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09/08/2019 08:49 CEST | Actualizado 09/08/2019 14:21 CEST

Llevas toda la vida planeando mal tus vacaciones

Si tu verano acaba siendo un desastre, tranquilo, no eres el único. Pero hay formas de evitarlo: los psicólogos tienen la clave.

Joe Raedle/Getty Images

“Para estar con mis suegros, casi prefiero estar trabajando que de vacaciones”, confiesa Álvaro, con el gesto serio. A Miguel, que se va siete días con sus padres a la otra punta de Europa, no le apetece nada levantarse todos los días a las 8 de la mañana para estar puntual a las 9 en el museo o la catedral de turno. También está el caso de Virginia, que todavía recuerda cuando fue a Machu Picchu y a la vuelta pensó, decepcionada: “Mis fotos no son tan espectaculares como las que había visto antes”. O el de Nacho, que reniega porque con la reserva del apartamento en Gandía no le permitieron entrar hasta después de las 5 de la tarde y le obligaron a dejar el piso antes de las 10 de la mañana: “Al final, pierdes un día”.

Los nombres son ficticios, pero las historias son reales. Súmale a esos disgustos la frustración de que llevas once meses esperando el momento de despedirte una temporadita de tus compañeros de oficina... para que luego vuelvas de tus vacaciones destrozado o decepcionado. Aunque el refrán dice que nunca llueve a gusto de todos, con las vacaciones a veces no llueve a gusto de nadie.

Y el principal problema, para la psicóloga Ana María Egido, del centro El Prado Psicólogos, es que no sabemos lo que queremos. O, más bien, que no nos hemos hecho esa pregunta antes de ponernos durante dos meses a planear las dichosas vacaciones.

Como no estamos acostumbrados a pasar tantos momentos en familia, a tener conversaciones o a compartir espacio tanto tiempo, nos cuestaAna María Egido, psicóloga

Entonces, ¿pueden convertirse unas ansiadas vacaciones en una pesadilla? Efectivamente, confirma la psicóloga. “De hecho, es cuando más conflictos familiares surgen. Como no estamos acostumbrados a pasar tantos momentos en familia, a tener conversaciones o a compartir espacio tanto tiempo, nos cuesta”, señala Egido. “Descubrimos las manías de cada uno, las diferentes opiniones… y a veces nos damos cuenta de que no nos gustan”, añade.

Tampoco te puedes ir de vacaciones en plena crisis de pareja confiando en que durante el viaje lo vais a solucionar. “Eso se resuelve hablándolo antes —avisa la psicóloga—, porque, si no, vas a arrastrar el problema y darle más tensión a esos días”. “Al final, seguro que decides pasar y pospones aún más el tema, lo cual puede agravarlo”, advierte.

Kena Betancur/Getty Images

Pero no todo tiene que ver con la familia. El concepto de vacaciones ha cambiado, y ya no basta con tumbarse ocho horas bajo la sombrilla frente al mar de Benidorm, por ejemplo. Ahora todo tiende a planearse al milímetro, ya sea con reservas hechas o con recomendaciones de lo que hay que ver, y eso tampoco es bueno para la salud mental. “No tenemos hueco para un espacio en blanco. Queremos verlo todo, hacerlo todo, no damos oportunidad para la sorpresa o para descubrir algo con lo que no contábamos”, critica Ana María Egido.

Pero, ¿existe la ‘fórmula’ para disfrutar de unas vacaciones y quedarse a gusto con ellas? 

Sí, existe. En palabras de la psicóloga, “lo esencial es preguntarse cuál es la intención de esas vacaciones”. “Son una elección. Y, para elegir bien, hay que parar un poco, sentarse y ver: ¿qué queremos? ¿Qué deseamos realmente?”, plantea Egido.

“Si tu vida es muy monótona y quieres movimiento, adelante, busca cosas que hacer en vacaciones”, apunta. “En cambio, si lo que quieres es descansar porque tu vida es agotadora, nunca tienes tiempo para ti mismo y estás muy estresado, no llenes la agenda de actividades y visitas guiadas. Todo eso es estimulación y, al mismo tiempo, es muy adictivo. Pero no te va a permitir descansar ni saborear los momentos”, advierte la experta. “Ni siquiera vas a tener tiempo para darte un paseo tranquilamente, no te vas a dar la oportunidad de descubrir la ciudad. Y encima, no habrás descansado”.

No tenemos hueco para un espacio en blanco. Queremos verlo todo, hacerlo todo, no damos oportunidad para la sorpresa

Eso teniendo en cuenta que queramos desconectar. Porque a veces nos autoimponemos esa ‘no desconexión’. ¿O es la sociedad quien la dicta?

“Es difícil responder”, reconoce Ana María Egido. “Es como decir si fue antes el huevo o la gallina”, sostiene. O sea, ambas partes somos culpables. “Este ritmo viene un poco marcado por la vida actual, y es muy fácil entrar. Diría que el 80% de la gente se deja llevar por las expectativas, y eso crea a su vez frustración”, aclara la psicóloga.

Añade a la mezcla la presión de las redes sociales y tendrás un buen cóctel de desilusión. “Las redes son un problemón”, asegura la experta. “No reflejan nada la realidad. Puedes estar con tu familia discutiendo y, si alguien dice ‘foto’, cambias la cara y queda una estampa preciosa”. “Si al otro lado de la pantalla alguien ve esa imagen, dirá: ’Vaya, fulanito con su familia perfecta y mi marido aquí con este careto enfadado”, ilustra Egido. Que levante la mano quien no se sienta identificado.

Este tipo de anécdotas se elevan a su máxima potencia en vacaciones. Es más, ya se habla incluso de ’turismo de postureo’, es decir, ir a no sé qué lugar simplemente en busca de LA foto. La psicóloga es consciente de este fenómeno: “La gente va a los sitios con el móvil en la mano, buscando la foto, y resulta muy triste”. “A lo mejor no tienes ni idea de lo que hay en ese lugar, pero sí tienes la foto”, lamenta.

De nuevo, ¿te has parado a pensar si era ese el tipo de vacaciones que querías: hacer una cola enorme, palo selfi en mano para conseguir la instantánea perfecta?

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