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16/10/2018 07:19 CEST | Actualizado 10/01/2019 11:47 CET

Cómo evitar el desperdicio alimentario al hacer la compra

Con estos ocho trucos, puedes ahorrar 400 euros al año y evitar que 80 kilos de comida acaben en la basura.

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¿Cuántas veces te has cruzado con el dato de que un tercio de los alimentos que se producen en el mundo acaba en la basura? ¿Y cuántas veces, tras leer esta noticia, te has dicho que ibas a hacer algo por cambiarlo?

Si lo has hecho: a) Tu vida ha cambiado desde entonces y b) Estás en el bando de Ada Parellada y Manuel Bruscas. Ella, chef del restaurante Semproniana, y él, autor del libro Los tomates de verdad son feos, se convirtieron en activistas desde el momento en que tomaron consciencia de esta barbaridad y actualmente son dos referentes en el tema del desperdicio alimentario.

Talleres, charlas, libros, conferencias... cualquier cosa es poco para concienciar a la población de que todos somos responsables del problema. De hecho, "el 72% de los consumidores reconoce tirar alimentos por no organizar bien las compras; el 50%, porque se olvida de congelar ciertos productos, que permanecen en la nevera hasta que se echan a perder; y un 37% tira sobras, ya sea directamente del plato o tras haber pasado (sin éxito) por el frigorífico", según datos de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU). Bruscas apunta un dato más: "Cada hogar desperdicia entre 75 y 80 kilos de comida al año", lo que equivale a tirar a la basura entre 300 y 400 euros de alimentos al año.

Llegados a este punto de la lectura, ya deberías haberte planteado un cambio en tu vida, o bien por respeto a la comida y a todos los recursos implicados en su producción o bien por respeto a tu bolsillo (porque para ahorrar en la compra no basta con buscar el supermercado más barato).

El HuffPost ha preguntado a Ada Parellada y a Manuel Bruscas sus trucos para reducir el desperdicio a la hora de hacer la compra o, mejor dicho, justo antes de hacerla, ya que todo comienza ahí.

1. Planificar, planificar, planificar

"Lo primero que debes hacer antes de salir a la compra es tener una planificación semanal", explica Ada Parellada. La chef idea sus menús por estaciones y los lleva a rajatabla: "Cada mes se pueden preparar dos menús semanales y repetirlos en semanas alternas a lo largo de los tres meses que dura una estación".

Siguiendo esa base de lunes a viernes (ya que el fin de semana es más difícil de planificar), se crea una lista detallada de la compra. "Es como en el restaurante: a la vez pensamos el producto (pollo, por ejemplo), la técnica (asado) y el acompañamiento (dátiles y manzana)", apunta Parellada. Y recuerda: "¡No pasa nada por repetir menú! En mi casa de pequeña los jueves eran arroz y los viernes, lentejas. Al final, es una forma de crear un patrimonio cultural alimentario en la familia".

Si por tu estilo de vida o por trabajo sabes que no vas a comer en casa ningún día de la semana, tenlo en cuenta. Que la lista no sólo se base en lo que tienes en la despensa, sino en tus planes para esos días.Manuel Bruscas

Para Manuel Bruscas, el primer e imprescindible paso es "ser consciente de la comida (y el dinero) que tiramos". Y, a partir de ahí, "es muy fácil reducirlo —asegura—, empezando por mirar lo que tienes en los armarios y en la nevera antes de preparar la lista de la compra". Bruscas apunta otra clave: "Si por tu estilo de vida o por trabajo sabes que no vas a comer en casa ningún día de la semana, tenlo en cuenta. Que la lista no sólo se base en lo que tienes sino en tus planes para los próximos días".

2. Comprar verduras de temporada (y feas)

A la hora de planificar, ten en cuenta la estación además del número de personas que vayan a sentarse en la mesa. "En septiembre no pongas calçots en el menú, igual que en enero no tienes que buscar melocotón", resume Ada Parellada.

ALEJANDRA ZÚÑIGA
Calendario de fruta de temporada, ilustrado por Alejandra Zúñiga para el libro 'Los tomates de verdad son feos'.

¿Y cómo se reconocen los productos de temporada? "Presta atención al precio y al volumen (la abundancia) de ese producto en los mercados", recomienda la chef. "Por ejemplo, ahora en otoño son los higos, el boniato, la granada, las castañas, las setas...".

Si cuando vamos al supermercado, compramos fruta de temporada y fruta fea, las tiendas sabrán que tienen que vender eso.Manuel Bruscas

"Como compradores, tenemos mucho poder", asegura Manuel Bruscas. "Los supermercados ofrecen lo que les pedimos y, si cuando vamos, compramos fruta de temporada y fruta fea, las tiendas sabrán que tienen que vender eso". El escritor anima a los consumidores "a elegir fruta fea para atajar de raíz la dictadura de la estética", es decir, el hecho de que se descarten el 30% de las frutas y verduras simplemente porque no cumplen con un tamaño, forma o calibre determinados.

