Un catedrático de Derecho europeo, sobre la reacción de Bruselas a Ceuta: "La extrema derecha ya no necesita gobernar para dictar la respuesta de la UE"
"Italia fue tratada como un Estado que compartía la carga, mientras que España fue tratada como un gobierno que había contribuido a su propia crisis".
La mirada en Ceuta; el análisis en Bruselas. Le Monde dedica una contundente tribuna a la respuesta ofrecida por la Unión Europea a la crisis migratoria alimentada por Marruecos y que significó la entrada masiva e ilegal de cerca de 72.000 personas en poco más de dos días. Pasado lo peor —aunque "aún no superado el trauma, como reconocía Juan Jesús Vivas—, toca hacer balance.
El artículo lo firma Alberto Alemanno, profesor titular de la Cátedra Jean Monnet de Derecho de la Unión Europea en París.
Para el catedrático, el episodio ocurrido en Ceuta puso de manifiesto "graves deficiencias en la gestión de fronteras, la ayuda humanitaria y la cooperación de Marruecos con España". Sin embargo, matiza que todo esto "no justifica la idea, repetida por varios líderes europeos y extranjeros, de una 'invasión' de Europa".
Pese a la rápida devolución o regreso voluntario de la gran mayoría de los migrantes cruzados ilegalmente, el catedrático señala que "muchos líderes europeos lo consideraron un acontecimiento de una magnitud completamente distinta".
"Una pérdida temporal de control se convirtió en una prueba para un principio fundamental del proyecto europeo: que la presión ejercida sobre una frontera exterior es una responsabilidad compartida. Muchos gobiernos no superaron esta prueba", apunta Alemanno en referencia a la postura mostrada por Italia y la fractura interna en Bruselas.
Que fuera Italia quien liderase una reacción de cerrar puertas con España no deja de asombrar al catedrático, que no olvida —Le Monde tampoco, como mostró en otra llamativa pieza— cómo Italia se sirvió de la solidaridad europea con Lampedusa.
"La comparación con Lampedusa demuestra que no se trataba simplemente de una cuestión de gestión fronteriza, sino de solidaridad política". "Quienes llegaban a Lampedusa podían desplazarse con mayor facilidad dentro del espacio Schengen, lo que hacía más probables los movimientos secundarios. Aun así, Italia fue tratada como un Estado que compartía la carga, mientras que España fue tratada como un gobierno que había contribuido a su propia crisis", prosigue.
De inmediato, el catedrático en Derecho de la UE ve claro que esta diferencia de trato "marca un punto de inflexión". "La extrema derecha ya no necesita estar en el poder para dictar la respuesta de la Unión. La solidaridad se volvió condicional y Schengen, un medio para ejercer presión sobre gobiernos con políticas migratorias impopulares".
Y esa división considera que "también creó una vulnerabilidad que los actores externos no tardaron en explotar", como ha hecho Marruecos alimentando la crisis de Ceuta.