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24/07/2015 21:50 CEST | Actualizado 15/08/2015 10:12 CEST

Todo lo que siempre quisiste saber sobre la diarrea del viajero

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Es una de las mayores pesadillas de todo viajero: pasar una gran parte de las vacaciones sin poder visitar otros lugares que los aseos públicos. La diarrea del viajero es probablemente tan antigua como los propios viajes; pero antes de que recorrer el mundo se convirtiera en una actividad de masas, los exploradores clásicos incluían todas las infecciones de este tipo bajo la definición común de su forma más grave: disentería. Fue uno de los males que mataron al doctor Livingstone, y ha sido un factor decisivo en muchas guerras. Según el médico que la describió por primera vez, el estadounidense Benjamin H. Kean, los resultados de los Juegos Olímpicos de Roma en 1960 "estuvieron más determinados por el estado del tracto intestinal de los atletas que por su capacidad intrínseca".

Kean detalló por primera vez el síndrome en 1963, en un estudio realizado a lo largo de cinco años con estudiantes estadounidenses en México, donde la dolencia se conocía como Turista. Junto a un equipo de colaboradores, logró identificar la causa principal: Escherichia coli, la bacteria intestinal por excelencia. Tratándose de un tema tan escatológico, Kean escogía sus palabras a la hora de describir los casos clínicos en sus estudios: "Despertó de repente a las cuatro de la mañana, desesperadamente consciente de que estaba a punto de mover sus intestinos".

Es la más frecuente de las enfermedades del viajero, y lo peor de ella es que "resulta en una gran frustración en tiempos de grandes expectativas", resume a El Huffington Post Robert Steffen, médico y profesor emérito de la Universidad de Zúrich (Suiza), cofundador y expresidente de la Sociedad Internacional de Medicina de Viajes, y uno de los mayores expertos mundiales en este mal. Estas son las ocho preguntas, y sus respuestas, que todo viajero debería conocer sobre la dolencia que le puede acechar en cualquier bocado o sorbo.

1. ¿QUÉ ES?

La diarrea del viajero recibe innumerables nombres en diferentes países. Los más populares son La venganza de Moctezuma en México o La maldición de la momia en Egipto, pero en India se habla del Delhi Belly (vientre de Delhi). La enfermedad suele definirse desde la perspectiva de los ciudadanos de países desarrollados que viajan a regiones más desfavorecidas. Según escribían Steffen y sus colaboradores en una revisión publicada en enero de este año en la revista Journal of the American Medical Association (JAMA), "la enfermedad está presente si el viajero desarrolla en destino tres o más defecaciones no formadas durante 24 horas, además de un síntoma adicional como calambres abdominales, tenesmo [necesidad de defecar con el intestino vacío], náuseas, vómitos, fiebre o urgencia fecal".

Lo peor es que "resulta en una gran frustración en tiempos de grandes expectativas"

2. ¿CÓMO SE CONTRAE?

Las explicaciones sobre cómo se contrae la diarrea del viajero a veces son largas y profusas, pero se resumen muy fácilmente en palabras de Steffen: "La ingestión de comidas y bebidas con contaminación fecal". Este modo general de contagio puede tomar múltiples formas. Entre las más habituales se encuentran las que cualquier viajero suele conocer: los alimentos crudos o mal cocinados, el agua contaminada o la fruta sin pelar. Pero la enfermedad puede acechar desde otros frentes quizá menos conocidos: "Muchas comidas y bebidas pueden contaminarse antes de llegar al tenedor o al vaso del visitante", advierte Steffen. Un ejemplo típico es la comida de los puestos callejeros, que puede estar perfectamente cocinada y totalmente contaminada con posterioridad a su cocción. Los expertos también recuerdan que de poco sirve beber agua embotellada si se le añade hielo procedente de fuentes inseguras.

Pero a pesar de que las sospechas suelan recaer principalmente sobre los puestos callejeros, hoteles baratos y albergues juveniles, el viajero de alto nivel tampoco está a salvo: la revisión de Steffen cita varios estudios en los que se encontró una alta incidencia de diarrea del viajero en hoteles de cinco estrellas, "particularmente después de actos sociales que servían comida de estilo buffet expuesta a condiciones ambientales cálidas". Tampoco los cruceristas salen indemnes: todos los años se producen varias epidemias en buques de cruceros. El Centro para el Control de Enfermedades de EE. UU. registra ya nueve brotes este año, los mismos que en todo 2014.

3. ¿CUÁL ES EL CAUSANTE?

