendrían una población sumisa y sometida alrededor. Hay de todo. 

La periodista palestina Mariam Barghouti, basada en Ramala (Cisjordania), quiere dejar claro que lo que puede parecer una excentricidad sin pies ni cabeza ni visos de prosperar "no es una broma". "Estas son las personas que están formulando las políticas en Israel, las que piden una limpieza étnica completa". Los grupos de colonos, públicamente, han agradecido a Netanyahu la "oportunidad de regresar a Gaza", por más que en público diga que "no es un objetivo realista". 

Alerta de que hay una tradición con mucho pasado en la zona, de "ir introduciendo políticas extremas en los márgenes para luego extenderlas. Se van infiltrando en la corriente principal, acaban en la agenda y en los programas". Eso ha pasado con este retorno colono a Gaza, "del que ya no se puede decir que sea un fenómeno marginal". Hay encuestas, destaca, que dicen que una cuarta parte de los israelíes apoya volver a Gaza, "lo que ya es un 25% de personas que entienden que pueden disponer de la tierra ajena", pero es que hay sondeos que elevan ese dato al 44%, creciendo al calor de la guerra. 

Por ahora, el principal aliado de Israel, Washington, considera que esta posibilidad es "irresponsable, imprudente e incendiaria", en palabras de John Kirby, portavoz de Seguridad en la Casa Blanca. 

Itamar Ben Gvir, bailando con sus correligionarios en la conferencia sobre el futuro de Gaza en Jerusalén, e en enero.ABIR SULTAN / EFE / EPA

Sin consecuencias

En las últimas semanas se han producido episodios que evidencian que los colonos son casi intocables. Por ejemplo, un grupo llevó a niños a jugar en la zona de amortiguación entre Gaza e Israel que domina Tel Aviv, sin que los uniformados los frenasen. Otro más se presentó con tablas y materiales de construcción y levantó dos casas de madera, de las que se usan para crear outposts o puestos de avanzada, la primera fase de muchas colonias. Trasladaron el material, lo colaron por un hueco en el muro defensivo, se pusieron a dar martillazos y nadie los paró, tampoco. En el grupo había más de cien personas, como constató el medio local +972, presente en la zona. 

Los llamados "jóvenes de las colina" estuvieron horas en la ese espacio, zona militar cerrada, y levantaron lo que llamaron Nuevo Nisanit, en homenaje a uno de los asentamientos que existían hace 19 años. "No hay dos estados para un pueblo, eso no está bien. La tierra de Israel pertenece al pueblo de Israel", argumentaba uno de ellos. En la misma zona, han sido detenidos en estos más de seis meses de guerra periodistas y activistas que reclaman la vuelta a casa de los rehenes que Hamás mantiene encerrados en Gaza o la entrada en vigor de un alto el fuego. 

Con las horas, nueve colonos fueron finalmente detenidos y liberados dos horas más tarde. No han trascendido los cargos en su contra. El Ejército, consultado por +972, no valoró la acción de los colonos ni tampoco las decenas de vídeos de sus propios soldados que surgieron en redes sociales aplaudiendo lo ocurrido. No hay constancia de sanciones. Sólo indicó que estaba preocupado porque, si los colonos habían podido entrar, quizá otros de dentro podrían salir, o intentarlo. 

Además de esta presión simbólica, los grupos de ultraderecha y, en particular, de colonos, llevan meses protestando junto a los pasos fronterizos para impedir que la ayuda humanitaria entre a Gaza. "Al enemigo se le mata, no se le alimenta", uno de sus gritos favoritos. La ONU confirma que ya hay medio millón de personas que en la práctica sufren hambruna, no hay un flujo comercial de alimentos, los camiones con ayuda humanitaria entran a cuentagotas y tienen muchas dificultades para circular una vez dentro.

Los planes anunciados de Israel

Lo único que se sabe sobre el futuro de Gaza es lo que Netanyahu reveló por primera vez en febrero, tras cuatro meses y medio de contienda. La falta de una hoja de ruta le había generado importantes críticas por parte de Estados Unidos y dio entonces las primeras pinceladas.

Tel Aviv prevé, como marco general, una franja desmilitarizada, cuya seguridad dependerá de Israel y en la que no exista la UNRWA, la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos, a varios de cuyos miembros han acusado (sin pruebas sólidas) de participar en los atentados de Hamás del 7 de octubre. En un documento presentado ante el gabinete de guerra, Netanyahu remarcó sus objetivos a corto plazo: destruir las capacidades militares y la infraestructura gubernamental tanto de Hamás como de la Yihad Islámica, liberar a los rehenes e impedir que Gaza vuelva a ser una amenaza. 

Más a medio plazo, el mandatario anunció una franja donde Israel mantendrá la libertad de operaciones militares "sin límite de tiempo", con un perímetro de seguridad en la divisoria y el control israelí de la frontera entre Gaza y Egipto para evitar la reaparición de "elementos terroristas en la Franja de Gaza".

"La Valla Sur funcionará, en la medida de lo posible, en cooperación con Egipto y con la asistencia de EEUU, y se basará en medidas para impedir el contrabando procedente de Egipto, tanto subterráneo como aéreo, incluido el cruce de Rafah", detalla el documento. También avisó de que Tel Aviv mantendrá el control de seguridad sobre Cisjordania y Gaza, mientras que en el enclave "habrá una desmilitarización completa", mas allá de lo necesario para mantener el orden público.

