POLÍTICA
03/10/2019 21:02 CEST

El PP y el 10-N: lo que significa la barba de Pablo Casado

Génova 13, a por el voto pensando más en la economía que en la ideología.

DAVID MUDARRA / PP
Casado

Dice que se olvidó la maquinilla de afeitar en Madrid durante las vacaciones. Pasaba unos días de verano en Ávila y se dejó crecer la barba. Esa es la explicación que da Pablo Casado. Pero detrás hay un significado muy diferente: el líder del PP no es el mismo que hace unos seis meses durante la campaña del 28-A. El niño de NNGG se quiere hacer hombre.

Aquellos comicios fueron un auténtico batacazo: el PP se quedaba con tan solo 66 escaños y apenas el 16,07% de votos (Mariano Rajoy ganó las anteriores de 2016 con un 33,03%). Es decir, en su estreno como cabeza de cartel en unas generales perdía 3,7 millones de votantes, con Ciudadanos rozando el sorpasso a 9 escaños.

Fueron unas noches duras, en las que Casado y su núcleo duro se dieron cuenta de la fallida estrategia de virar hacia la derecha radical, de cortejar incluso a los extremistas de Vox ofreciéndoles ministerios. El endurecimiento ideológico espantó a las urnas, el ‘sorayismo’ se frotaba las manos. Y es que el nuevo líder del PP y el giro aznarista de las pasadas primarias no funcionó como estrategia de cara al votante.

Llegó el momento de mutar y de hacer olvidar a ese Casado que encadenaba insultos “felones” contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Y empezó a dejarse crecer la barba institucional: pasar de ser el joven de Nuevas Generaciones hipervitaminado y con consignas a intentar vestirse de hombre de Estado que ofrece grandes pactos a Sánchez y que acude a verlo a La Moncloa -mientras Albert Rivera rechazaba hablar con el socialista-.

DAVID MUDARRA / PP
Casado

El sueño bipartidista

Comenzaba el camino de unos meses para intentar volver al antiguo sistema. Bipartidismois back. Muchos dirigentes de su partido y del PSOE confiesan estos días que el bloque de los grandes partidos va a subir. Especialmente en una campaña que va a estar salpicada por la inestabilidad que acarrearán la sentencia del procés, los nubarrones económicos y el posible Brexit duro del 31 de octubre.

Menos ideología y más economía. Esto le están pidiendo barones más centrados para afrontar esta campaña. Casado ya ha puesto los datos que evidencian una ralentización encima de la mesa durante estos días en actos y entrevistas -este mismo fin de semana hay una convención sobre esta materia en Córdoba del Partido Popular-. El mercado laboral se está enfriando, como evidencia que las cotizaciones subieron solo en 3.000 personas en el pasado mes de septiembre, y el crecimiento del PIB puede estar por debajo de lo esperado este año -en el segundo trimestre se quedó en un aumento del 0,4%-, todo esto unido a señales como un menor consumo de las familias y problemas internacionales como la guerra comercial EEUU-China y el miedo a la recesión en Alemania.

Este mismo jueves ha puesto Casado su foco principal este tema durante su visita en Melilla: ha acusado a Sánchez de “tirar la toalla” ante los indicativos económicos y ha pedido el voto para el Partido Popular para no repetir la “pesadilla” de los millones de parados.

“Esto se puede evitar si se vota el 10 de noviembre a quien ya ha resuelto la crisis dos veces, que es el PP”, ha recalcado. Será una de sus frases predilectas a lo largo de estos días de precampaña, como la de: “No podemos volver a los años de tres millones de parados, de abuelos compartiendo la pensión con sus nietos, de personas desahuciadas, de jóvenes que tienen que emigrar de España”.

EFE
Casado

Subidón en las encuestas... pero lejos Moncloa

Por el momento el Partido Popular es el partido que más subiría en las próximas elecciones, a tenor de las encuestas recientes. La última de GAD 3 para ABC (con el aura de Narciso Michavila como gran gurú demoscópico) estima que el PP subiría 31 escaños el 10 de noviembre y estaría en 97 (no obstante, todavía muy alejado de un PSOE con 121). 

¿Y de dónde pueden venir principalmente estos votos? Pues tanto el PP como el PSOE pelean por llevarse a los electores de Cs, que huele ya un descalabro. Según el último CIS, solo alrededor del 58% de los que votaron a Albert Rivera en abril tienen pensado volver a hacerlo. Por lo tanto, ahora mismo hay una bolsa de unos 1,7 millones de ‘naranjas’ pensando en cambiar a su voto.

