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08/04/2021 07:19 CEST | Actualizado 08/04/2021 07:19 CEST

A los 50 años del I Congreso Internacional del Pueblo Gitano, 600 años de desafío

El pueblo gitano alzó la voz al unísono por primera vez en la historia en defensa de su cultura, su lengua y su propia dignidad.

Carsten Koall via Getty Images
Un grupo se manifiesta por el Día Internacional del Pueblo Gitano en Berlín en 2018.

Este 8 de abril, Día Internacional del Pueblo Gitano, recordaremos el 50 aniversario de la celebración, en Londres, del primer Congreso Internacional del Pueblo Gitano. Un encuentro que sin lugar a dudas significó un antes y un después para los y las romaníes de todo el mundo. No solo porque en él se establecieron el himno y la bandera oficiales que representan a todos los gitanos y gitanas, sino porque en el seno de esa reunión, el pueblo gitano alzó la voz al unísono por primera vez en la historia en defensa de su cultura, su lengua y su propia dignidad.

Medio siglo ha pasado desde aquella histórica jornada, y muchas cosas han cambiado. Nuestro país, en aquellas fechas, todavía se encontraba bajo el yugo del Franquismo, un régimen autoritario que se caracterizó por ser especialmente antigitano. No solo por la opresión, represión y persecución ejercida contra nuestro pueblo, sino también por el torticero uso de su cultura y de sus señas de identidad.

Una vez que España ha logrado asentarse como un Estado social y de derecho tras muchos años de arduo trabajo y esfuerzo colectivo, es evidente que la evolución de nuestro país ha sido muy positiva en muchos ámbitos. Sin embargo, no podemos obviar que el pueblo gitano sigue estando en el vagón de cola de los principales índices de desarrollo humano de nuestra sociedad. La democracia, como sistema de gobierno que persigue la justicia social y la igualdad de la ciudadanía, ha llegado tarde para el Pueblo Gitano.

El pueblo gitano sigue estando en el vagón de cola de los principales índices de desarrollo humano de nuestra sociedad

A lo largo de estos últimos 50 años hemos defendido que la lucha contra la discriminación y por la igualdad de nuestro pueblo no puede emprenderse, y por tanto llegar a buen fin, si no existe un consenso generalizado y unidad de acción entre las diferentes administraciones públicas y toda la sociedad civil, incluyendo por supuesto a los gitanos y a las gitanas.

Del mismo modo que no es posible avanzar en este ámbito sin el concurso activo de la sociedad mayoritaria, no podemos pretender que la solución a los problemas que los y las romaníes padecen llegue practicando políticas sin contar con su participación. No se trata de hacer “políticas para los gitanos y las gitanas”, sino “políticas con los gitanos y las gitanas”.

Abrimos recientemente un nuevo tiempo de esperanza con la ampliación de la presencia de personas pertenecientes al pueblo gitano en el Congreso y el Senado, cámaras representativas fruto de la soberanía popular y pilares básicos del Poder Legislativo.

Hasta hace poco, los gitanos y las gitanas veíamos como un sueño poder acceder a los centros de poder, donde se toman las decisiones. Ahora, los y las que tenemos el honor de formar parte de los máximos órganos representativos de nuestra democracia, podemos situar al pueblo gitano en el debate político con mayor intensidad, otorgar mayor visibilidad a nuestras reivindicaciones, y sobre todo que, a la hora de legislar, se tengan en cuenta nuestras propias circunstancias y necesidades.

Hasta hace poco, los gitanos y las gitanas veíamos como un sueño poder acceder a los centros de poder

De hecho, tenemos un ejemplo —y una oportunidad— con la futura aprobación de la Ley de Igualdad de Trato y No Discriminación. Un texto legal que pretende luchar de manera activa contra todo tipo de discriminación que sufra cualquier persona por su condición afectivo sexual, étnica, nacional, o socioeconómica.

Esta ley también protegerá al pueblo gitano del antigitanismo y contribuirá, con la ayuda y el compromiso de todos y todas, a mejorar nuestra sociedad para hacerla más abierta, justa y tolerante.

Hace 50 años creamos las bases del activismo que ha marcado el nuevo rumbo en la reafirmación de nuestra identidad, lengua e historia. El Congreso de Londres de 1971 fue el impulsor de una lucha social y política que tiene como principal propósito que el pueblo gitano, allá donde se encontrare, pueda ejercer sus plenos derechos de ciudadanía en las sociedades democráticas, en pie de igualdad con el resto de la sociedad mayoritaria.

Hoy tenemos gitanos y gitanas en todos los estratos sociales, a pesar de los índices de desigualdad tan brutales que padecemos. Y ello es fruto del doble esfuerzo que el pueblo gitano ha tenido que hacer para avanzar en las mismas condiciones que la sociedad en general.

También las mujeres gitanas seguimos dando muestras de ser el gran motor transformador de nuestra realidad. Nuestros inicios en el feminismo romaní se han sustentado a partir de una revolución silenciosa en la lucha contra el machismo y el racismo, revindicando que nuestras voces sean cada día más fuertes y visibles, reflejándose en una lucha que hoy es imparable.

No quiero olvidar, llegados a este punto, a una persona que ha sido y es referente para todos nosotros y nosotras. Único representante español en ese encuentro londinense, y posteriormente diputado en Cortes: nuestro tío Juan de Dios Ramírez Heredia, un hombre que supo abrir camino y sirve de ejemplo para que las generaciones gitanas del presente y del futuro no se resignen, y sigan avanzado en la búsqueda de la igualdad.

Por eso cada 8 de abril celebramos nuestra identidad, lo que somos y lo que aspiramos a ser en el futuro. Así lo seguiremos reivindicando.

Salud y Libertad. Sastipen thaj Mestipen.

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