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11/12/2020 07:17 CET | Actualizado 11/12/2020 07:17 CET

Lo esencial es invisible para los ojos

¿Qué ocurriría si miráramos durante cuatro minutos a los ojos de esas personas venidas del mar?

Dan Kitwood via Getty Images
Grupo de migrantes en el puerto de Arguinegun, Gran Canaria. 

Más de quinientas cincuenta embarcaciones ilegales han traído a Canarias a 17.000 inmigrantes en lo que va de año. Actualmente hay más de 2.000 menores inmigrantes no acompañados bajo tutela del Estado en el archipiélago, y el número de fallecidos, en una de las travesías migratorias más peligrosas que existe, varía según la semana; a veces los medios dicen que en esos días han perecido 200, en otras hay más suerte y son menos.

A diario nos enfrentamos a titulares con números, a imágenes de cuerpos negros hacinados en cayucos o haciendo cola para salir del puerto de Arguineguín, a análisis sobre la imposibilidad de solución a un problema con infinidad de aristas y de intereses, a bulos sobre la procedencia e intención de estos ‘invasores’. 

Accedemos con facilidad a las distintas caras de un poliedro que solo nos muestra la pátina exterior, aquella que normalmente apela al miedo y, por lo tanto, genera inseguridad. ¿Pero qué pasa con la esencia? ¿Qué ocurriría si miráramos durante cuatro minutos a los ojos de esas personas venidas del mar? (dice el psicólogo Arthur Aron que cuatro minutos de contacto visual acercan más a la gente entre sí que cualquier otra cosa).

¿Qué sentimiento albergaríamos hacia esas personas si dejaran de ser números y los dotáramos de humanidad?

¿Y si supiéramos sus nombres, sus anhelos, a quiénes dejaron allá, a quiénes buscan en esta orilla, cuál es su comida favorita, qué querían ser de pequeños, qué habilidad los caracteriza…? ¿Qué sentimiento albergaríamos hacia esas personas si dejaran de ser números y los dotáramos de humanidad, si los reconociéramos como lo que realmente son, seres de nuestra misma especie solo que con circunstancias diferentes? 

Me lo pregunto al margen de políticas a gran escala y discursos intelectuales intangibles, solo como ciudadana que tiene la fortuna de estar en el lado del que puede ayudar, quizás solo con una mirada compasiva, con una palabra amable que no multiplique el incendio, y no del que está en el lugar de requerir ese auxilio para salvar la vida.

Ante este exceso de información rápida y volátil en el que estamos sumergidos, que solo consigue que vivamos en el espejismo del conocimiento de la realidad, me viene una frase que le dice el zorro al principito, en el libro de Saint Exupèry: “Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos”. Y el principito, para acordarse, repite: “Lo esencial es invisible para los ojos”.

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