Aunque la causa de la diarrea del viajero puede ser bacteriana, vírica o parasitaria, a escala global el principal agente es alguna cepa tóxica de la bacteria E. coli; en Latinoamérica y el Caribe este microbio está presente hasta en el 70% de los casos. Sin embargo, hay diferencias regionales: en el sureste de Asia son más frecuentes las infecciones por las bacterias Campylobacter y Aeromonas. Tras ellas, los que ganan en prevalencia son dos tipos de virus, norovirus y rotavirus. Los primeros son los virus de los cruceros, de fácil transmisión porque pueden contaminar cualquier superficie, como un pasamanos, un picaporte o un cambiador de bebés, además de transmitirse también por la respiración.

El rotavirus es el típico virus de las guarderías que causa diarreas, vómito y fiebres en los niños. Es habitual en las aguas dulces contaminadas. Un estudio publicado el pasado junio ha elaborado un mapa de la contaminación de las aguas superficiales por rotavirus a escala global. Las peor paradas son las áreas urbanas densamente pobladas de Bangladés, Nigeria y el este de China, pero incluso países desarrollados como Bélgica o Reino Unido tienen niveles considerables de contaminación.

Por último, otros microbios protagonistas de las diarreas son las bacterias Salmonella, Shigella, Plesiomonas, Bacteroides y Vibrio, junto con los parásitos Giardia, Cryptosporidium y Entamoeba histolytica, las famosas amebas. Según resume a El Huffington Post David R. Hill, médico especialista en enfermedades infecciosas, profesor de la Universidad de Quinnipiac (EE.UU.) y coautor de la revisión de JAMA, "dado que existen docenas de agentes, hay muchas oportunidades de entrar en contacto con ellos; por así decirlo, el viajero siempre va a la zaga".

4. ¿DÓNDE SE CONTRAE?

Según la revisión de JAMA, la incidencia de diarrea del viajero en todo el mundo aún se mantiene entre el 10 y el 40% para un viaje medio de dos semanas, aunque ha descendido desde un 65% hace dos décadas. De cada mil visitas al médico tras la vuelta a casa, 335 son por esta causa. Los autores han elaborado un mapa mundial que valora el riesgo en cada país. A grandes rasgos, los más peligrosos, con una incidencia igual o superior al 20%, comprenden centro y Suramérica exceptuando el cono sur y Brasil; África subsahariana (excepto Suráfrica) y Egipto; Oriente Medio, el sur de Asia y la mayoría de las islas del archipiélago Malayo (Indias Orientales).

En el otro extremo, con una incidencia menor del 8% figuran EE. UU. y Canadá, Europa occidental (excepto Portugal), Australia, Nueva Zelanda y Japón.

En lo que respecta a los viajeros españoles, y según expone a El Huffington Post Rosa López Gigosos, Jefa de Servicio de Sanidad Exterior del Centro de Vacunación Internacional (CVI) de Málaga y profesora de la Universidad de Málaga, "en el momento actual existe una gran demanda de viajes de tipo turístico a países del sureste asiático (Tailandia, Indonesia, Vietnam, Camboya, etc.) en los que el riesgo de diarrea es elevado". López Gigosos advierte especialmente sobre los viajes al Caribe: "Los países del Caribe o México son zonas de riesgo de diarrea para las que pocos viajeros demandan consejos sanitarios o vacunaciones".

El tipo de viaje también incide en el riesgo de contraer la enfermedad. Las vacaciones estrictamente de playa son las más seguras, mientras que el peligro aumenta en las visitas a amigos o familiares, los viajes de aventura y, curiosamente, los paquetes todo incluido.

También incidencia en quien se aloja en hoteles de cinco estrellas, "particularmente después de actos sociales con comida de estilo buffet"

5. ¿QUÉ PUEDO HACER PARA PREVENIRLA?

El doctor Kean recomendó en una ocasión a los viajeros que comieran lechuga solo después de "esterilizarla con un soplete". En el mundo anglosajón existe un lema preventivo contra la diarrea del viajero: "Boil it, cook it, peel it, or forget it" ("Hiérvelo, cocínalo, pélalo u olvídalo"). Es decir, comer solo alimentos bien cocinados, evitar la comida cruda y pelar la fruta uno mismo. López Gigosos puntualiza que los alimentos deben ser "cocinados y servidos calientes". "Un alimento cocinado que se sirve frío o tibio puede ser manipulado con las manos y por tanto contaminado por el manipulador, lo que es mucho menos probable si la temperatura del alimento es elevada", explica. Otra posible fuente de contaminación de los alimentos cocinados y enfriados son las moscas.

