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03/11/2020 19:47 CET | Actualizado 03/11/2020 20:26 CET

La batalla por el Senado: casi tan importante como la de la Casa Blanca

Wyoming, por ejemplo, con poco más de medio millón de habitantes, tiene tantos senadores como California, que roza los cuarenta millones.

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Capitolio estadounidense, sede del Senado. 

Mientras que las elecciones presidenciales acaparan la atención de la prensa internacional, hay otras elecciones de crítica importancia que tienen lugar al mismo tiempo: las elecciones al Senado. Para restaurar la maltrecha democracia, es imperativo que los demócratas ganen, no solamente la Presidencia, sino también el Senado, sin cuyo control les resultará muy difícil hacer mejoras. Este año las campañas electorales para el Senado se están siguiendo con gran interés en toda la nación. La recaudación de fondos para estas campañas ha alcanzado cifras históricas, ya que contribuye gente de todo el país y no solamente de los estados en cuestión. Los ciudadanos saben que, aunque gane la Presidencia, Biden no podrá hacer muchos cambios si no cuenta con el apoyo del Senado. 

En este país, la Presidencia, el Senado y la Cámara de Representantes no siempre están dominados por el mismo partido. Cuando el poder está dividido, al presidente le resulta muy difícil gobernar. Puede hacer decretos, los cuales su sucesor tiene la facultad de eliminar con una simple firma, pero no puede hacer leyes perdurables. Si Biden llega a la Presidencia, para cumplir sus promesas electorales, como aprobar paquetes de estímulo a la economía y de ayuda a las personas perjudicadas financieramente por la pandemia, mejorar la sanidad o reformar los tribunales, necesitará el apoyo de la Cámara de Representantes y del Senado.  

La Cámara de Representantes, cuyo número guarda relación con el tamaño de la población, está controlada por los demócratas desde 2018 y no se espera que esto cambie. Mientras que este organismo refleja bastante fielmente las ideas políticas de la ciudadanía, el Senado hace tiempo que está muy apartado del sentir general, exhibiendo un conservadurismo desfasado. Lo que pasa es que las reglas electorales del Senado, que son distintas a las de la Cámara de Representantes, favorecen fuertemente a los republicanos. Efectivamente, cada estado tiene dos senadores, sea cual sea su volumen demográfico. Así que Wyoming, con poco más de medio millón de habitantes, tiene tantos senadores como California, que roza los cuarenta millones de habitantes. Los estados más conservadores incluyen los poco populosos estados agrarios, que son bastante numerosos y cada uno de ellos tiene dos senadores. Los estados más progresistas son menos numerosos, aunque sean más populosos, así que suman menos senadores. Por esto a los demócratas les resulta muy difícil ganar el Senado, pero esta vez tienen que hacerlo, si quieren sacar al país de la crisis en que se encuentra. Sin el Senado no se pueden tomar medidas importantes ni duraderas.  

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Un grupo de personas votando en Miami. 

Mientras que en la Cámara de Representantes los mandatos son de dos años, en el Senado son de seis años, con elecciones escalonadas cada dos años.  En estas elecciones, en el Senado están en juego treinta y cinco escaños, de los cuales veintitrés pertenecen a los republicanos y doce pertenecen a los demócratas. Los demócratas tienen que mantener los doce escaños que poseen y conseguir al menos tres más para controlar el Senado, que ahora dominan los republicanos por una diferencia de 53-47. El vicepresidente tiene voto en el Senado. Por eso los demócratas, si ganan la Presidencia, no necesitan más que tres escaños por encima de los cuarenta y siete actuales para llegar a 50-50 y controlar el Senado con el voto del vicepresidente, que suma 51-50. Pero esto no va a ser fácil. Aunque las encuestan indican que es probable que los demócratas ganen el Senado, el margen de diferencia no es muy grande y hay bastante ansiedad. Los estados en los que hay más posibilidades de cambio de escaños a favor de los demócratas son Arizona, Colorado, Georgia, Iowa, Maine, Montana, Georgia, Michigan y las dos Carolinas. El único estado que puede cambiar a favor de los republicanos es Alabama, donde es probable que los demócratas pierdan un escaño. Los ciudadanos siguen las noticias de las campañas para el Senado en estos estados con gran atención, porque saben que sus resultados les van a afectar muy directamente. En la televisión hay muchos anuncios a favor de los diversos candidatos. Nunca antes se había hablado tanto de las elecciones para el Senado.  

Tampoco se había recaudado tanto dinero para las campañas electorales de los senadores. Hay candidatos demócratas que han recaudado más del doble de dinero que sus oponentes republicanos. Este dinero no viene de multimillonarios, sino de ciudadanos normales y corrientes, que envían pequeñas cantidades. En los casos de aquellos senadores republicanos que con menos pudor han apoyado los dislates del actual residente de la Casa Blanca, las donaciones a sus oponentes se han disparado. Los ciudadanos están deseando perder de vista a estos personajes y dejar atrás este triste capítulo de la historia americana. Por eso se están volcando y enviando dinero a los candidatos demócratas para el Senado como si les fuese la vida en ello.

 

Cristina González es catedrática emérita de la Universidad de California, Davis, donde ha impartido clases de literatura y cultura hispánicas en el Departamento de Español y de historia y situación actual de la universidad americana en la Facultad de Educación. 

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