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Permitan al chico innovar y, tal vez, salvar vidas

09/12/2013 07:45 CET | Actualizado 07/02/2014 11:12 CET

Hace pocos días, la institución para la que trabajo invitaba a un chico de 16 años a hablar sobre sus descubrimientos científicos. Seguramente algunos de ustedes habrán oído hablar de él: Jack Andraka. Jack vive en Estados Unidos donde con tan solo 15 años consiguió desarrollar un sistema basado en nanotubos de carbono para detectar cáncer pancreático de forma rápida, eficiente y económica (según él mismo). Jack ganó gracias a esta invención varios premios y viaja ahora mismo por medio mundo hablando sobre su historia personal: la motivación para combatir el cáncer (la muerte de un ser cercano) y de todas las barreras que tuvo que superar hasta desarrollar su invención (entre otras, el escepticismo de numerosos profesores). Si están interesados en la historia de Jack y en oírle en primera persona lo pueden también hacer en la red.

Muchos de ustedes pensarán que el caso de Jack es el del sueño americano y que estas cosas no suceden en otros lugares. Al respecto, debo reconocer que probablemente algunas de las cosas que Jack ha conseguido (inventar algo, difundirlo y defenderlo con valentía) hayan sido posibles gracias al clima más proclive a la innovación y a la superación personal que se respira en EEUU. Parece que otro factor determinante del éxito de Jack, según explica él mismo, ha sido un ambiente familiar propicio a debatir y desarrollar ideas.

Debo añadir que el hecho en sí de que jóvenes cerebros se pongan a pensar y a desarrollar sus propias ideas (jóvenes emprendedores) es algo que también existe, y que incluso se promueve, en Europa. Por citar un ejemplo: el concurso europeo anual de jóvenes científicos que convoca cada años a chicos y chicas de 14 a 21 años.

Otro título para este artículo podría haber sido: ¿es necesaria una sólida formación científico-técnica para poder aportar algo a la ciencia o a la tecnología? Y mi respuesta, y este es uno de los mensajes de mi artículo, es: no necesariamente. Existen casos de personas que aun teniendo deficiencias formativas respecto a sus contemporáneos han logrado aportar relevantes descubrimientos a la humanidad. Por poner dos ejemplos: el matemático indio Srinivasa Aiyangar Ramanujan o el inventor estadounidense Philo Farnsworth.

En mi opinión, la ciencia, el conocimiento, pero también la inventiva y la innovación no deberían ser exclusiva de nadie y, por lo tanto, no entender de sexos, nacionalidad, edad ni condición social, académica o económica. Hay ejemplos positivos en este sentido como el de Jack, o como el auge de las revistas científicas que ofrecen sus artículos sin pago previo (open access). La lista con los ejemplos negativos es, lamentablemente, aún mucho más larga.

En resumen, y volviendo al caso de Jack, no creo que un chico de 16 años pueda revolucionar la ciencia, pero sí creo que hay que apostar por las ideas y el compromiso de personas como él. Al fin y al cabo esto puede contribuir a salvar vidas. ¿Imaginan un objetivo más noble para la ciencia?

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