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25/02/2015 07:13 CET | Actualizado 26/04/2015 11:12 CEST

La unión energética europea golpeará a Putin donde más le duele

Si Europa es capaz de poner en marcha una unión energética ambiciosa y eficaz, conseguiremos una serie de objetivos cruciales: más independencia, un suministro seguro de energía, una economía más sostenible y una Europa que lidere de nuevo el desarrollo de energías verdes. Putin querrá que fracasemos, pero esta es una lucha que no nos podemos permitir perder.

Westend61 via Getty Images
Belgium, Brussels, European Commission, European flags at Berlaymont building

La Comisión Europea presentará hoy una propuesta para uno de sus proyectos bandera: la creación de una unión energética europea. Esta propuesta podría conducir a la creación de un genuino mercado único energético europeo en el que exista mayor competencia y costes energéticos más bajos. Podría aumentar la eficiencia energética, crear millones de empleos nuevos, convertir de nuevo a Europa en actor líder en la lucha contra el cambio climático y hacer de Europa un lugar más atractivo para las inversiones de las compañías. Además, la independencia energética de Europa supondría un golpe para la importancia geopolítica de Rusia, y haría que Europa fuera más independiente de Rusia.

Pero esto solo funcionará si la Comisión se atreve a proponer una unión energética fuerte. Pedimos a la Comisión y a los Estados miembros que lleven a cabo acciones concretas en cinco áreas.

Primero, debemos establecer un mercado competitivo e integrado dentro de la UE. Se han puesto en marcha medidas de liberalización, como el tercer paquete energético, pero los Estados miembros de la UE han sido excesivamente reacios a la hora de implementar estas leyes: apenas se han esforzado en invertir en interconexiones con otras redes de energía, y muy a menudo actúan solo para proteger sus compañías energéticas de carácter semi-público. Por ejemplo, la falta de interconexiones impide el intercambio de energía entre los mercados francés y español.

En segundo lugar, necesitamos una estrategia de eficiencia energética mucho más ambiciosa. Los beneficios de las medidas de eficiencia energética ya han sido probados; sin embargo, no han sido todavía explotados en todo su potencial. Están al alcance de nuestra mano y son una combinación ganadora. Si Europa renovara los inmuebles, tanto hogares como oficinas, revisara los sistemas de calefacción, modernizara el transporte, y permitiera el uso de tecnologías inteligentes y el desarrollo de innovaciones en el campo de las tecnologías de la información y comunicación, podríamos ahorrar cantidades increíbles de energía que ahora estamos malgastando. Concentrarse en la eficiencia energética impulsará las inversiones, y tiene el potencial de crear millones de puestos de trabajo -en el sector de la construcción, por ejemplo- pero también en las industrias manufactureras que ahora tienen problemas. Se trata de un requisito crucial si queremos conseguir el objetivo de la UE de reducir las emisiones hasta en un 90% en 2050.

En tercer lugar, para asegurar el funcionamiento de la unión energética es esencial una gobernanza europea. A imagen y semejanza del marco creado para la gobernanza económica, la tercera prioridad pasa por establecer un paquete de medidas sobre energía que asegure que los Estados miembros continúan por el buen camino. La Comisión tiene que supervisar y hacer cumplir estrictamente las normas de la unión energética, además de hacer un seguimiento de los objetivos marcados en el marco climático y energético de la UE para 2030. Estos incluyen una reducción drástica de las emisiones de CO2 y un mayor uso de las energías renovables.

En cuarto lugar, debemos mantener la posición de liderazgo de Europa en el terreno de las tecnologías limpias a través del apoyo decidido a la investigación y desarrollo. Tenemos que ampliar la cooperación entre los investigadores y mejorar la búsqueda de proyectos en los que invertir los fondos europeos existentes. Se debería poner especial atención en pasar de la fase de demostraciones y pruebas precomerciales a la de comercialización de las nuevas tecnologías, procurando además crear economías de escala.

Finalmente, también se necesita prestar especial atención al ámbito empresarial de la unión energética. La principal barrera a la inversión es la incertidumbre regulatoria, con políticas nacionales y europeas que cambian constantemente. Los inversores solo colocarán su dinero en los numerosos proyectos de la unión energética si se establece un marco regulatorio claro y tenemos una legislación medioambiental predecible y una política de competencia fiable. Esto también es aplicable a los ciudadanos -los pequeños inversores de hoy en día-, que quieren cada vez con más frecuencia producir su propia energía.

Hay mucho en juego. Si Europa es capaz de poner en marcha una unión energética ambiciosa y eficaz, conseguiremos una serie de objetivos cruciales: más independencia, un suministro seguro de energía, una economía más sostenible, con una Europa que lidere de nuevo el desarrollo de energías verdes. Putin y muchos otros exportadores de energía de fuera de la UE, que se han lucrado gracias a nuestra adicción a los combustibles fósiles, querrán que fracasemos, pero esta es una lucha que no nos podemos permitir perder.

Este artículo ha sido escrito conjuntamente con Juan Carlos Girauta, eurodiputado de Ciudadanos, miembro del grupo ALDE y miembro de la Comisión de Industria, Investigación y Energía del Parlamento Europeo