ALEJANDRA ZÚÑIGA
Ilustración de 'Los tomates de verdad son feos'.

3. Evitar las ofertas de 3x2

"Cíñete a la lista de la compra que hayas preparado", recalca Bruscas. "Siempre recriminamos a los supermercados son las ofertas del 3x2 y similar, ya que incitan al despilfarro. Antes de llevarte los tres croissants por 1,80 de la panadería, pregúntate si te los vas a comer o si sólo quieres uno, aunque esa unidad cueste 1 euro y sea más cara en proporción. Hay que ser conscientes de lo que necesitamos", recuerda el experto.

4. Cocinar nada más llegar a casa

"Nada más hacer la compra, cocina, aunque no sea hora de comer", aconseja Parellada. "Se trata de crear un 'fondo de nevera' para mayor agilidad y eficacia. La idea es, por ejemplo, hacer un sofrito o escaldar unas verduras que valgan para varios platos, para varias propuestas gastronómicas. El objetivo es rentabilizar tiempo y recursos, aprovechar y variar los platos. Hay que trasladar estos métodos de restaurante al entorno doméstico".

"De esta forma tendrás tus precocinados en la nevera para toda la semana. Y así las ocho de la tarde, cuando llegas a tu casa agotado del trabajo, lo sacas y en 5 minutos tienes la cena", afirma la chef.

5. Atención a las fechas de caducidad (y a los sentidos)

ALEJANDRA ZÚÑIGA
Ilustración de 'Los tomates de verdad son feos'.

"Hay que hacer mucha pedagogía en este tema", señala Parellada. "Para empezar, hay que distinguir entre fecha de caducidad y fecha de consumo preferente. Si se supera la primera, el producto puede plantear un problema de seguridad alimentaria, pero la otra sólo implica un cambio en las propiedades y cualidades del alimento (en textura o color) pasada la fecha".

"Estas fechas son un facilitador, pero siempre hay un margen por el que podemos depender de nuestros sentidos (olor, sabor, aspecto del alimento) para saber si está bueno o no. Por ejemplo, si una lata está hinchada tenemos que saber que está mala, independientemente de que no se haya vencido su fecha de caducidad", ilustra la chef.

6. Reaprovechar las sobras y organizar bien el frigorífico

Es muy sencillo. "Si cuando estás comiendo, notas que ya estás lleno, en vez de tirar lo que sobra, guárdalo", resume Bruscas. "Son cosas muy básicas, remedios de la abuela que todos podemos emplear: lo congelas, lo guardas en la fiambrera o lo reutilizas. Las recetas de reaprovechamiento son un clásico: si te sobra carne, haces croquetas".

"Hay muchas webs de reaprovechamiento y de trucos", sugiere el escritor. Entre esas webs él ha descubierto cómo dar vida a esa lechuga mustia que suele olvidarse en la nevera (a la que ha dedicado un capítulo de su libro): basta con poner las hojas en agua; y con organizar mejor el frigorífico para que los productos frescos no se queden olvidados en el fondo, claro.

ALEJANDRA ZÚÑIGA
Ilustración de 'Los tomates de verdad son feos'.

7. Usar aplicaciones y webs contra el desperdicio

"Hay muchas iniciativas con una filosofía muy bonita, como Yonodesperdicio, la Nevera Solidaria o Nilasmigas", indica Bruscas. "Esta última te dice qué establecimientos de tu zona, como panaderías, tienen excedentes cuando están a punto de cerrar y te los venden al 20% de descuento", ilustra.

"Si queremos que las cosas cambien, tomemos pequeñas decisiones en nuestro día a día. A veces apoyamos las cosas de boquilla, pero luego no hacemos nada: todos tenemos nuestras contradicciones, pero en esto no es tan difícil ser coherentes", asegura.

8. Apoyar sitios que luchan contra el despilfarro

Manuel Bruscas cita el ejemplo de EcoResort Cerdanya, un complejo de hotel y restaurante que no sólo ofrece productos de temporada en sus menús, sino que además anima al usuario a ser sostenible. "Si haces cosas buenas (no gastas demasiada agua en la ducha, te comes todo lo que te pones en el plato), te dan unas monedas; y al acabar tu estancia, tú decides a qué ONG donas lo que has recaudado", cuenta. "De algún modo, los restaurantes y hoteles son corresponsables porque fomentan un modo de vida. Así que si el supermercado te va educando o en el restaurante te animan a que te lleves la pasta que te sobra y le añadas una salsa de tomate, es maravilloso".

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