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20/01/2016 07:02 CET | Actualizado 19/01/2017 11:12 CET

China se aventura a la vorágine en Oriente Medio

EFE

El presidente chino, Xi Jingping, ha dejado claro que su país no va a poder mantenerse al margen de las numerosas crisis que azotan Oriente Medio, y ha decidido visitar la zona en una época en que dos de sus principales potencias, Arabia Saudí e Irán, están enfrentadas. El año pasado, Xi abandonó todos sus planes de acudir a la región después de que una alianza del Golfo liderada por Arabia Saudí realizara una intervención militar en Yemen. Xi temía que su visita se interpretara como un posicionamiento a favor de uno de los dos bandos.

Desde entonces, China parece haber ido reconociendo poco a poco que no puede limitar sus relaciones a lazos meramente económicos: tiene que asumir un papel más importante en los asuntos de Oriente Medio. China siempre ha apoyado al presidente sirio, Bashar Al-Assad, y hace poco ha intentado posicionarse como mediadora del brutal conflicto sirio al invitar a representantes del gobierno y de la oposición a Pekín.

El reciente interés en Siria por parte de China se ha visto alimentado por los siguientes factores: porque el Estado Islámico (EI) ha señalado a China como uno de sus objetivos, por la capacidad que ha demostrado este grupo para perpetrar ataques terroristas por todo el mundo y por el hecho de que cientos de uigures -un grupo étnico musulmán rebelde del noroeste de China- se hayan unido a él en calidad de combatientes extranjeros. El Estado Islámico ha emitido hace poco su primer vídeo de reclutamiento en chino. En noviembre, el EI ejecutó a un ciudadano chino.

Igual que en el caso de Siria, donde parece improbable que se llegue a negociar un acuerdo para poner fin a la violencia, Xi se dará cuenta de que hay pocos alicientes para solucionar la disputa entre Arabia Saudí e Irán. A Arabia Saudí -con su actitud desafiante y su disposición para buscar una política exterior arriesgada y una estrategia militar para forzar a Estados Unidos a involucrarse de nuevo en los asuntos de Oriente Medio- no le conviene resolver las disputas con Irán. Sin embargo, Irán se pasea a sus anchas gracias al levantamiento de las sanciones como recompensa por su promesa de desmantelar sus planes nucleares de carácter militar.

Probablemente Xi reconozca que lo de lanzarse a Oriente Medio es más fácil de decir que de hacer. El compromiso en una región tocada por el conflicto étnico y las disputas políticas no es algo que China haya experimentado demasiado.

Además de darse cuenta de que ni Arabia Saudí (el principal proveedor de petróleo de China) ni Irán (con quien China mantiene una buena relación desde hace mucho tiempo) están interesados en una mediación seria, lo más probable es que Xi descubra que Estados Unidos es el único país con el poder suficiente como para gestionar la disputa aunque se muestre reacio a involucrarse más.

Paradójicamente, la visita de Xi en un momento de tensión creciente en Oriente Medio, junto con los esfuerzos de China por mediar en Siria, demuestra la importancia de la publicación este mes del Arab Policy Paper en China. Este documento, que detalla la nueva estrategia política del gigante asiático en los países árabes, defiende los principios tradicionales de la política exterior china -que cada vez se cuestionan más en Oriente Medio- y hace hincapié en la cooperación energética y económica. Esta es la primera vez que China articula una política relativa a Oriente Medio. No obstante, en lugar de enumerar políticas específicas, se basa en generalidades: economía, energía, terrorismo, seguridad, cooperación técnica y la iniciativa One Belt, One Road [Un cinturón, una ruta].

Con la visita de Xi a Oriente Medio, China sólo pretende asegurar sus importaciones energéticas, luchar contra el terrorismo y tratar los proyectos de infraestructura para potenciar su iniciativa de la Ruta de la seda. De este modo, se hace evidente que China necesita convertirse en un factor clave en Oriente Medio para proteger sus intereses y para ser considerada una mayor potencia. Los expertos árabes llevan un tiempo pidiendo a China que actúe como superpotencia y adopte un papel más activo en la región.

Pero si lo hace, con este enfoque sobre Oriente Medio, China encontraría trabas en su política interior, al igual que Estados Unidos por sus estrechos vínculos con Israel. Tomar parte en Oriente Medio es algo arriesgado y en China podría tener repercusiones negativas en la región autónoma uigur de Sinkiang. Por eso China ha sido muy cuidadosa a la hora de no adoptar una postura que pudiera molestar a Turquía, precisamente por los estrechos vínculos de este último con la etnia uigur, que habla un idioma de origen turco.

Sin embargo, la reciente ley antiterrorismo constituye un primer paso hacia un mayor compromiso por parte de China. La ley permite a los militares chinos llevar a cabo operaciones contra el terrorismo en otros países, siempre que tengan un acuerdo con el país en concreto. Del mismo modo, China establece su primera base militar en Yibuti, en el Cuerno de África. Además, según este documento, China pretende "fomentar las visitas de militares entre países, incrementar el intercambio de personal militar, reforzar la cooperación en cuanto a armas, equipamiento y diversas tecnologías especializadas, y llevar a cabo operaciones militares conjuntas" con los países árabes.

Probablemente Xi reconozca que lo de lanzarse a Oriente Medio es más fácil de decir que de hacer. El compromiso en una región tocada por el conflicto étnico y las disputas políticas frecuentemente ocultas por cuestiones religiosas no es algo que China haya experimentado demasiado. El esfuerzo chino por contener las discrepancias en Sinkiang resulta poco prometedor en su habilidad para reducir las tensiones o solucionar los conflictos en Oriente Medio. Además, no sólo bastará la promesa de que China no busca la hegemonía en Oriente Medio para permitirle que resuelva los múltiples escollos de la región.

Este post fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Irene de Andrés y Marina Velasco

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