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10/10/2018 07:29 CEST | Actualizado 10/10/2018 07:29 CEST

En Babia

Albert Gea / Reuters
Parlamento catalán.

O en Cataluña. Que lo mismo da y así cambiamos de nombre, aunque vayamos de oeste a este de lo que todos (o casi) conocemos como España. El caso es que con sobredosis del procés, de aniversarios de referéndum o lo que fueren, de políticos presos (o presos políticos, según quien hable), de huidos o exiliados (también hay versiones), he llegado a la conclusión de que los protagonistas de este bombardeo de noticias no están en Barcelona, ni en Gerona ni en Bélgica o en Suiza, ni en las cárceles de turno. Están en Babia.

Y no en la "Babia" de la leyenda romántica, esa que se refiere a los pastores que, en plena trashumancia, y añorando a las novias, las mujeres o su terruño, contemplaban absortos las estrellas sobre los campos extremeños esperando impacientes el momento del regreso.

Pero parece que la historia verdadera del topónimo se refiere a los reyes de León, ya saben, los Ordoños, los Ramiros y Alfonsos, que contaban con inmensas fincas de caza en las montañas, y que, más a menudo de lo aconsejable, se perdían voluntariamente allí, se alejaban del mundanal ruido de la Corte y de sus responsabilidades como gobernantes. Estaban en Babia, y no se enteraban de guerras, hambrunas, miserias y pestes. "El rey está en Babia", y con esto daban a entender que su alteza no quería saber nada de nada.

Da igual como se llamen. Todos son Babia. Y sus moradores, están en Babia. Desde hace tiempo, y por mucho tiempo

Pues eso. Los campos y las montañas son ahora despachos, parlamentos, ayuntamientos, y organismos oficiales. Da igual como se llamen. Todos son Babia. Y sus moradores, están en Babia. Desde hace tiempo, y por mucho tiempo.

Han decidido (y les hemos ayudado a ello), aislarse del mundo, refugiarse en Babia, como reyes o pastores, que eso da igual, con el cuerpo y la mente en otro sitio, bajando de cuando en cuando para hacer una pomposa declaración, colgarse un lazo o presidir una manifestación, una conmemoración, o, como es el caso de estos días, un aniversario de lo que no fue.

A lo suyo, en su mundo, y sin tener en cuenta que el mundo real está aquí, es el que habitamos, donde pasan cosas, donde la gente está en paro, quiere cultura, quiere educación, quiere mantener su ciudad, quiere progreso y quiere futuro, quiere respuestas que no sean "el alcalde, el president o el diputado están en Babia". Quiere que estén aquí con hechos y sin discursos vacíos.

Que vuelvan de Babia, se llame como se llame ese lugar. Y se pongan a trabajar.

Este post se publicó originalmente en el blog de la autora.

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