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13/02/2021 10:55 CET | Actualizado 13/02/2021 10:55 CET

Las palabras no se las lleva el viento: 'impeachment', investigaciones y pleitos

El discurso falso y peligroso de Donald Trump no está protegido por la ley.

ALEX EDELMAN via Getty Images
El president Donald Trump en Maryland en enero de 2021. 

Las palabras se las lleva el viento, dice el proverbio, sugiriendo que las comunicaciones verbales tienen poco peso. Esto es lo que los abogados de Donald Trump aducen como defensa en el proceso de impeachment al que se haya sometido en estos momentos. La gran mentira sobre la existencia de fraude electoral y la convocatoria a acudir al Capitolio para impedir la confirmación de Joe Biden como presidente el día 6 de enero están cubiertas por la primera enmienda de la Constitución, que garantiza la libertad de expresión, aducen estos letrados, para los que las palabras, al parecer, no tienen consecuencias. 

Sin embargo, hay palabras que no están protegidas por la libertad de expresión. Un ejemplo clásico de este fenómeno es el de la persona que grita “fuego” en un teatro lleno de gente cuando no hay un incendio. En ese contexto, la palabra “fuego” no es lenguaje protegido, sino que constituye un delito. Si se produce una estampida y hay muertos o heridos, la persona que la produjo con su espuria voz de alarma será consideraba responsable. El discurso falso y peligroso no está protegido por la ley. Y eso es precisamente lo que hizo Trump: decir cosas falsas y peligrosas, que llevaron a sus seguidores a realizar actos subversivos y violentos.      

Por muy claros que estén los delitos de Trump, no se espera que el 'impeachment' termine con una condena

Por muy claros que estén los delitos de Trump, no se espera que el impeachment termine con una condena. Para ello se necesitarían 67 votos de un total de 100. Como el Senado tiene actualmente 50 demócratas y 50 republicanos, tendría que haber 17 republicanos que votasen con los demócratas. Esto es muy improbable.

Los republicanos están presos en la red de complicidad que Trump ha tejido a su alrededor y no se atreven a romperla, a pesar de que cada vez les oprime más. Aunque pierden votos tanto si condenan a Trump como si no, creen que, por lo menos a corto plazo, perderán menos votos si no lo condenan.

VALERIE MACON via Getty Images
Un manifestante del Free Speech Rally contra las compañías tecnológicas en California.  

Mientras los senadores republicanos deshojan la margarita del impeachment —que es un proceso político— hay en curso dos procesos legales independientes, uno penal y otro civil, que tienen como objeto las palabras falsas y peligrosas de Trump y sus colaboradores.

El primer proceso legal es una investigación penal que ha abierto la Fiscalía del condado de Fulton en Georgia sobre la conversación telefónica que sostuvo Trump en enero con el secretario de ese Estado, Brad Raffensperger, en la cual, repitiendo la gran mentira del fraude electoral, lo conminó a “encontrar” 11.780 papeletas, que era el número de votos que necesitaba para ganar ese Estado.  Por desgracia para Trump, esta conversación, de una hora de duración, fue grabada, y constituye el núcleo de la investigación penal. Intentar imponer la gran mentira del fraude electoral en Georgia puede costarle caro.

Los medios ultraconservadores se están alejando a toda velocidad de la gran mentira del fraude electoral

 

El segundo proceso legal es un pleito civil. En estos momentos, los medios de comunicación ultraconservadores se están alejando a toda velocidad de la gran mentira del fraude electoral, ya que haber propagado este infundio les puede llevar a la quiebra. La cadena televisiva de ultraderecha Fox se enfrenta a un pleito multimillonario que ha puesto contra ella, así como contra varios de sus presentadores y contra los abogados de Trump, Rudy Giuliani y Sidney Powell, la compañía Smartmatic, que fabrica máquinas de votación. A Giuliani y Powell les ha puesto también un pleito Dominion Voting Systems, otra empresa similar.

Recuérdese que la gran mentira del fraude electoral atribuía este supuesto fenómeno a las minorías étnicas en general y a los hispanos en particular. En primer lugar, se dijo que habían votado millones de inmigrantes hispanos indocumentados. En segundo lugar, se afirmó que las máquinas de votación estaban trucadas para favorecer a los demócratas, indicando que las compañías que las fabricaron estaban relacionadas con la familia del desaparecido Hugo Chávez. Ahora, esas compañías han puesto pleitos por difamación y piden cifras astronómicas por los daños y perjuicios sufridos al haberse repetido hasta la saciedad durante meses que sus productos no eran de fiar.

Nada más conocer la noticia del pleito, Fox expulsó a su presentador más popular, Lou Dobbs, principal propulsor de la gran mentira del fraude electoral, así como de otras teorías conspiratorias. La noticia de los pleitos contra Fox afectó inmediatamente el comportamiento de otras cadenas televisivas ultraconservadoras, como Newsmax, que interrumpió una entrevista con el amigo de Trump, Mike Lindell, cuando éste sacó a relucir la gran mentira del fraude electoral y de las máquinas de votar trucadas.     

Los senadores republicanos, sin embargo, siguen quitándole importancia a las palabras de Trump y negando el papel que la gran mentira del fraude electoral tuvo en el asalto al Capitolio. Voten lo que voten en el proceso de impeachment, este ha dejado claro que los constantes embustes de Trump produjeron una reacción que resultó en cinco muertes, dos suicidios y más de 200 arrestos. Tras este traumático evento, las vidas de las familias de las víctimas y de los asaltantes, así como las del resto de los ciudadanos, han cambiado para siempre. El juicio de la historia será implacable. 

Los demócratas, que están muy ocupados gobernando el país en el medio de la profunda crisis sanitaria y económica que lo aflige, no desean perder mucho tiempo en el proceso de impeachment, el cual no es probable que acabe en una condena. Sin embargo, consideran una obligación ineludible, una cuestión de honor, documentar los hechos minuciosamente para la posteridad y registrar los argumentos de su rechazo en las actas del proceso de impeachment y esto es lo que están haciendo. Sea cual sea el veredicto del senado, esas palabras no se las llevará el viento.      

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