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08/01/2020 11:08 CET | Actualizado 08/01/2020 11:50 CET

Sonrisas y lágrimas

Por dos votos, solo por dos votos, Pedro Sánchez será el tercer presidente socialista de España en la nueva democracia, después de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero.

En La última noche de Boris Grushenko,  Woody Allen escribe algo así como “todos los hombres son mortales. Sócrates era mortal. Por lo tanto todos los hombres son Sócrates. Lo que significa que todos los hombres son homosexuales”. Recordé la frase en medio de una potente carcajada mientras escuchaba entre estupefacto e incrédulo a la aspirante a renovadora (sic) jefa de Ciudadanos, Inés Arrimadas.

Había que echarle cara al discurso para ganar titulares: quien quiere ser el recambio de Albert Rivera no varió un ápice el discurso del efímero político, muerto de éxito y de yoísmo. El éxito necesita el Almax de la humildad y la prudencia para evitar una mala digestión por empacho.

Asombraba escuchar cómo pedía que algún diputado socialista traicionara a su partido, “¡A ver si hay un valiente!”, clamaba sin vergüenza; y cómo acusaba a Sánchez de traicionar a sus electores, que no le habían votado para gobernar gracias a la abstención negociada con ERC y apoyado por los votos de los comunistas bolivarianos de Podemos.  

Agencia EFE

Al lado mío, en una cafetería Di Nardi, una señora se encabritó “¿Pero qué coño dice esta estúpida? ¿Todavía no se ha dado cuenta de que quien traicionó a sus electores fueron ellos, que eran un partido liberal y de centro, y luego mutaron a socios de la extrema derecha?¿Pero cómo no es más honesta y reconoce que el batacazo electoral y su paso de la relevancia a la insignificancia fue por eso?”. Su amiga, asintió con la cabeza; “Si hubieran apoyado al PSOE tras las primeras elecciones ahora serían ellos los que estarían gobernando con los socialistas…”

Muchos creíamos, ingenuo espejismo, que en la segunda votación los retales que le quedan a Ciudadanos, tras su lapidación por los electores y la masiva fuga de militantes y dirigentes que se sintieron engañados, iban a anunciar su abstención para que el seguro chantaje que va a sufrir el gobierno no se produjera o licuara sus efectos.

Por dos votos, solo por dos votos, Pedro Sánchez, El Renacido, sacó adelante su investidura. Será el tercer presidente socialista de España en la nueva democracia, después de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero. Muchos creíamos, ingenuo espejismo, que en la segunda votación los retales que le quedan a Ciudadanos, tras su lapidación por los electores y la masiva fuga de militantes y dirigentes que se sintieron engañados, iban a anunciar su abstención para que el seguro chantaje que va a sufrir el gobierno no se produjera o licuara sus efectos. También creímos —aunque esto era un apoyo más difícil, porque como dice un refrán canario, “el que nace lechón muere cochino”— que Pablo Casado hiciera lo que hizo un grupo de diputados socialistas cuando se abstuvieron para facilitar que Rajoy pudiera formar gobierno sin ir a unas segundas elecciones “porque eso es malo para España”. 

Pero no. Como nos susurraba el sentido común, el PP, Cs, y VOX estaban encantados de obligar al líder socialista a tener que recurrir a Podemos y a la abstención de ERC, cuyo principal dirigente y teólogo de la secesión, Oriol Junqueras, condenado por el Tribunal Supremo, está entre rejas. Y encima, con otra abstención tóxica como la de EH-Bildu, herederos de ETA, de la misma manera que en el otro bando están los herederos a título de altivos albaceas voluntarios de la dictadura franquista.

Nada nuevo bajo el sol. Las tres derechas, que cada vez se parecen más a tres gotas de agua, insinuaron en el hemiciclo —que aún conserva en el techo muescas de los disparos de la jauría de Tejero— la idea de que por los tales y los cuales se trataba de un gobierno ilegítimo al que van a combatir con firmeza… Lo previsto. Éste es un tic autoritario y etcétera que se enrosca la ‘derechona’ sin complejos. 

Aznar fue el autor de aquella frase, “Váyase señor González”. A José Luis Rodríguez Zapatero le dijeron de todo, por supuesto ‘rompeespañas’, acusándole de provocar la crisis económica del mundo mundial. Y a Sánchez, más de lo mismo: es “el okupa” de la Moncloa. 

El tiempo pasa, pero no pasan los mandamientos del argumentario que es el catecismo de los fanáticos a despecho de la realidad, como del inglés de La canción del pirata de Espronceda. Vuelven a acusar a los socialistas que acabaron con ETA de traidores, un camino que inició el ‘bueno’ y prudentísimo Rajoy cuando los acusó de traicionar a los muertos. A ese mismo Rajoy, genio y figura, el PSOE le puso en bandeja la abstención de un puñado de diputados para abrirle las puertas del Gobierno. 

