Le Pen se presenta como la candidata popular frente al poder oligárquico en su mitin final

"Quiero ser la presidenta del poder adquisitivo”, afirma en Arras, una zona con profunda tradición obrera pero, también, reconversiones que han acabado en paro.
Marine Le Pen, anoche, en Arras, en su último mitin de campaña.
Marine Le Pen, anoche, en Arras, en su último mitin de campaña.
Anadolu Agency via Getty Images

La candidata ultraderechista a la presidencia francesa, Marine Le Pen, se esforzó anoche por presentarse como la representante de las preocupaciones de las clases populares en su último mitin de campaña de las presidenciales francesas frente al poder “oligárquico” que a su juicio representa el actual presidente, el centrista Emmanuel Macron.

El mandato de Macron “ha sido una secuencia confusa, caótica, de la que solo queda la impresión de tensión y de violencia y en el contador 600.000 millones de euros de deudas adicionales y 400.000 franceses más que viven bajo el nivel de pobreza”, destacó ante 4.000 fieles enfervorizados en Arras, ciudad de la región Hauts de France, fronteriza con Bélgica y uno de sus principales viveros de electores.

Para la candidata ultraderechista, el presidente saliente es el máximo representante de “los globalistas” que quieren instalar una “jungla” de competencia económica muy alejada de sus propuestas “humanistas”.

“Pueblo de Francia, -dijo en un encadenamiento de anáforas- ha llegado la hora de levantarte y de unirte contra la oligarquía que tiene como únicas religiones la globalización, la guerra incesante de todos contra todos, los sacrificios sociales y el reino exclusivo de la mano invisible de los mercados sin rostro, sin alma y sin fronteras”.

Frente a eso, ella quiere ser “la presidenta del poder adquisitivo” con las medidas que viene defendiendo durante su campaña, como la rebaja del IVA de los carburantes y de un centenar de productos básicos para compensar la escalada de la inflación agudizada con la guerra en Ucrania.

Un argumento que caló entre los asistentes al mitin en esta región marcada por su pasado industrial y minero, por su profunda tradición obrera, pero también por sucesivas reconversiones en las últimas décadas que han dejado a mucha gente en los márgenes del mercado de trabajo.

“Pueblo de Francia, ha llegado la hora de levantarte y de unirte contra la oligarquía que tiene como únicas religiones la globalización, la guerra incesante de todos contra todos, los sacrificios sociales y el reino exclusivo de la mano invisible de los mercados sin rostro, sin alma y sin fronteras”

Ayudar a los franceses

Ioan, un mozo de almacén de 30 años que cobra 1.200 euros, el salario mínimo, contó a Efe que ese es el aspecto del programa de Le Pen que más le interesa porque la factura del gasóleo y de la electricidad cada vez pesan más en sus cuentas y no le permiten ahorrar.

Además ha perdido una ayuda para la vivienda y reprochó al actual presidente “ayudar mucho a los demás pero no a los franceses”.

Algo parecido contó Kevin, de 30 años, para el que Le Pen “es la única persona que puede levantar Francia porque trabaja en favor de los franceses” y “hace todo lo posible para que los jóvenes se queden en Francia” con rebajas fiscales específicas en su programa.

En medio de gritos de ”¡vamos a ganar!” y ”¡Marine presidenta!” de sus seguidores, Le Pen aseguró que si llega al poder atajará “la inmigración masiva y anárquica que cada día añade nuevos problemas y aleja la perspectiva de una asimilación con éxito”.

No hizo mención directa a la que es una de sus promesas más polémicas, la prohibición del velo islámico en la calle, que los asistentes consultados por Efe también consideraron como una cuestión menor que, además, en caso de llevarse adelante sería objeto de consulta mediante referéndum.

Le Pen, que finaliza su campaña mañana, viernes, en esa misma región de Hauts de Francia visitando entre otras cosas un mercado en la ciudad de Abbeville, revivió el debate televisado contra Macron, al que acusó de ser “condescendiente y con una arrogancia sin límites”.

Macron se pone los guantes

El candidato a la reelección tuvo un acto más tranquilo, como los que viene haciendo en esta campaña electoral, una visita a una zona deprimida del norte de París, que votó a la izquierda de forma mayoritaria en la primera vuelta, donde mantuvo diálogos con ciudadanos por la calle.

El presidente animó a acudir a las urnas y advirtió de que la victoria no está asegurada, pese a la ventaja que tiene en los sondeos, que ronda los 12 puntos, pero que en uno publicado por France Info y efectuado tras el debate, se eleva a 15.

Sigue siendo una renta menor que la que logró hace cinco años, cuando se impuso con una diferencia de 33 puntos y dobló en votos a la candidata ultraderechista.

Como ya hizo en el cara a cara contra Le Pen de anoche, reiteró los riesgos que entraña el programa de su oponente, en particular su decisión de prohibir el velo islámico en la vía pública.

A una mujer que cubría con esa prenda su cabeza en la localidad de Saint-Denis le aseguró que el programa de Le Pen entrañaría “la guerra civil, la discordia”.

Macron se dirigió posteriormente a unas instalaciones deportivas, donde se enfundó unos guantes de boxeo e intercambió algunos golpes de entrenamiento con un profesor ante la atenta mirada de un nutrido grupo de jóvenes.

Marine Le Pen