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Por qué mi marido siempre irá por delante de mis hijos

26/04/2015 09:57 CEST | Actualizado 26/06/2015 11:12 CEST
Getty Images

Por Amber Doty

Menos de un mes después de nuestra boda -incluso antes de escribir a los invitados para darles las gracias por su regalo-, descubrí que el test de embarazo había dado positivo.

Cuando llevábamos ocho meses y medio casados y aún estábamos habituándonos a nuestro nuevo papel como marido y mujer, de repente nos convertimos en mamá y papá. No voy a decir que nos molestara la llegada del bebé (los dos estábamos ansiosos por formar una familia), pero sí voy a decir, a posteriori, que lo de ser madre el mismo año que te casas no está hecho para todo el mundo.

El primer año de vida de nuestro hijo fue el más difícil de nuestro matrimonio hasta la fecha, y también el año en el que aprendí una importante lección: mi marido siempre irá antes que mis hijos.

No me malinterpretéis; adoro a mis hijos y haría cualquier cosa por ellos. Pero quiero más a marido.

Cuando comparto esto con mis amigas, las que son madres suelen indignarse y quedarse en shock. Al fin y al cabo, esto va en contra de la regla de oro de la maternidad, que dice que ser un buen padre significa sacrificar todo por la felicidad y el bienestar de los hijos.

Dejar a un lado nuestras necesidades en favor de las suyas es prácticamente un requisito, pero, lo siento, no voy a morder el anzuelo.

A algunas personas, la idea de que los niños vayan en segundo lugar les parece absurda. Según un estudio llevado a cabo por YourTango, la mitad de los expertos analizados creen que las mujeres deberían priorizar a su marido por delante de sus hijos. Como podéis imaginar, los comentarios de la gente en el artículo no eran demasiado agradables.

Y lo entiendo. No cabe duda de que el vínculo entre una madre y su hijo es irrompible. Pero creo que lo que invierto en la relación con mi marido es beneficioso para la familia en su conjunto. Priorizar las necesidades de mi marido disminuye nuestras posibilidades de divorciarnos; también incrementa la probabilidad de que nuestros hijos permanezcan en un hogar con dos progenitores.

Estoy convencida de que modelar una relación sana para nuestros hijos pone los cimientos para los vínculos que ellos crearán cuando sean mayores. En mi opinión, mi marido y yo somos el primer ejemplo de lo que es un matrimonio feliz. Al vernos, nuestros hijos aprenden cómo deberían tratar a su futura pareja (y lo que deberían esperar a cambio).

Pienso que criarlos en un hogar donde los padres se quieren y se valoran es otro aspecto clave para su crecimiento. Y eso para mí significa anteponer a mi marido.

Salvo en contadas excepciones, no veréis a nuestros niños durmiendo en la cama con nosotros. Si sólo nos podemos permitir unas vacaciones al año, nos vamos solos, y no me siento culpable por pedir ayuda a mi familia para poder tomarnos una noche libre en la que hablemos de cualquier cosa menos de nuestros hijos.

En unos años se irán de casa y, cuando lo hagan, quiero celebrar el trabajo bien hecho con mi amante, no sentarme en una casa silenciosa con una persona que se ha convertido en un extraño como consecuencia de años de discreto distanciamiento.

Este post apareció originalmente en YourTango.

Este post fue publicado anteriormente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano.

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