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29/01/2015 07:30 CET | Actualizado 30/03/2015 11:12 CEST

Tsipras promete una nueva Grecia

Asistimos a la firma apresurada del primer acuerdo poco antes de la quiebra y vimos cómo nuestra vida pasaba a depender de la voluntad de la Troika, que decidiría cuál sería la próxima dosis para mantener con vida al paciente. Somos un pueblo trabajador que veía cómo su vida cambiaba abruptamente con las estrictas medidas de austeridad.

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En cuanto se anuncian los resultados finales de las elecciones, Alexis Tsipras se dirige hacia los propileos para dar su discurso triunfal. Con las manos ligeramente temblorosas, abre la carpeta azul que tiene enfrente y saca el discurso que ha preparado para la ocasión. Su discurso es alentador y meticulosamente cuidado, pues sabe que cada palabra que diga se examinará con microscopio. Concluye y se va. Abajo, la multitud disfruta y baila. De repente, Tsipras se gira y grita: "La gente tiene derecho a celebrar y bailar, en estos cinco años nos habían privado de ello".

Independientemente de a quién votasen o apoyasen, en los últimos cinco años los griegos han vivido, en el mejor de los casos, preocupados y paralizados en medio de la incertidumbre y, en el peor de los casos, sin un duro y sin ningún tipo de seguridad o expectativas. Como dijo un amigo, es como si nos hubieran condenado a vivir confinados en una sala de hospital, sujetándole la mano a un paciente postrado.

Asistimos a la firma apresurada del primer acuerdo poco antes de la quiebra, vimos cómo nuestra vida pasaba a depender de la voluntad de la Troika, que decidiría la próxima dosis de medicamentos para mantener con vida al paciente. Somos un pueblo trabajador y orgulloso que observaba cómo su vida cambiaba abruptamente con la introducción de estrictas medidas de austeridad.

El nuevo primer ministro está prometiendo cambiarlo todo. O intentar cambiarlo, tanto a nivel nacional como internacional. A nivel nacional, se enfrenta a una oportunidad única, porque parece que la gente está de su lado. Según los sondeos de The Huffington Post, el 55% de los griegos cree que un Gobierno dirigido por Syriza estaría mejor posicionado para negociar en los ámbitos político y económico. Tiene por delante una oportunidad política, pues pasará un tiempo antes de que Nueva Democracia, el principal partido de la oposición, vuelva a agruparse y organizarse.

Las restricciones económicas siguen asfixiándonos. El nuevo equipo de finanzas del Gobierno probablemente tendrá que pedir una extensión del acuerdo de rescate con el fin de conseguir tiempo para unas negociaciones renovadas, como afirma que va a hacer. Pero aún no sabemos cuál será la reacción de los prestamistas extranjeros. Los ministros del Eurogrupo hablan de una lucha constante entre los poderes del mercado. Creen que la crisis es tan grande que podría "acabar" con el primer ministro.

Aún no sabemos si Europa o toda Europa quiere cambiar. En los últimos años se ha hecho bastante evidente la fragilidad de los cimientos económicos del continente. Lo que no sabemos es si la "franja de Europa que está cambiando se unirá a los demás pueblos de Europa", como afirmó el nuevo primer ministro en el discurso que dio en el estrado de la universidad. La historia griega ha demostrado que los nuevos poderes políticos e ideas afloran cuando el país sale de una crisis. Aún no sabemos en qué punto estamos, pero lo que es cierto es que estamos pasando por una fase de transición. Por tanto, quizás la frase del discurso de Alexis Tsipras que fue poco comentada, pero que se nos debería quedar en la mente es ésta: "Grecia está pidiendo espacio y tiempo".

Este post apareció originalmente en el 'HuffPost Grecia' y ha sido traducido del inglés.