Una de las estrategias que ha intentado el Partido Popular durante estos meses ha sido la de aglutinar bajo la marca España Suma a su partido, Cs y Vox. No lo ha conseguido. ¿Un fracaso? No del todo, ya que lo que ha conseguido la dirección, a sabiendas de que Rivera no cedería, es presentarse como el partido que ha intentado unir a toda la derecha y evitar esa división que, en su opinión, llevó a la derrota en los anteriores comicios.

Además, en Génova 13 piensan que pueden captar a muchos votantes que ahora piensan otra cosa de Vox y de Cs respecto a hace seis meses. Y creen que muchos votantes naranjas se han despistado ante el giro de última hora de Cs planteando la abstención técnica para facilitar la investidura de Sánchez. Entienden en el entorno de Casado que se ha visto que el PP se mantiene firme y que es el único que puede garantizar que el PSOE no siga en La Moncloa.

Ya llevan mandando este mensaje durante semanas. Como decía el propio vicesecretario de Comunicación del PP, Pablo Montesinos, en una entrevista en El HuffPost: en el Partido Popular cabe toda la derecha, el centro derecha y hasta los “socialistas desencantados”. Por el momento Vox ha decido solo presentar un candidato para el Senado en cada provincia, lo que facilitaría en esta Cámara un mejor resultado para los populares.

DAVID MUDARRA / PP
Pablo Casado

Cataluña... y el paseíllo de Aguirre

Lo que tienen también claro en el Partido Popular es la importancia que va a tener el tema catalán durante las próximas semanas, especialmente a raíz de la publicación de la sentencia del Tribunal Supremo sobre el juicio del procés. No obstante, se han visto también cambios en este sentido en Casado. Su medida estrella en la anterior campaña era aprobar el 155; ahora ha relajado un poco y apuesta por empezar aplicando la Ley de Seguridad Nacional -con la que se podría “coordinar” a los Mossos desde el Gobierno central-.

Uno de los temas que más preocupa también de cara a estas semanas es la corrupción. Un flanco por el que le atacará hasta su socio preferente de Cs. Tendrán que pasar ante la Audiencia Nacional para declarar Cristina Cifuentes y Esperanza Aguirre. El segundo caso es el más doloroso, pues la expresidenta regional es una de las mentoras de Casado y uno de sus firmes apoyos en las primarias que ganó a Sáenz de Santamaría.

Días de mucho trabajo interno también en Génova, donde terminan de perfilar unas listas, que contendrán menos celebrities y en las que se intentará recuperar a rostros sólidos de la época anterior. Una petición que le han hecho algunos de los barones más centrados como Juanma Moreno (Andalucía) y Alberto Núñez Feijóo (Galicia). Eso sí, Casado sigue confiando en la polémica Cayetana Álvarez de Toledo, en las posiciones más extremas y que provoca resquemor hasta en sus filas. “Cae antipática”, piensan bastantes diputados.

DAVID MUDARRA / PP
Casado

Las encuestas dan subida, pero también reflejan que el bloque de la derecha no superaría a la izquierda y que seguiría la actual situación de bloqueo, pues PSOE, UP y Errejón necesitarían a los independentistas. Entonces se abriría otra vez un debate que la dirección de Casado ha intentado acallar siempre: una posible abstención para que Sánchez salga investido (como hicieron los socialistas con Mariano Rajoy en 2016). Esa posibilidad la siguen negando en Génova 13, pero son conscientes de que la presión después del 10-N será mucho mayor que en abril.

Y es que se daría también la situación de que Casado aumentara pero volviera a perder ante Pedro Sánchez en apenas seis meses. Dos derrotas ante un líder socialista al que menosprecian en el PP con apenas poco más de un año al frente del partido. ¿Podrían volver los críticos? ¿Peligraría su puesto? En la dirección dicen que es “incuestionable” el liderazgo. Por el momento no parece que haya un sector organizado contra él, y más después de la fuga de ‘sorayos’ a la empresa privada. Además, muchos de los que no están de acuerdo ahora con Casado guardan silencio por la confección de las listas y a la espera de conseguir escaño.

Pues todo esto significa una barba. Nada más y nada menos.

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