BLOGS
17/04/2020 16:00 CEST | Actualizado 17/04/2020 16:00 CEST

Un nuevo jinete del apocalipsis

La historia nos demuestra que con la aparición de epidemias se desatan el pánico, el egoísmo y la xenofobia.

JAVIER SORIANO via Getty Images
Una viajera en un tren de Cercanías de Madrid. 

El Apocalipsis es el último libro del Nuevo Testamento. Se ha considerado un texto profético cargado de simbolismo e interpretaciones. Durante siglos los cuatro jinetes han personificado las epidemias, las guerras, el hambre y la muerte.

En el siglo XXI tres de estos corceles han dejado paso a la obesidad, al cambio climático y la migración. El caballo bayo de la peste ha sucumbido ante los progresos médicos de la última centuria, con la aparición de antibióticos, vacunas y seguros sociales. 

En los últimos años hemos sido testigos, por vez primera en la historia, de las muertes provocadas por la obesidad, y las enfermedades cardiovasculares han superado a las ocasionadas por el corcel negro del hambre.

Desde la Segunda Guerra Mundial se ha implementado de forma progresiva eso que hemos venido denominando “Estado de bienestar”, del que no existían precedentes, si bien en los últimos años nuestra zona de confort se ha visto amenazada por nuevos retos demográficos, financieros y políticos, a los cuales hay que buscar soluciones de forma urgente.

La historia nos demuestra que con la aparición de epidemias se desatan el pánico, el egoísmo y la xenofobia.

Tras la cortina de estas palabras se esconde una nueva realidad desde hace unos meses, el corcel alazán ha adoptado la forma de patógeno emergente, el temido coronavirus. Sus atronadores cascos han sembrado el pánico en nuestra sociedad y sus muertes no dejan de aumentar. 

Desde algunos ámbitos se ha culpado a la hiperconectividad de las ciudades de nuestra aldea globalizada como la causa de su rápida expansión; esto es sin duda una realidad, pero al mismo tiempo debe ser la fortaleza que nos conduzca a la victoria.

La historia nos demuestra que con la aparición de epidemias se desata el pánico, aflora el egoísmo y se acentúa la xenofobia en un intento de buscar un chivo expiatorio a quien responsabilizar.

Ninguna de estas recetas es válida en este momento; es preciso buscar el amparo de la solidaridad y confiar en la ciencia, a pesar de que nuestra sociedad plantee en este momento interrogantes a los cuales no puede dar respuesta.