Obligado pues Pedro Sánchez —no hay que olvidar que fue quien ganó dos veces seguidas las elecciones— a apoyarse en gente tan variopinta, y alguna incluso indeseable y abiertamente enemiga de España, en la única alternativa disponible entró el acuerdo con Pablo Iglesias, con ése, eso es verdad y no se olvidará fácilmente, al que consideraba un peligro público y que le quitaba el sueño por las noches. 

Aznar fue el autor de aquella frase, "Váyase señor González". A José Luis Rodríguez Zapatero le dijeron de todo, por supuesto ‘rompeespañas’, acusándole de provocar la crisis económica del mundo mundial. Y a Sánchez, más de lo mismo: es “el okupa” de la Moncloa.

 

Quien nació a la vida política mangoneando el movimiento del 15-M y los ‘indignados’ para acabar con el PSOE, devoto admirador de Chávez y de Maduro, y de la Revolución Bolchevique, escracheador en jefe de socialdemócratas, liberales y conservadores en la universidad, a punto de ser pasado a cuchillo de papel por sus camaradas e ‘inscritos’, sea lo que sea eso, se cayó del caballo como San Pablo camino de Damasco, cegado por una potente y cegadora luz.

Y nos dejó la foto, y más sonrisas y lágrimas: hecho el recuento rompió a llorar. Los tertulianos, tertuliantes y politólogos solo se ponían de acuerdo en que soltaba lágrimas como chochos (altramuces) pero no en el motivo: la emoción, una descarga de la tensión acumulada desde que no le salió el sorpasso y la sorpresa se quedó en un huevo Kinder vacío; o el alivio de que el matrimonio Iglesias–Montero pudiera estar con un grupo de sus apóstoles en la mesa… del Consejo de Ministros. De todas formas más vale estar embargado por la emoción que por la ejecución de una hipoteca.

Nadie sabe si la legislatura será corta, larga o mediopensionista, porque pocos dudan a estas alturas de que Sánchez sea un consumado funambulista y mago prestidigitador, capaz, como un político canario de la transición, de decir una cosa de palabra y la contraria con el movimiento de la cabeza.

El secreto para la supervivencia política es tener siempre a mano una opción de reserva y ases en la manga. Y no olvidar uno de los más sabios consejos que se pueden encontrar en la Biblia, concretamente en el Eclesiástico o Sirácida: “El que tira una piedra al cielo, le caerá en la cabeza”.   

A simple vista parece que el PP de Pablo Casado, que sigue recogiendo las piedras que lanzó a lo alto Aznar y que le cayeron encima a Mariano Rajoy, que a su vez tiró las suyas, va a sufrir en testa propia los golpes que le propinará la que algunos llaman ‘justicia poética’. Arrimadas, por su parte, es más de lo mismo, y lo más seguro es que acepte al final su condición de franquicia, si antes no es descabalgada por el centro liberal y posibilista.

Nadie sabe si la legislatura será corta, larga o mediopensionista, porque pocos dudan a estas alturas de que Sánchez sea un consumado funambulista y mago prestidigitador...

¿Pero qué brebaje es el que convierte a la derecha nacional en un manojo de nervios que pierde el tino cuando sale del gobierno? ¿No será que detrás de la pancarta de lo intereses generales están los de los fondos buitre a quien vendieron viviendas sociales? ¿Los de las eléctricas, las farmacéuticas, el conglomerado sanitario privado, los colegios concertados del episcopado, la Iglesia inmatriculadora que hizo estallar a Don Benito Pérez Galdós que prendió la mecha del anticlericalismo español con Electra? ¿La banca insaciable que sube las comisiones mientras reduce plantilla y saca buenos dividendos con la especulación financiera del ahorro privado, las pensiones por ahora públicas —un bocado apetitoso— o las puertas giratorias para los ministros y presidentes cesantes en compañías privatizadas?

Cierto es, por otra parte, que Sánchez tendrá que mejorar aún más sus habilidades de trapecista en la cuerda floja. La Constitución tiene aspectos in-to-ca-bles’, que si se tocan pueden convertirse en inestable y peligrosa dinamita para el sistema. Puede mejorarse el Estado autonómico como en el Gatopardo, cambiando algo para que nada sustancial cambie sobre la unidad de la Nación, por ejemplo, o fortaleciendo el sistema democrático, profundizando las libertades fundamentales y, de forma especial en estos tiempos de tribulación y desánimo, las libertades de información y opinión y el derecho a la verdad. En la era de la mentira y las fake news éste no es un riesgo menor para la democracia “sino muy mayor”.

Ojo a las curvas.

#CuandoElDescansoEsUnSueño