En cuanto al agua, todo viajero sabe que debe ceñirse a las bebidas embotelladas, pero muchos caen en el error de consumirlas con hielo. "La recomendación de evitar el hielo en las bebidas o los helados artesanales o no envasados despierta reticencias en numerosos viajeros, y suele requerir explicaciones", apunta López Gigosos. Y la explicación es sencilla: la congelación no mata los microbios, como tampoco lo hace el alcohol diluido: "Los organismos en el hielo contaminado sobreviven a concentraciones de alcohol en bebidas mezcladas con alcohol de alta graduación", advierte Steffen. Y por último, debe tenerse en cuenta que "el contacto con personas que padecen diarrea podría ser igualmente una forma de adquirir la enfermedad, sobre todo si no se aplican medidas adecuadas de lavado de manos", agrega López Gigosos.

Son muchas reglas, y “realmente el reto es tratar de cumplirlas todas", dice Hill. "Casi todos los viajeros cometen errores", añade, "pero después de todo, una de las razones por las que se viaja es para disfrutar de la comida en el destino". Incluso suponiendo una adherencia estricta a todas las reglas, ¿estamos a salvo? "No", responde Steffen. Para Hill, uno de los rasgos más notables de la diarrea del viajero es que "a pesar de haberse descubierto muchas de sus causas, cómo se adquieren y las maneras de prevenirla, todavía afecta a millones de viajeros cada año". Según Steffen y Hill, es la mejora de las condiciones higiénicas de los países la que reduce la incidencia de la enfermedad, y no las precauciones de los viajeros.

6. ¿EXISTE UNA VACUNA O UN TRATAMIENTO PREVENTIVO?

Hay diversos esfuerzos destinados a obtener vacunas contra la diarrea del viajero, particularmente contra el tipo de cepas peligrosas de E. coli más prevalentes en el mundo. Sin embargo, dada la multiplicidad de microbios que pueden causar la enfermedad, no es posible obtener una vacuna universal. Una reciente revisión publicada por López Gigosos y sus colaboradores repasaba las vacunas actualmente existentes contra varias infecciones causantes de diarrea del viajero: cólera, fiebre tifoidea, hepatitis A y E, y rotavirus. La recomendación general es que "el uso de estas vacunas debería evaluarse según las características del viajero y del destino".

En el mundo anglosajón existe un lema preventivo contra la diarrea del viajero: "Boil it, cook it, peel it, or forget it" ("Hiérvelo, cocínalo, pélalo u olvídalo")

En cuanto al tratamiento preventivo, Steffen señala que debería restringirse a los viajeros con riesgo de complicaciones graves, como los pacientes con enfermedades inflamatorias intestinales, diabetes dependiente de insulina o problemas renales, entre otros. Y ello a pesar de que la medicación con antibióticos destinada a la prevención "puede reducir la incidencia de diarrea del viajero en más del 90%". Sin embargo, Hill precisa que prescribir estos fármacos a todos los viajeros podría empeorar el panorama al favorecer las cepas resistentes.

7. ¿QUÉ DEBO HACER SI ME PONGO ENFERMO?

En general, la diarrea del viajero se cura por sí sola sin tratamiento después de cuatro o cinco días, y el período agudo que puede incapacitar al paciente suele durar menos de un día. Los médicos aconsejan mantener al enfermo hidratado, para lo cual pueden emplearse té con azúcar o sopas, además de galletas saladas y plátanos para conservar los niveles de electrolitos. A medida que el paciente lo tolere, puede introducirse una dieta normal.

Como medicación de primera línea, los especialistas aconsejan antidiarreicos como loperamida (Fortasec, Imodium) o racecadotrilo (Tiorfan). En cuanto a los antibióticos, según Hill deben reservarse "para cuando estás más enfermo, con fiebre baja y múltiples episodios de diarrea acuosa asociada con síntomas como náuseas y calambres"; el experto insiste en hacer un "uso juicioso, lo más corto posible: de una sola dosis a tres días". En estos casos el estándar más utilizado es ciprofloxacino o rifaximina, salvo para el sur y el sureste de Asia, donde se emplea azitromicina. López Gigosos detalla que en el CVI de Málaga suele prescribirse un kit para llevar en el botiquín, compuesto por "sales de rehidratación oral (sueroral en sobres), antibiótico (depende de la zona) y loperamida o racecadotrilo".

8. ¿Y SI VIAJO CON NIÑOS?

Los niños pueden sufrir síntomas más graves y ser más propensos a adquirir diarrea del viajero. Como en adultos, la primera medida es la rehidratación. En cuanto a los antidiarreicos, la loperamida no debe administrarse a menores de dos años, mientras que el racecadotrilo está indicado a partir de los tres meses de edad. Respecto a los antibióticos, el ciprofloxacino no debe emplearse en niños ni mujeres embarazadas, pero la azitromicina es segura en ambos casos. Si aparecen náuseas y vómitos, Steffen y Hill apuntan que el ondansetrón (Zofran) "se ha probado eficaz en niños".