VIRALES
05/06/2020 08:24 CEST

'The Guardian' se fija (para mal) en este pueblo español: "Uno de los peores focos de coronavirus de Europa"

Habla de más de 500 fallecidos por 100.000 habitantes, más del doble que Nueva York.

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Imagen del pueblo de Santo Domingo de la Calzada.

El prestigioso diario británico The Guardian dedica un crítico reportaje al municipio riojano Santo Domingo de la Calzada, al que define como “uno de los peores focos de covid-19 Europa” con sus poco más de 6.000 habitantes.

El periódico inglés habla con ciudadanos y autoridades del municipio y cuenta que la situación fue tan grave que incluso la policía accedió por la ventana a casas de personas infectadas que no tenían fuerzas para abrir sus puertas. 

The Guardian resalta que, aunque se hayan mostrado imágenes de grandes capitales vacías en los últimos meses, son “un puñado de ciudades del sur de Europa” donde ha sido más letal. En estas, casi sin contabilidad oficial, la labor ha recaído en el párroco, tal y como destaca. Francisco Suárez, el abad de esta localidad, estima que podrían ser 42 las personas fallecidas en las primeras seis semanas del estado de alarma, según las llamadas que recibió para que mencionara a los fallecidos en la misa.

Para contextualizar esta cifra, calcula las tasas de mortalidad por cada 100.000 habitantes de varias ciudades del mundo. La de Londres, por ejemplo, la sitúa en unos 100 fallecimientos actualmente, la de la Comunidad de Madrid en 131 a mediados de mayo y la de Nueva York en 201 hoy en día.

“La cifra equivalente para Santo Domingo sería 550. Solo la provincia de Bérgamo, en el norte de Italia, ha experimentado algo similar”, añade.

Aunque el periódico califica como una de las cosas “más inquietantes” el hecho de no poder despedirse de los fallecidos, ya que en pueblos como Santo Domingo se pueden esperar cientos de personas en el velatorio. Explica que un grupo local presionó a las autoridades para que sonaran las campanas en honor a los muertos. Así, cada lunes sonaron durante dos minutos, mientras la gente permanecía en silencio en las ventanas o en los balcones.

The Guardian también se acuerda de los aplausos de las 20:00 y de cómo la policía se iba deteniendo cada pocas calles para poner música y animar a los vecinos. “A la gente le encantaron los espectáculos, que llenaban el vacío con ruido y luces de colores. Se convirtió en una caravana de vehículos policiales municipales, ambulancias, protección civil y vehículos de limpieza que partían a las 20.00 y conducían durante dos horas con sirenas y música a todo volumen”, afirma.

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