Respecto a la administración civil y el orden público, estarían reguladas por funcionarios locales con experiencia administrativa, alejados de "países o entidades que apoyen el terrorismo y no recibirán pago de ellos", dice el documento, que anuncia un "programa integral" de lo que llama desradicalización de las instituciones religiosas y educativas en el enclave, con la ayuda de otros países árabes. Ya se están buscando ONG con las que cooperar, pero no se encuentran fácilmente: quién quiere colaborar con el invasor. 

Dos cosas quedan claras de este plan: no habrá presencia civil ni militar israelí dentro de la franja, en esa ilusión de que si se domina desde fuera un territorio no es ocupación, y tampoco habrá un estado palestino del que Gaza forme parte. 

Un grupo de soldados de Israel, desplegados en el sur del país, con los restos de sus bombardeos en Gaza, al fondo.Tsafrir Abayov / AP

Las colonias, ese nudo

Más allá de lo que se haga en Gaza, los asentamientos israelíes en los territorios palestinos, en Jerusalén Este y Cisjordania, son uno de los mayores obstáculos para la paz. La ONU calcula que 700.000 personas residen ya ilegalmente en 270 localidades, villas o bloques de esta naturaleza. Y van a más. Se han expandido en una cantidad récord y corren el riesgo de eliminar cualquier posibilidad práctica de un Estado palestino, según advierte el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Turk, en un informe desvelado en marzo

El austriaco afirmó que el crecimiento de los asentamientos equivale a la transferencia por parte de Tel Aviv de su propia población civil a territorios ocupados, lo que constituye un crimen de guerra al violar la Convenció de Ginebra. La comunidad internacional ha considerado históricamente que los asentamientos israelíes son una violación del derecho internacional, que mueve a las personas de su tierra y además rompe la continuidad territorial de Palestina, con el impacto social, económico, cultural y hasta afectivo que eso genera. 

Estados Unidos dijo el mes pasado que los asentamientos eran “inconsistentes” con el derecho internacional después de que Israel anunciara nuevos planes de vivienda en la ocupada Cisjordania.

Miembros de Ezz Al-Deen Al-Qassam, brazo armadode Hamás, ante la sinagoga Yamit Yeshiva en el antiguo asentamiento de Neve Dekalim, cerca de Khan Younis, en septiembre de 2005.Abid Katib / Getty Images

El informe de Turk entiende que las políticas del Gobierno israelí "parecen alineadas, en un grado sin precedentes, con los objetivos del movimiento de colonos israelíes de expandir el control a largo plazo sobre Cisjordania, incluida Jerusalén Oriental, e integrar de manera constante este territorio ocupado en el Estado de Israel". "La violencia de los colonos y las violaciones relacionadas con los asentamientos han alcanzado niveles impactantes y corren el riesgo de eliminar cualquier posibilidad práctica de establecer un Estado palestino viable", detalla en su dossier de 16 páginas. 

En total, se han documentado 24.300 nuevas viviendas ilegales en la Cisjordania ocupada durante un período de un año, hasta finales de octubre,  el mayor crecimiento desde que comenzó el seguimiento en 2017. También ha habido un aumento "dramático" en la "intensidad, severidad y regularidad" de la violencia estatal y de los colonos israelíes contra los palestinos en Cisjordania. Tras el 7-O, su oficina en Palestina ha contabilizado 428 palestinos muertos en esa zona, incluidos 110 niños. Durante el mismo período, unos 4.760 palestinos resultaron heridos, entre ellos al menos 739 niños, la mayoría a manos de las fuerzas israelíes. 

En este tiempo, se han certificado 704 ataques de colonos israelíes contra palestinos, con un promedio diario de cuatro incidentes, que provocaron víctimas palestinas (69 incidentes), daños a propiedades de propiedad palestina (558 incidentes), o tanto víctimas como daños a propiedades (77 incidentes). En total, 17 palestinos murieron y más de 400 resultaron heridos en este contexto, más de 9.900 árboles resultaron dañados y 40 casas fueron vandalizadas. Estados Unidos , Gran Bretaña, Francia y España han impuesto sanciones a los colonos israelíes por actos de violencia e incitación contra los palestinos que viven en Cisjordania en las últimas semanas.

La autoridad de planificación de asentamientos de Israel dio luz verde en marzo a permisos para casi 3.500 nuevas unidades de vivienda en territorio palestino ocupado, las primeras aprobaciones de este tipo desde que comenzó la guerra de Israel contra Gaza el año pasado. La aprobación provocó una condena generalizada de varios países, incluidos los aliados de Israel.  Los planes israelíes de construir viviendas para colonos en Maale Adumim, Efrat y Kedar van "en contra del derecho internacional", dijo Turk.

Pese a las críticas de la comunidad internacional, incluso de aliados cercanos, Israel no dio marcha atrás a sus nuevas casas. "Los enemigos intentan dañarnos y debilitarnos, pero continuaremos construyendo y siendo edificados en esta tierra", dijo el ministro de Finanzas, Smotrich.

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Un proyecto de Santander

Israel comenzó a construir asentamientos después de capturar Cisjordania, Jerusalén Este y la Franja de Gaza en la Guerra de los Seis Días de 1967. Y no parece que la dinámica vaya a cambiar.