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24/03/2016 10:02 CET | Actualizado 24/03/2016 10:02 CET

Cono sur: apostando por la economía verde

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Foto del parque eólico de Rocha, en Uruguay/EFE

América del Sur y, en especial, los países de la Cuenca del Río de la Plata (Uruguay, Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia) se encuentran en una posición ventajosa a la hora de cumplir con los compromisos asumidos en la Conferencia Global de Cambio Climático, la COP21, celebrada en diciembre pasado en París, y que establece un marco global común para reducir las emisiones de gas invernadero de forma sostenible.

En general, América Latina es la región que menos contribuye a la generación de los gases que afectan al cambio climático. La incidencia -como producto del sector energético- es de alrededor del 6%, mientras que si se incluye el aporte del sector agrícola y la deforestación, llega al 12%. Como contrapartida, en realidad, lo que ocurre es que es víctima de los desmedidos impactos del cambio climático. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), entre 2003 y 2013, el sector agrícola de la región perdió once mil millones de dólares debido a los desastres naturales.

Los países de esta sub-región han sido pioneros en desarrollar algunos nichos tecnológicos en el área de las energías renovables e incorporarlos con importancia en sus matrices energéticas, como por ejemplo, el etanol en Brasil, energía hidráulica en Paraguay y la energía eólica en Uruguay. La región posee un alto nivel de conocimiento científico-técnico e instituciones de primer nivel que están desarrollando tecnologías innovadoras. Además, su geografía colabora, ya que posee abundantes fuentes potenciales de energía renovable.

En Bolivia, la matriz energética se ha diversificado al incorporar usinas termoeléctricas, aprovechando la producción de gas natural, cuya eficiencia es indiscutible. Así se llegó a una ecuación de producción eléctrica en la que esta fuente representa el 70 por ciento de la generación de dicha energía y el 30 por ciento restante se cubre con energía hidroeléctrica y otras energías alternativas.

El Uruguay, por su parte, se aproxima hacia un modelo inédito en la región y el mundo, con un escenario energético que contempla una matriz de casi el cien por cien compuesta por energías renovables, donde la hidroeléctrica y eólica predominan.

Mientras en el Cono Sur la media de energía renovable se estima por encima del 30%, en los países ricos de la OCDE es de apenas el 8 por ciento

En efecto, con una inversión de alrededor del 3% de su Producto Bruto Interno en este sector, el 25% de la energía eléctrica proviene de fuentes eólicas, mientras que un 15% es solar y biomasa. Casi el 60% restante es energía hidroeléctrica.

La estrategia de Uruguay no es un gran secreto; se basa en planificación y consensos a largo plazo:

  • planes de largo plazo hasta 2030,
  • acuerdos de carácter nacional, por encima del arco político y
  • cooperación público-privada.

En el caso del Paraguay, y según cifras oficiales, el 57 por ciento de su energía proviene de fuentes hidroeléctricas, en tanto que más del 20 por ciento es biomasa y el resto es petróleo y derivados. Hay espacio para una mayor renovación potenciada por la gran capacidad que el país tiene para la energía solar, eólica y el gas natural.

Si bien hasta 2030 el país tiene asegurada sus fuentes de energía a través de las represas hidroeléctricas de Yacireta (con Brasil) e Itaipu (con Argentina), ya existen planes para una mayor diversificación de la matriz.

Por su parte, en Argentina el gas natural alcanza a más del 50% de la matriz energética, seguido del petróleo, con el 37 por ciento, y el resto lo constituyen fuentes alternativas de energía, con un enorme potencial para la incorporación de energía eólica.

Brasil, por su lado, presenta un mix energético envidiable con 50% de energía renovable impulsado por la relevante presencia del etanol.

Mientras en el Cono Sur la media de energía renovable se estima por encima del 30%, en los países ricos de la OCDE es de apenas el ocho por ciento

Desde FONPLATA estamos apoyando este proceso hacia las energías eficientes y renovables. Estamos convencidos que es posible crecer económicamente y al mismo tiempo mantener y desarrollar una matriz energética limpia. Pero ello no debe significar conformismo. Por el contrario. Si aspiramos a la sostenibilidad energética con la mira puesta en los compromisos de la comunidad internacional para 2030, debemos articular una política sobre tres ejes: seguridad energética, equidad social y mitigación de los impactos ambientales, incluyendo el cambio climático. El Cono Sur tiene en esa búsqueda un gran camino ya recorrido y por ello es parte de la solución global al cambio climático.

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