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02/09/2018 10:33 CEST | Actualizado 02/09/2018 10:33 CEST

Contagiados: el centro derecha europeo abraza el populismo

Pablo Casado ha prometido una vuelta a los 80 en cuestiones como el aborto, la memoria histórica o la eutanasia, pero hay una parte de su programa que sí conecta a fondo con los nuevos tiempos: el giro a la derecha sobre la inmigración. Su alarmismo anticipa una estrategia similar a la de su familia política europea que, ante el avance de los partidos xenófobos, ha terminado por copiar su discurso.

Se han escrito innumerables análisis sobre la crisis de la socialdemocracia, pero se ha prestado menos atención a la espectacular caída del centro-derecha europeo. Los conservadores, agrupados en torno al Partido Popular Europeo (PPE), siguen presidiendo la Comisión, el Consejo y el Parlamento Europeo – donde son además la primera fuerza - pero ya no gobiernan en la mayoría de países de la UE. Si en 2011, 17 de los 27 líderes de la UE eran del centro-derecha, ahora lo son 8 sobre 28.

La crisis de identidad del centro-derecha europeo

La mordida que sufre el centro-derecha viene de dos flancos. Por un lado han surgido nuevas formaciones liberales o de centroderecha, como En Marche, el partido de Macron en Francia, o Ciudadanos en España. Por otro, nuevos partidos populistas o formaciones ultra clásicas están subiendo como la espuma gracias a la radicalidad de sus discursos sobre la inmigración.

"No es sólo que el centro se escore a la derecha. El centro pierde poder respecto a los extremos. El centro-izquierda y centro-derecha han perdido centralidad en el tablero de la UE", explica Pol Morillas, subdirector de investigación del CIDOB (Barcelona Centre for International Affairs). "La crisis económica ha atacado al centro-izquierda y sus políticas de seguidismo, pero cuando se ha producido una crisis más identitaria, relacionada con los refugiados, la inmigración, los valores y el islam, entre otros, ha sido el centro-derecha quien se ha visto desbordado", continúa Morillas en conversación con El HuffPost.

La deriva de Angela Merkel explica bien la caída y las dudas del centro-derecha. Merkel abrió las puertas a los refugiados en el verano de 2015, mostrando la cara más amable de Alemania, muy alejada de la dureza con la que trató al sur de Europa en la crisis del euro. Pero las consecuencias de aquella decisión han sido devastadoras para su partido político: en las pasadas elecciones obtuvieron sus peores resultados desde la II Guerra Mundial. En cambio, la extrema derecha, agrupada entorno a AfD, logró su mayor crecida desde el Nazismo y son ahora el principal partido de la oposición.

Los socios bávaros de Merkel, la CSU, piden mano dura contra la inmigración, incluso en ocasiones emulando las formas de políticos ultras como Matteo Salvini o Donald Trump. El ministro del interior alemán, Horst Seehofer, celebró recientemente que el día de su 69 cumpleaños coincidiera con la expulsión de 69 afganos, una broma nada pertinente: uno de los afganos, de 24 años y habiendo vivido ocho de ellos en Alemania, se suicidó nada más llegar a Kabul.

"Copiando su discurso, el centro-derecha se distingue menos de la extrema derecha y me temo que los electores terminan por preferir el original a la copia", explica Pol Morillas. "Al girar más a la derecha no significa que hayan ganado la batalla de votos a la extrema derecha, más bien al contrario. Lo que sí ha pasado es que la extrema derecha se ha ido normalizando", continúa el subdirector de CIDOB.

Copiar y gobernar con la extrema derecha

Si en unos casos emulan el discurso de la extrema derecha, en otros directamente gobiernan en coalición con ella. Es el caso de Austria donde el joven canciller democristiano Sebastian Kurz tiene como compañeros de gobierno al Partido de la Libertad (FPO), formación que pone actualmente en la agenda europea uno de los discursos más extremos sobre la inmigración.

"Más que legitimar a la extrema derecha, se la está normalizando. Ese es el impacto principal. Ya no es extraño oír a un ministro del interior en la UE hacer el mismo discurso que el que hace la extrema derecha, como prueba el caso austriaco. El discurso ultra ha pasado de ser marginal a una corriente principal en la UE", prosigue Morillas.

El final del cordón sanitario para aislar a la ultraderecha

En un claro símbolo de los tiempos que corren, la noticia sobre la coalición austriaca a finales de 2017 no generó las alarmas que supuso la misma composición de gobierno en el año 2000. Entonces se abrió una grave crisis política en la UE y Bruselas puso en marcha medidas diplomáticas contra Austria ante la entrada de la ultraderecha – liderada entonces por Jörg Haider – en el gobierno. Esta vez el gobierno austriaco ha pasado a formar parte del paisaje "normal" de la UE.

El cordón sanitario que un día existió en la UE para aislar a la extrema derecha ahora ha desaparecido. No es casualidad que una de las estrellas del Partido Popular Europeo – si atendemos a su fuerza electoral en tiempos sombríos para el PPE – sea precisamente Viktor Orbán, el primer ministro de Hungría, que volvió a arrasar con su discurso ultra en las pasadas elecciones legislativas del pasado mes de abril. El que fuera durante años la oveja negra de los conservadores, podría terminar siendo su gurú, conforme otros que antes le criticaban comienzan a imitar su discurso anti-inmigración.

Las elecciones europeas en la primavera de 2019 serán un buen termómetro para medir el avance de la extrema derecha - que contará con la ayuda de Steve Bannon, el cerebro de Trump - y el contagio ideológico que padecen los conservadores europeos. La historia de Europa muestra terribles ejemplos: copiar al fascismo no lo detiene.

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