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11/01/2018 07:32 CET | Actualizado 11/01/2018 07:35 CET

Propósito de año nuevo: llorar más

Reconocer las emociones negativas y aprender a lidiar con ellas hablando, llorando o haciendo ejercicio es algo muy importante en la vida.

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Ay, el año nuevo. Es la excusa perfecta para apuntarte al gimnasio, quitarte unos cuantos kilos de encima y ahorrar para ese coche con el que siempre has soñado. Es una oportunidad para reinventarte, cambiar tu estilo y de carrera profesional o dejar el alcohol de una vez por todas. Pero la realidad es que, a mediados de enero, ya te sientes desinflado, pisoteado y totalmente limitado por esos propósitos que te planteas a principios de año. Todos hemos pasado por eso, y no es de sorprender: los negocios y los medios de comunicación nos bombardean con el famoso "año nuevo, vida nueva" y pretenden vendernos este ideal.

Es frecuente que en enero nos sintamos mal por las ingentes cantidades de turrón que hemos devorado durante las fiestas, y la publicidad trata de encasquetarnos varios DVD para hacer ejercicios, descuentos en el gimnasio, etcétera. Nos dicen que no conseguimos dar la talla en 2017 y que 2018 puede ser distinto. Este año podrías brillar, podrías ponerte cañón para que tu ex, de quien sigues enamorado, se arrepienta de haberte dejado, o podría ser el año en el que por fin encuentres el trabajo de tus sueños y te mudes a otra ciudad.

Sinceramente, nos estamos sometiendo a una gran presión a fin de reinventarnos. Me parece estupendo que el fin de año se convierta en un momento para reflexionar, echar la vista atrás y ser conscientes de nuestros logros y nuestros fracasos y obtener una perspectiva general. Todos cometemos errores, y es bastante más productivo aceptar que hemos tomado decisiones equivocadas, aprender de ellas y archivarlas como experiencia. De nada sirve menospreciarnos e invertir demasiado tiempo centrándonos en eso.

Para 2018, me gustaría plantearme dos propósitos: llorar más y desintoxicarnos de la vida digital.

Es peligroso pensar que llorar está mal. La cultura de "mantener la compostura" perjudica la manera natural y saludable de canalizar las emociones negativas.

Un estudio reciente llevado a cabo por la organización Ditch the Label reveló que la mayoría de las personas adoptan una actitud negativa con respecto a llorar. Además, el análisis de más de 12 millones de conversaciones online desveló una gran falta de apertura emocional en la sociedad actual, lo cual afecta negativamente a nuestra salud mental y puede acarrear depresión, ansiedad, trastorno dismórfico corporal y trastornos alimenticios, entre otros.

Puede ser peligroso pensar que llorar está mal. Esa cultura de "mantener la compostura" perjudica la manera natural y saludable en la que canalizamos nuestras emociones negativas. Este problema nos afecta a todos, pero en especial a los hombres, lo que deriva en una cultura masculina estoica, en la que se les incita a emplear la violencia y la agresión para lidiar con las emociones negativas.

Reconocer las emociones negativas y aprender a lidiar con ellas hablando, llorando o haciendo ejercicio es algo muy importante en la vida. Pueden pasarnos cosas buenas y malas, y está bien estar triste de vez en cuando, de modo que date el lujo de hacerlo. Las personas que parecen estar felices constantemente, mienten. No es normal ni saludable estar feliz todo el tiempo, y es aceptable derramar alguna lágrima de vez en cuando. Deberíamos darles a las personas el espacio y el ánimo necesarios para procesar sus emociones de forma saludable.

Aparte del hecho de no llorar, otro de los fenómenos que afecta a nuestra salud mental hoy en día son las redes sociales. Está claro que somos continuamente bombardeados con imágenes de vidas perfectas, y que eso perjudica nuestra salud mental, en particular la de aquellos jóvenes que no cuentan con un juicio crítico para distinguir realidad de ficción al ver una imagen editada y llena de filtros en su Instagram.

El mensaje subliminal está claro: todo el mundo lo está pasando mejor que tú, sus vidas son mejores y la tuya es un aburrimiento. Lo que a menudo no vemos es el hecho de que todas esas imágenes maravillosas que las personas publican en las redes no son necesariamente reales: la mayoría de las personas admiten que solo comparten los momentos positivos, y rara vez comparten los negativos.

A lo largo de este nuevo año debes ser consciente de que las personas solo muestran lo que quieren que veas, y gran parte de esas cosas son completamente inventadas o están sacadas de contexto. Si cada vez que miras tus redes sociales te sientes inferior o mal contigo mismo, es hora de plantearte una desintoxicación digital. Y no, eso no quiere decir que dejes las redes por completo, sino que dejes de seguir a aquellas personas que una vez consideraste "ejemplos a seguir" y reconozcas que te están vendiendo un ideal irreal, y que está afectando a tu autoestima.

Este artículo fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Reino Unido y ha sido traducido del inglés por María Ginés Grao.

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